La creciente, de Franco González y Demián Santander

10/4/2020

En ningún momento quisimos realzar la belleza de las islas, por el contrario, buscamos elementos crudos que le quiten la exuberancia a esa naturaleza. Jugamos con algunas herramientas propias del western para darle tensión al relato: un antagonista fuerte y la ausencia de ley”, señalan Franco González y Demián Santander acerca de su nueva película, Creciente, estrenada en la plataforma CineAr.

 

Las islas en las que transcurre Creciente son las islas del Paraná, una especie de paraíso terrenal, pero que aquí son filmadas de modo tal que se revelan tan hostiles como amenazantes. Y con razón. Porque así es la atmósfera general de la desesperanzada historia de Matía (Cristian Salguero), un joven marginal que viene huyendo de quien sabe qué. En las islas encuentra trabajo como peón de El Correntino (Héctor Bordoni), un patrón poderoso y taimado al que es mejor tener de amigo que de enemigo.

 

Y aunque Matía intenta hacer buena letra cargando leña, trabajando con los animales y ayudando en la pesca, la relación tensa y veladamente peligrosa que tiene con otro peón es un gran obstáculo en este nuevo camino. Pero todo realmente se convierte en una crónica de una muerte anunciada cuando la amante del El correntino aparece en escena. Ya se sabe: entre estos hombres en tierras sin dueño las historias de amor prohibido son material altamente inflamable.

La transformación de un entorno bucólico en un espacio tan desolador es quizás lo más pregnante en la poética de La creciente. O al menos lo que primero se percibe. Después, viene el tempo apropiadamente cansino, sin ser moroso, junto al diseño de sonido que, aunque no lo parezca, se corre sutilmente de un estricto registro realista. Porque parecería que evoca lo que pasa en el interior de los personajes, una mezcla de sordidez con mucha soledad y vacíos infinitos. No es que La creciente sea una película existencial, pero sí se plantea un par de cuestiones esenciales sobra la vida y la muerte, utilizando a un western autóctono como territorio de combate.

 

Matía es el centro de un drama seco, esencialmente lacónico - aunque también hay algunas explosiones de ira inesperadas. En ocasiones, los otros personajes giran a su alrededor y es ahí cuando deja de ser marginal, cuando se integra con el resto y hasta puede confiar en un mejor futuro y presente. Pero ese equilibrio enseguida se tambalea y, una vez más, se hace visible un panorama ominoso. Y cada vez más cerca. ¿Entonces, tiene sentido luchar contra el destino? ¿Hay lugar en este mundo para quienes habitan los márgenes? ¿Hay posibilidad para el amor?

 

Mientras miraba La creciente era inevitable no verla como una metáfora de un país devastado, hundido en la pobreza, falto de esperanza. O, mejor dicho, una metáfora que habla de una gran parte de la población de nuestro país. No importa si esa era la intención de los directores, lo cierto es que se hace tangible y cala hondo. Con una honestidad descarnada, se ponen en juego vidas lastimosas, explotadas. Incluso el más poderoso no está exento de una existencia miserable. Aunque, en rigor de verdad, esto último no aplica para Argentina, donde los grandes grupos de poder siempre quedan al margen del dolor de los otros.     

La creciente (Argentina, 2019). Puntaje: 7


Escrita y dirigida por Franco González, Demián Santander. Con Cristian Salguero, Mercedes Burgos, Héctor Bordoni, Facundo Aquinos. Fotografía: Eric Elizondo. Montaje: Emiliano Rodríguez. Sonido: Arian Frank, Paula Ramírez. Duración: 70 minutos.

 

 

 

 

           

 

 

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