Entrevista a Inés de Oliveira Cézar "La tragedia genera un tejido en la totalidad de tu vida"

27/8/2019

Baldío es el nombre de la nueva película de directora Inés de Oliveira Cézar (Como pasan las horas, Extranjera, El recuento de los daños, La otra piel), que fue estrenada en la sección Noches especiales del BAFICI 2019, ganó el premio a mejor largometraje en el Festival de Cine de Bolívar, y ahora es exhibida en varias salas de Argentina. Entre otras cosas, Baldío tiene algo único que la hace inolvidable: la presencia de la gran Mónica Galán como protagonista, quien falleció en enero de este año a causa de una enfermedad, sabiendo que no iba a llegar a asistir el estreno

 

Basada en una historia verdadera, la película narra la historia de ​Brisa (Mónica Galán), una reconocida actriz en pleno rodaje de su próxima película. Como en todos los rodajes, el proceso a veces es un tanto caótico y el director (Rafael Spregelburg) hace lo que puede para ordenarlo todo – pero no siempre lo logra. Por su parte, Brisa se adapta con profesionalismo a los vaivenes del rodaje, sin ataques de diva ni quejas caprichosas. Pero aunque se la note en control de situaciones varias, también se nota que tiene la cabeza ocupada con cuestiones ajenas a la película.  Es como si estuviera en dos lugares a la vez.

 

Porque su hijo (Nicolás Mateo) es adicto a drogas varias, está en situación de calle – a veces deambula solo, otras veces se junta con otros adictos – y recurre a su madre cuando necesita dinero o para robarle cosas que vende de inmediato. Y por más que Brisa intente ayudarlo, una y otra vez, su hijo no cumple con ningún tratamiento ambulatorio ni acepta ser internado para desintoxicarse. Es éste el baldío que enfrenta Brisa: el del esfuerzo inútil que nunca cambia nada.

¿De dónde vino la idea y el deseo de hacer Baldío?

 

La idea y el deseo de hacer esta película vinieron juntos. La idea la propuso Mónica, ella tenía ganas de abordar este tema y a mí también me interesaba. Además éramos amigas y teníamos una gran afinidad en muchas cosas. Y a partir de la idea para esta película, lo que más me interesó fue trabajar con un cambio de paradigma.

 

¿En qué sentido?

 

En general, el cine suele abordar a los adictos, a los marginales, a los psicóticos, o a los raros, en primera persona. Es decir, se habla de la historia del adicto, la historia del loco, o la historia de que aquel que sufre. Así, el personaje no deja ser un héroe. Se convierte en el héroe de la película. A mí, en cambio, me interesaba hablar del anti-héroe, que es aquel que está a la sombra de esta cosa tan ruidosa como es una adicción. Es la persona que la padece en silencio y se llena de impotencia porque le cuesta mucho encontrar la forma de acompañarlo y también de tratar de sacarlo de ese lugar, tarea difícil si la hay.

 

Más arduo en este caso porque el hijo de Brisa ya es un adulto.

 

Exacto. Porque si se trata de un mayor de edad, la ley no permite que una pueda tomar decisiones sobre el otro, como puede ser una internación. Por eso, el acompañamiento que una madre le puede hacer a un hijo adicto mayor de edad conlleva todavía más impotencia e incertidumbre.

¿Y cuándo aparece el Estado para ayudar a esta madre?

 

En la película eso se ve muy bien. Hasta que el chico no intente suicidarse y recién entonces venga la policía, no se puede hacer nada. Pero ya con un intento de suicidio, que es un hecho delictivo en el que la persona representa un peligro para sí mismo e incluso quizás para los demás también, ahí sí la ley procede a una internación. Eso es un comienzo para que la persona se desintoxique y una vez que está limpia ya la vuelven a largar. Es el momento para que inicie un tratamiento. Pero mientras esté en un estado de intoxicación, es imposible esperar que lo haga. Por eso solo queda esperar a que suceda algo extremo para internar a la persona contra su voluntad. 

 

¿En qué medida son útiles los dispositivos terapéuticos de la salud pública y las clínicas privadas?

 

En realidad, lo más difícil es que la persona sea permeable para hacer un tratamiento. Si tiene esa decisión, después es secundario dónde se puede encontrar apoyo a nivel privado o estatal. Pero lo que lo vuelve imposible ya desde el vamos es que la persona no lo quiera hacer. Ahí sí que no hay institución que sirva. Todo depende de que la persona esté dispuesta a aceptar ser ayudada, con todas las dificultades que va a tener. Entonces ahí sí ya se puede armar un dispositivo, ya sea a nivel privado o estatal.

 

Es llamativo que no se sepa nada del pasado del hijo de Brisa.

 

Es que no nos interesaba reconstruir la psicología del hijo de Brisa. No nos interesaba buscar las causas de su adicción. En cambio, lo más difícil de aceptar para la gente es que a veces las cosas salen mal. A veces uno hizo lo mejor que pudo, aún así pensás que era poco, pero sin embargo el otro puede salir de su adicción. Otras veces uno hizo lo mejor que pudo, y la verdad es que nunca alcanza, y el otro está siempre mal. A nosotros nos interesaba explorar que le pasa a Brisa con todo esto. ¿Qué le pasa con el todo el odio y, a la vez, con el amor que siente? ¿Qué le pasa a ella con la condena tácita que la sociedad hace con un madre que supone que debe haber sido una pésima madre ya que su hijo es un drogadicto?

Otro punto notable es que la película nunca baja línea en este aspecto.

 

Porque a la película no le interesa culpar a nadie. Ni al que padece semejante sufrimiento, es decir al adicto, ni a la madre, que hace lo que puede. Es una madre que a veces siente profundo amor, pero en otros momentos siente profundo horror. Hay que poder entender que la violencia que puede ejercer un adicto realmente está causada por el grado de intoxicación por todo lo que toma. Entonces, cuando el chico aparece Brisa se muere de pánico porque siempre viene con algún problema importante. Pero cuando no aparece vive buscándolo, siempre pendiente del teléfono porque tiene miedo que esté muerto.

 

Y sin encontrar ninguna solución.

 

Es que no encuentra una solución porque lo que pasa no tiene una solución rápida y no depende solo de ella. Ella puede acompañar, arriesgar, invertir, pero esto no garantiza que el chico finalmente pueda redescubrirse con la posibilidad de vivir feliz y no destruyéndose. No depende solo de ella. Lamentablemente, esto es así. La gente siempre quiere encontrar un solo culpable, como si no existieran los grises, como si no entraran muchos factores en juego.

 

Baldío no hace foco solamente en el vínculo de Brisa con su hijo.

 

Brisa vive una tragedia, pero aún en su peor momento ella tiene que seguir viviendo su vida, es decir duerme, se levanta para ir a trabajar, tiene que pagar las cuentas, y así con todo. Porque la vida sigue. Y creo que esto es ser justo con el personaje, la película y la realidad. Porque cuando te pasan estas cosas no es que te pasan solo estas cosas. El libre fluir de tu conciencia continúa existiendo. No es que se suspendió por la tragedia, a pesar de que hay momentos de crisis agudas. En cambio, la tragedia genera un tejido en la totalidad de tu vida. Y además de eso Brisa tiene que tejer todo lo otro con la preocupación y la incertidumbre en el centro. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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