Hacer la vida, de Alejandra Marino

9/4/2020

“Me enamoré del título porque todes los personajes desean hacer su vida aunque fallen los planes, aunque lo logren de la manera más inesperada como casi siempre nos ocurre en la vida”, dice Alejandra Marino acerca de su nueva película, Hacer la vida, que narra las historias entrecruzadas de un grupo de personas que, en primera instancia, parecen no tener nada en común. Sin embargo, una mirada cercana nos revela que, aparte de querer hacer su vida, hay algo más que también comparten: tienen la fuerza necesaria para no dejarse caer en el camino.

 

Casi por completo, Hacer la vida transcurre en un antiguo edificio porteño que parece haber conocido mejores tiempos y ahora es una pensión con habitaciones y pequeños departamentos. Un lugar en el mundo que es un refugio temporario (o no) para almas solitarias. Hay una mujer casada, Mónica, que siente un imperioso deseo de ser madre y está dispuesta a casi todo para conseguirla. En su casa, trabaja Mercedes, una jovencita del interior que es su empleada doméstica quien, a su vez, tiene un noviecito que está lejos de ser un buen compañero.

 

Por otra parte, tenemos a Elisa, una madre opresiva y dominante que maltrata y ningunea a su hija, Lucy, aunque es cariñosa con su nieto. Lucy está sin trabajo y sin dinero, quiere irse al sur con su hijo, pero por ahora es solo un sueño. También están La Rusa, una inmigrante ucraniana que espera a su marido, quien sigue viviendo en Ucrania, aunque le prometió viajar a Argentina a la brevedad. Y hay una parejita, Gaby y Mariano, ella es bailarina y quiere ser Odette en alguna compañía teatral y Mariano quiere ser alguien que no es. Porque él, como los otros, también esconde sus secretos.

En Hacer la vida, lo primero que se percibe es la mirada cariñosa y empática que Marino tiene para con sus personajes. No los analiza clínicamente ni los observa desde la distancia, sino que los comprende y empatiza con ellos. A la vez, tampoco hay una introspección psicológica que explique lo que les pasa, sino que se trata de observar sus conductas para entenderlos – aunque ocasionalmente algunas líneas de diálogo tienden a ser un tanto explicativas. Aún así, eso no le quita el interés por seguirlos en sus derroteros.

 

Sorpresivo es el regreso de Luisa Kuliok a la pantalla grande, quien interpreta a Elsa, la madre opresiva, en un registro más histriónico que realista. En algunas de sus escenas aparece el melodrama más desatado, mientras que los otros protagonistas (siendo esta una película coral todos son protagonistas) transitan un registro más retraído e intimista con variaciones tonales que se funden en un todo cohesivo. Dentro de ese todo hay algo bizarro que aparece de tanto en tanto, entonces Hacer la vida va más allá de las fronteras de un realismo estricto y casi que se convierte en una fábula urbana. 

 

Humana, optimista y amorosa, la nueva película de Alejandra Marino es una rara avis dentro del cine nacional, con una estética que de tanto en tanto cambia de texturas, así como los personajes cambian sus destinos.

Hacer la vida (Argentina, 2019)

 

Escrita y dirigida por Alejandra Marino. Con Luisa Kuliok, Bimbo, Victoria Carreras, Raquel Ameri, Florencia Salas, Luciana Barrirero, Joaquín Ferruci, Darío Levy, Pablo Razuk. Fotografía y cámara: Marina Russo. Sonido: Hernán Severino, Pablo Sala. Música: Pablo Sala. Dirección de arte: Lucía Onofri. Vestuario: Marcela Villariño, Julieta Mujica. Maquillaje: Florencia Canals. Duración: 103 minutos.

 

 

 

 

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