Catorce, de Dan Sallitt

19/6/2020

Casi todos tenemos, o hemos tenido, un mejor amigo o mejor amiga a quien conocemos desde hace mucho tiempo. Son amistades que marcaron un antes y un después en nuestras vidas, por más que la frase suene trillada. Son esos amigos en los que podemos confiar plenamente. Y eso no es tan fácil de encontrar. Por eso, y por otras cosas también, los conflictos de esas amistades nunca pasan por cuestiones de deslealtad, de malicia o de traiciones.  

 

¿Pero qué ocurre cuando ese mejor amigo o mejor amiga son, literalmente, muy autodestructivos? ¿Qué pasa cuando tienen problemas emocionales o psicológicos o psiquiátricos y sabotean todos los tratamientos posibles, sobre todo los que realmente podrían ayudarlos? ¿Se puede hacer algo para ayudarlos a tener una vida mejor?

 

Esa es una de las ideas centrales de Catorce, estrenada en el Festival de Berlín el año pasado, escrita y dirigida Dan Sallitt, crítico devenido cineasta, quien ya tiene cinco películas en su filmografía. Al contrario de lo que harían muchos otros, a Sallitt no le interesa tener una mirada clínica de ningún tipo sobre Jo (Norma Kuhling), la veinteañera trabajadora social que tiene una enfermedad mental no muy bien diagnosticada. Para peor, Jo consume sustancias varias en un intento por neutralizar su ansiedad y su angustia. Lo que es entendible porque nadie quiere sufrir todo el tiempo.  

Lo que le más le interesa a Sallitt es la amistad de Jo con Mara (Tallie Medel), quien la ha admirado desde que se conocieron en la secundaria. No podrían ser más distintas y quizás por eso han construido una amistad tan duradera. Y tan real.

 

Jo es un espíritu libre, es linda y llama la atención. Quiere tener novios y los tiene. Después se aburre y  los deja. Quiero tener trabajo y lo consigue. Después lo pierde por su mal desempeño. Pero eso no significa que sea una víctima de telenovela: “la pobre chica medio loca y adicta a drogas varias”. A Sallitt eso no le interesa. Porque Jo es una persona con matices, tonos varios y no toca siempre la misma nota.  Así como sufre mucho, también tiene capacidad de disfrute. Hasta que vuelve a tocar fondo otra vez.   

 

Mara tiene una vida más bien prolija, pero no aburrida. Es cálida y comprensiva. Trata de que sus relaciones sean significativas y casi siempre lo son. Está relativamente contenta con su trabajo y transita la vida lo mejor que puede. Y le sale bastante bien. Mara siempre intentó ayudar a Jo en todas y cada una de sus crisis. A veces la ayuda sirvió. La mayoría de las veces no. Y cuando el comportamiento de Jo se torna muy errático, autodestructivo y muy difícil de tolerar, Mara empieza a alejarse. Exactamente lo mismo que hacemos todos.

Porque si nos quedamos, nos frustramos y nos sentimos inútiles. Nos da miedo. Porque sabemos que aunque hagamos todo lo que está a nuestro alcance, no siempre alcanza para cuidar o salvar a la persona que queremos. Son ciclos dolorosos para las dos partes. Tarde o temprano, la distancia es lo único que estas dos amigas pueden compartir.  

 

La mirada de Sallitt deja de lado todo sentimentalismo y melodrama y, en cambio, construye un drama realista, intimista y hasta algo lánguido – aunque haya momentos donde todo explota un poco. Acá no hay nada hollywoodense, ni en el retrato del vínculo ni en sus vicisitudes. Mucho menos en la conducta de Jo. Al comienzo de la película parece que no pasa gran cosa, pero con correr de los minutos, por acumulación y no por repetición, la historia y sus personajes toman más volumen, más espesor y se nos hacen más cercanos. Más reconocibles. Y es ahí cuando empieza a ser más dolorosa. Porque aunque Catorce se desarrolle en una New York típica, exactamente lo mismo pasa acá y en la China. 

 

Entonces, ya promediando la película, uno no se angustia solamente por Jo y por su vínculo con Mara. Como si fueran otros personajes que entran en escena sin que nadie los vea, ese amigo o esa amiga que tenemos o teníamos se nos hacen muy presentes. Es imposible no verlos, y no vernos, cuando vemos a estas dos amigas. Pero Catorce no es una película depresiva, que eso quede claro. Es una película realista y seca, que es otra cosa muy distinta. Por eso mismo muestra que, poco a poco, esa persona tan querida deja de ser parte de tus afectos cotidianos. Y después, con el tiempo, surge una pregunta: ¿Se fue para siempre de tu corazón?   

 Catorce (Fourteen, EEUU, 2019)

 

Escrita y dirigida por Dan Sallitt. Con Tallie Medel, Norma Kuhling, Evan Davis, Willy McGee, Scott Friend, C. Mason Wells. Montaje: Dan Sallitt. Fotografía: Chris Messina. Duración: 94 minutos. Disponible en Puentes de Cine

 

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