Cartero, de Emiliano Sierra

14/11/2019

“Con Cartero intenté crear una película que sea como un retrovisor del pasado. Que permita resignificar estos tiempos difíciles a partir de una experiencia histórica que veo repetirse en el presente como un síntoma del sistema. Pero también quería describir una ciudad que, en su dinámica de caos, da lugar a la licuación y creación de nuevas identidades”, dice Emiliano Sierra acerca de su ópera prima, ganadora del premio a mejor actor en la competencia latinoamericana de BAFICI 2019, y ahora exhibida en el cine Espacio INCAA Gaumont.

 

Como muchas otras películas del cine argentino independiente contemporáneo, Cartero nace a partir de una experiencia personal del realizador, concretamente su primer trabajo formal, que luego encuentra una proyección social y política que da cuenta del estado de situación de toda una nación. Serra tuvo su primer empleo a mediados de los 90, como cartero en el Correo Central, en años en los que la privatización, el vaciamiento, el retiro voluntario y los telegramas de despidos eran moneda común. Una historia que hoy, luego de cuatro años del despiadado régimen neoliberal del macrismo, vuelve a ser una triste realidad. Por eso hoy, igual que ayer, una película como Cartero es más que necesaria.

 

La historia transcurre en Buenos Aires, a mediados de los 90, cuando Hernán Sosa (Tomás Raimondi), un joven tímido e inquieto a la vez, recién salido del colegio secundario, empieza a trabajar como repartidor en el Correo Nacional, en un contexto de pobreza creciente, crisis y descomposición social. Sánchez (Germán Da Silva), un viejo cartero, le enseña a caminar la calle, los secretos del oficio y sus personajes. También le dice, con especial énfasis, que no se meta en asuntos que no le corresponden, es decir los pequeños negocios sucios de sus compañeros carteros que hace ya muchos años caminan la calle.

Durante un reparto, Hernán se cruza con Yanina (Macarena Suárez), una chica de su pueblo de quien gusta desde que era un niño. Una y otra vez, merodea su trabajo intentando encontrarla. Pero no es tan fácil. La ciudad es grande y nueva para él, todo es amenazante y excitante al mismo tiempo. Se las va a tener que ingeniar para conquistar a Yanina, aunque sea rompiendo algunos códigos que Sánchez le marcó como inviolables. Y así se inicia una historia de iniciación amorosa. 

 

Cartero encuentra en Tomás Raimondi a un actor convincente y sutil para su protagonista, un joven que bien podría pasar desapercibido y que, sin embargo, con apenas un par de gestos puede revelar un universo. Es un chico que está siempre alerta, observando, aún cuando parece que no está haciendo nada en particular. Raimondi hace mucho más con su rol que lo que el guión un tanto escueto le da. Algo parecido pasa con los otros actores, aunque en menor medida: van más allá de lo que la narrativa les brinda. Lo que habla de una más que atinada dirección de actores que compensa cierta delgadez en la construcción de los personajes.

 

Como muestra de una época, que se repite en ciclos, Cartero es una película que hace mella en el espectador. Es imposible verla sin sentirse tocado por la realidad que examina. Y esta afectividad es otro punto a favor: en vez de intelectualizar este escenario, es mejor conmoverse.

 

Sierra hace que su protagonista se embarque en cierta deriva en la ciudad, y aquí y allá surgen viñetas porteñas que bien podrían haber tenido más desarrollo. Lo mismo ocurre con algunos de los contactos que tiene el cartero con otras personas – por ejemplo, el encuentro con Edda Bustamante está desaprovechado, hay más tela para cortar aquí. Queda claro que Cartero busca hacer no más que algunos apuntes, pero considerando la riqueza potencial de este mundo, esta vez menos es menos.

 

Lo que no quita que, como un todo, esta es una ópera prima que muestra a un director con una mirada personal, un buen sentido del timing narrativo y una marcada habilidad para la dirección de actores. Esperamos con ganas su segunda película.

Cartero (Argentina, 2019) Puntaje: 6

 

Dirigida por Emiliano Serra. Escrita por Santiago Hadida. Con Tomás Raimondi, Germán Da Silva, Macarena Suárez, Jorge Sesán. Música: Gustavo Santaolalla. Fotografía: Manuel Rebella. Montaje: Emiliano Serra. Sonido: Rodrigo Merolla. Duración: 80 minutos.

 

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