Piedra, papel y tijera

10/11/2019

Piedra, papel y tijera es una película extraña dentro del cine argentino. Es la adaptación cinematográfica de Sangre de mi sangre, obra de teatro de Macarena García Lenzi, quien ahora guiona y dirige la versión cinematográfica en colaboración con Martín Blousson, a su vez guionista de El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment, una rareza del terror y el grotesco en clave telúrica. Hay también terror, algo de grotesco y suspenso en Piedra, papel y tijera, todo sazonado con humor negro y más de un par de citas a otras obras del mismo palo. Se la puede pensar como una pieza de cámara sobre almas enfermizas envueltas en telarañas de sadismo y perversión que fantasean con una salida que no llega nunca.  O quizás sí, pero demasiado tarde y no del mejor de los modos.

 

Jesús y María José son hermanos y comparten la casa que perteneció a su padre, recién fallecido luego de mucho sufrimiento y cuidado con obligada devoción hasta el último de sus días por María José. De la nada, un día como cualquier otro y luego de una larga ausencia, aparece Magdalena, media hermana por parte del padre, para reclamar la parte que le corresponde legalmente por la propiedad que eventualmente debe venderse. Pero los dos hermanos no quieren vender la casa. Y a Magdalena la quieren lejos. O, si va a estar cerca, que sea en total sometimiento.  

 

Como en la obra de teatro, Agustina Cerviño y Valeria Giorgelli interpretan a las dos hermanas mientras que Pablo Sigal es el hermano. A medio camino entre el grotesco y un realismo subrayado, sus personajes tienen algo de personas comunes y corrientes que uno bien podría conocer y, a la vez, mucho de ominoso. Eso es lo más interesante: las escenas donde lo familiar y doméstico da paso a lo desconocido y oscuro, casi de un plano a otro. Es lo siniestro lo que descoloca. Una conversación bien puede comenzar siendo completamente ordinaria y terminar siendo de lo más sombrío en cuestión de segundos. Y eso resulta fascinante y atemorizador. Más cuando prácticamente todo transcurre en un solo espacio: una habitación que con el correr del tiempo se hace cada vez más ominosa.

 

Piedra, papel y tijera establece una intertextualidad algo caprichosa con El mago de Oz, o al menos no completamente exitosa. De todas maneras, no molesta. Lo que sí está de más son las referencias superficiales y vacías a ¿Qué pasó con Baby Jane? y a Misery – sobre todo siendo la primera una obra maestra. Y cuando lo siniestro se vuelve repetitivo y automático, la película pierde su clima apropiadamente incómodo y perturbador. Pero en otros momentos, cuando el humor negro y los afectos enfermos ganan preponderancia, la historia gana un impulso genuino y sale relativamente airosa una apuesta difícil de ganar.  

Piedra, papel y tijera (Argentina, 2019)

 

Dirigida por Macarena García Lenzi, Martín Blousson. Escrita por Macarena García Lenzi, con la colaboración de Martín Blousson. Con Agustina Cerviño, Valeria Giorcelli, Pablo Sigal. Montaje: Martín Blousson. Sonido: Sebastián González. Duración: 84 minutos.

  

 

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