La chancha, de Franco Verdoia

2/6/2020

 "¿Qué tipo de huellas deja un evento traumático de la niñez? ¿De qué forma ese trauma puede activarse en el presente? ¿Qué pasaría si en la vida adulta, volvemos a encontrarnos con una persona que en la infancia nos hizo mucho daño?”, dice Franco Verdoia acerca de La chancha (su primera película en solitario después de dirigir Chile 672 y La vida después con Pablo Barduil), ahora en exhibición en la plataforma CINE.AR. Play en forma gratuita.  

 

El hecho traumático al que se refiere el director se vislumbra, se sospecha de qué se trata, unos cuantos minutos después del comienzo de la película. Y se corre el velo por completo apenas minutos antes del final. Por eso buena parte de la película, casi toda a decir verdad, es una interesante y amplia zona de picos altos y bajos, de tensiones in crescendo y suspenso muy bien articulado. No es fácil adivinar qué va a ocurrir de una escena a otra. Sin embargo, La chanca es mucho más un drama que un thriller. Mejor dicho, es un drama intimista y contenido dentro del molde del thriller.

 

Pablo (Esteban Meloni), y su mujer brasileña, Raquel (Raquel Karro) junto a su hijo Joao (Rodrigo Silvera), también brasileño, se van de vacaciones a La Cumbre, Córdoba, durante Semana Santa. Pablo está radicado en Porto Alegre y este viaje familiar es una valiosa chance para que su familia pueda conocer una pequeña, pero entrañable, parte de su país. O al menos eso planeó esta familia feliz.

 

Es que Pablo se encuentra, de improviso, con un hombre oriundo de su pueblo natal, Las Varillas, también en Córdoba. Miguel (Gabriel Goity) se llama el hombre con cara de pocos amigos y de no muy buenos modales, mientras que su mujer Alicia (Gladys Florimonte) es la típica confianzuda e invasiva que todos deseamos evitar en cualquier situación, mucho más en un viaje. Para peor, todos están parando en la misma hostería. O sea que no pueden evitar cruzarse o incluso comer algo juntos, gracias a la insoportable insistencia de Alicia.

 

Desde el primer momento en que Pablo ve a Miguel, su rostro se desencaja un poco y su mirada se torna filosa. Se pone muy incómodo, siente un malestar que le atraviesa el cuerpo. Aún cuando trata de reprimirlo todo. Por otra parte, al principio Miguel disimula que conoce a Pablo y se lo ve tenso y molesto. Sus mujeres ni idea tienen de que algo está pasando. No notan nada raro. El espectador sí, pero no sabe qué. Lo que es evidente es que debe haber sido algo muy grave. Tan grave que ya no puede ser un secreto.

 

Un gran logro de La chancha es la impecable interpretación de Esteban Meloni como Pablo. No es un rol fácil ni mucho menos ya que si bien al principio es un padre de familia afectuoso y atento, luego es una persona que acumula tanta ansiedad y angustia que parece ser otra persona por completo. Pero nadie tiene que saber por qué. De a poco, con pequeños detalles – y otros más visibles – se empiezan a colocar las piezas de un rompecabezas que se resiste a armarse. También, una interpretación que a veces tiene que ser hermética podría haber distanciado al espectador y dificultarle que empatice con Pablo. Aquí pasa todo lo contrario.

 

Miguel es memorable, también, gracias a la precisión y soltura con la que Gabriel Goity le da carnadura y matices. No cuesta nada creer que es un individuo que pudo haber sido muy dañino. O quizás lo sigue siendo. Raquel Karro, Gladys Florimonte y Rodrigo Silveira cumplen con lo que se espera de sus personajes y lo hacen con creces. Esta cohesión en lo actoral le da solidez a un drama acerca de un pasado no pisado.

 

Otros aciertos son la fluidez del relato y la paulatina aceleración del tempo de una manera creíble. No hay golpes de timón arbitrarios, sino que la trama se desarrolla orgánicamente. Por eso es posible involucrarse con facilidad, sin cuestionar la lógica de los acontecimientos ni su peso dramático. Excepto hasta que llega el desenlace.

 

SPOILER: quienes no deseen saber nada del final, pueden leer el resto de la crítica luego de ver la película. En las notas de prensa, Verdoia señaló que La chancha es una película biográfica y personal. Pero eso no significa que lo que ocurrió en la vida real sea pertinente. Nos importa la película, la ficcionalización. Por eso no se puede cuestionar “la verdad” que desconocemos, que no necesitamos conocer y que no es parte de la película en sí misma.

 

Se entiende que la premisa es que el episodio traumático se actualice, que Pablo haga catarsis y entonces se libere a través de la confrontación con Miguel. Algo así como poner en palabras el infierno tan temido mirando al monstruo a los ojos. No podría ser una idea más deseable, creíble y sanadora.

 

Pero ese momento clave, tal como está narrativizado en el clímax, es dramáticamente simplista, artificial y casi un golpe de efecto. Algo parecido ocurre unas cuantas escenas antes, cuando Pablo habla del pasado oculto con Miguel por primera vez en un diálgo con rasgos melodramáticos poco convincentes que hacen ruido con el excelente registro realista previo.

 

Y definitivamente no es un acierto que el clímax ocurra cuando Pablo y Miguel están sentados juntos en una aerosilla que podría caer al vacío ante la conducta furiosa de Pablo o la reacción descontrolada de Miguel. La metáfora es obvia e innecesaria. Lo mismo ocurre con la chancha que mata a sus crías y con el Vía Cruxis de Semana Santa. En cambio, La chancha funciona a la perfección cuando se ciñe a narrar su historia en su literalidad. 

 

Otro factor problemático es que en el afán de centrarse en la liberación de Pablo, la narrativa se desentiende precisamente del individuo que generó tanto daño. Es como si para curar el sufrimiento de tantos años, Pablo solamente necesitara enfrentar al monstruo, expresar su ira contenida y después dejarlo dando vueltas por ahí, sin condena. Ahí no hay clausura posible. Y, aparte, esto pone al meollo de toda la película en un lugar muy incómodo. 

 

En relación a Chile 672 y La vida después, La chancha es un gran paso adelante y muestra a un director que sale de lo más indie y autoral para entrar en un tipo de cine de género poco transitado en Argentina. Lo hace con convicción y con un diestro manejo de los elementos del thriller y el drama, uno encabalgado en el otro.    

La chancha (Argentina, Brasil, 2019).

 

Escrita y dirigida por  Franco Verdoia. Con Esteban Meloni, Gabriel Goity, Raquel Karro, Gladys Florimonte, Rodrigo Silveira. Fotografía: João Castelo Branco. Montaje: Lucas Cesario Pereira. Sonido: Kiko Ferraz, Christian Vaisz. Música: Leo Heinkin, Kiko Ferraz. Duración: 97 minutos.

 

 

 

 

 

 

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