La vida en común, de Ezequiel Yanco

12/11/2019

“En Pueblo Nación Ranquel encontré un campamento indígena con veinticuatro carpas de cemento creadas por el gobierno de San Luis en medio del desierto, al que se mudaron las familias ranqueles de las ciudades vecinas para iniciar un experimento de vida comunitaria. Una comunidad que construye su identidad en una escenografía que mezcla lo arcaico con lo moderno: los caballos, las motos, la cumbia, Youtube, los celulares, y los ritos ancestrales”, dice Ezequiel Yanco, guionista y director de La vida en común, una película en la que el documental se funde con la ficción (y viceversa), y que se ha estrenado en forma exclusiva en la Sala Lugones.

 

Desde el prisma del documental observacional y la ficción “sin trama”, en el sentido convencional del término, Yanco explora un espacio y a sus personajes en aras de trazar momentos de sus vidas cotidianas, dejando de lado el diálogo como tal y, en cambio, apelando a la subjetividad de la voz en off de Uriel, uno de los niños. De la yuxtaposición de lo antiguo y lo moderno surge un universo singular, que por momentos parece estar anclado en un tiempo suspendido y fuera de todo territorio conocido. Este efecto de cierto extrañamiento hace que la contemplación sea tan atractiva como distintiva.

Aparte, las carpas y los espacios circundantes tienen, en sí mismos, un aire a tierra de nadie, olvidada aunque no abandonada. Es notable la composición fotográfica, sobre todo los encuadres y una tendencia a cierta monocromía, que revela la vida propia de todo un espacio. Y en eso reside gran parte de un buen trabajo fotográfico: en mostrar en todos sus tonos aquello que a primera vista puede parecer común y corriente, en tornar en poético lo prosaico. No es una cuestión de virtuosismo técnico, sino de expresividad estética. Se trata de darle al espectador la posibilidad de sentir más allá de lo que las palabras puedan significar. 

 

Hay otra historia que transcurre aparte de la del día a día y es un relato de iniciación del que todos los niños son parte. Se trata de la caza de un puma que acecha Pueblo Nación Ranquel. Los chicos más grandes quieren matarlo, pero Uriel decide tomar otro camino. La presencia del puma, en un eterno fuera de campo, quizás también metaforice los peligros, fantasías y ansiedades del mundo externo que esperan a los niños en su paso de la infancia a la adolescencia. Eso de lo que no se habla pero se sabe que pronto va a ocurrir. Salir a cazarlo es un modo de estar alerta frente a un mundo extraño.  

 

Hubiera sido interesante y rico tener más información de la comunidad, indagar en los aspectos sociales y comunitarios que los unen y definen. No necesariamente una mirada antropológica, pero sí examinar más en profundidad todo este universo. En este sentido, La vida en común se queda a mitad de camino. Pero, no deja de ser una elección narrativa por parte del realizador y como tal es legítima. Queda claro que el foco está puesto en la evocación sensorial y sensible de un mundo lejano y desconocido para gran parte de los espectadores.

La vida en común (Argentina, 002019). Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Ezequiel Yanco. Fotografía: Joaquín Neira. Montaje: Ana Godoy. Sonido: Mercedes Gaviria. Duración: 70 minutos. En la Sala Lugones del Teatro San Martin (Corrientes 1530), todos los días a las 21.30.

 

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