Cuadros en la oscuridad, de Paula Markovitch

19/5/2019

“Creo que la paradoja del personaje está ubicada en las secuelas de la dictadura Argentina. ¿Por qué no exhibe Marcos sus pinturas? ¿Cuál es el motivo del aislamiento y la marginación? Creo que la represión, no sólo deja infinidad de cadáveres a su paso, también omite, niega, confunde a quienes “sobreviven”. Marcos fue un militante político y debió ocultarse demasiado tiempo. Tuvo que disimular su existencia. Fingir durante demasiados años que no estaba en ningún sitio. Ahora Marcos no se atreve del todo a salir del anonimato: está atormentado, confundido. La dictadura ha terminado, pero Marcos sigue escondido”, dice la guionista y directora argentina, radicada en México,  Paula Markovitch (El premio) acerca del protagonista de Cuadros en la oscuridad, una película que esquiva todos los lugares comunes para hablar, sin mucho diálogo pero con imágenes y personajes muy elocuentes, sobre las huellas lacerantes e indelebles que deja todo régimen totalitario, sobre todo las del exilio interno.

 

Eso, entre otras cosas, porque Cuadros en la oscuridad también habla de la posibilidad, frágil y delicada, de establecer algo parecido a un vínculo. Estamos en algún lugar inhóspito de la Argentina a principios de los 90, y Marcos (Alvin Astorga) es un pintor de unos 65 años que nunca exhibió ninguna de sus pinturas, vive en una casa aislada de todo y medio hecha pedazos, con un televisor moribundo y minúsculo, una garrafa con poco gas y un pobre colchón en vez de cama. Subsiste como puede trabajando en una estación de servicio, también destartalada. No debe sorprender, entonces, que se haya instalado un aire de tristeza y resignación.  

  

Un día como cualquier otro, es decir con penas y sin gloria, Luis (Maico Pradal), un pequeño ladrón de 13 años que no hace mucho más que estar a la deriva con sus amigos, pasar el tiempo sin esperar nada e inhalar poxiran, entra a la casa de Marcos creyéndola deshabitada. Marcos lo sorprende intentando llevarse una radio y en vez de castigarlo, deja que se quede y así Luis se convierte en la única persona que ve la obra de Marcos. Lo que sigue es previsible, pero solo hasta cierto punto. Marcos y Luis se van a vincular, en principio para sentirse acompañados y luego quizás para reemplazar figuras ausentes. Es posible, entonces, que para ambos surja una nueva mirada sobre sus vidas. O no. Porque muchas veces las buenas intenciones no alcanzan.

Como El premio, la ópera prima de Markovitch que ganó el Oso de Plata en Berlín 2011, Cuadros en la oscuridad es una obra autobiográfica, al menos en parte. A diferencia de tantas películas autobiográficas, ésta no  se queda encerrada en las particulares de los hechos que le dan origen, sino que los resignifica y expande para hacerlos universales. Tal vez por eso el tema de la dictadura se enuncia con sobreentendidos en vez de gritarse desde la barricada. Es más, hasta se podría pensar Cuadros en la oscuridad como una película sobre los olvidados de siempre, los desclasados que sobreviven en los márgenes. Porque lo que prevalece aquí es el retrato de los exilios internos, con o sin dictaduras. De ahí entonces que uno pueda empatizar con la soledad y desamparo de estos personajes. Y también con su deseo y su necesidad de estar un poco más cerca el uno del otro.

 

Cuadros en la oscuridad no es una película lacrimógena, más bien todo lo contrario. Pero sí es dolorosa. Hay una escena de no poco dramatismo, y nada de melodrama, en la que Marcos y Luis se pelean a causa de una acción criticable, por cierto, pero hecha sin malas intenciones. Uno no puede sino lamentar que un vínculo que se construye con ternura y cuidado se quiebre de un modo tan imprevisto y violento. Es angustia lo que se siente, no el desborde del llanto. Y eso duele más.

 

Filmada con una cámara en mano que nunca pierde de vista a sus personajes, pero que tampoco los invade, con un tono de cierta distancia pero cercano cuando es necesario, con una impronta de un realismo sin poesía y actuaciones más que convincentes, Cuadros en la oscuridad es una película con una personalidad propia que sabe muy bien no solo lo que quiere decir, sin también cómo decirlo de la mejor forma. 

Cuadros en la oscuridad (Argentina, 2017) Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Paula Markovtich. Con Alvin Astorga, Maico Pradal, Angeles Prada, Brian Prada, Lautaro Ruiz, Lide Uranga, Ezequiel Yupar. Fotografía y cámara: Bruno Santamaría. Dirección de arte: Lorena Stricker. Sonido: Daniel Ortiz. Montaje: Karen Gómez, Paloma López Camilio, Martín Sappia. Música: Sergio Gurrola. Duración: 85 minutos.

 

 

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