Chaco, de Daniele Incalcaterra y Fausta Quattrini

18/4/2019

Chaco se llama el nuevo documental dirigido por Daniele Incalcaterra y Fausta Quattrini, y es una suerte de secuela de El impenetrable (2012), el documental previo de la pareja que retrató la lucha incansable del director por crear una reserva natural llamada Arcadia para ser habitada por los indígenas guaraníes Ñandevas, del Chaco paraguayo. Es que Incalcaterra heredó de su padre 5000 hectáreas de tierra virgen que, allá lejos y hace tiempo, eran propiedad de los Ñandevas – como gran parte del territorio que les fue arrebatado por colonizadores, multinacionales y, claro está, también por la inacción deliberada del estado paraguayo. El impenetrable terminaba visos de esperanza ya que gracias a un decreto del entonces presidente Fernando Lugo la reserva se pudo crear y su propiedad iría a manos de los indígenas.

 

Lástima que terminó siendo demasiado bueno para ser verdadero. Porque Lugo fue expulsado de la presidencia, el decreto fue dejado sin efecto y los Ñandevas se quedaron sin sus tierras. A todo esto, apareció otra persona, un hombre de negocios uruguayo, que también alega ser dueño de la propiedad. Y así comienza Chaco, el documental, que es una crónica de la continuación de la lucha de Incalcaterra para poder donar sus tierras a quienes son históricamente sus dueños. A la vez, el director también da batalla para frenar la deforestación masiva de la zona (casi 2000 hectáreas de bosque se destruyen cada día en Paraguay), justamente en el país con mayor índice de deforestación del mundo para favorecer la producción industrial de soja transgénica y carne. De más está decir que la lucha es cruel y mucha.

 

Chaco muestra a Incalcaterra recorriendo el país en su 4x4 acompañado de Jota, su amigo ornitólogo, a medida que van familiarizándose con las múltiples vueltas y más vueltas de una problemática que parece no tener fin. Como si fuera un laberinto kafkiano, el director se enfrenta a complicaciones legales de todo tipo que parecen diseñadas específicamente para evitar que se resuelva cualquier problema. Corrupción, narco política, negociados, todo está a la vista y sin embargo nadie hace nada. Incalcaterra tiene reuniones con unos, charlas con otros, más reuniones, más charlas, conversaciones por Skype y reflexiones en soledad. Todos mojones de un camino zigzagueante que no lleva a ningún lado.

 

Por otra parte, la excelente fotografía de Cobi Miglora captura la aridez y las asperezas de una zona que es más expulsiva que acogedora. Aunque haya una increíble belleza natural que no puede sino ser subyugante, todo lo que ocurre alrededor de tanta belleza es horrible. Porque los indígenas y descendientes de indígenas abandonados a su suerte y apenas sobreviviendo son una estampa difícil de contemplar. Una vez más los pueblos originarios son maltratados y silenciados. Aunque protesten de un buen modo, pero también a gritos, nadie los escucha. Al menos nadie que tenga poder como para cambiar la situación. Queda claro que no todas las vidas importan.

 

Chaco es valioso por su mirada ideológica, por registrar la lucha de Incalcaterra y al hacerlo así desnuda todo un sistema de corrupción eterna. Hay precisión en la información, minuciosidad en el análisis, revelaciones en los detalles. Nada es pour la gallerie, se nota y se verifica, una y otra vez, que los directores están profundamente comprometidos con su causa. Y esto no suele ser muy común.  

 

Los problemas del documental, en todo caso, están en el orden de lo narrativo: podría tener unos 15 o 20 minutos y así su discurso ganaría en impacto y evitaría la redundancia en la que cae de tanto en tanto. Queda claro que el conflicto da vueltas sobre sí mismo, pero la estructura narrativa no debería hacerlo. Y también se podría haber aprovechado más y mejor todo lo que visualmente esta zona tiene para ofrecer. Porque gran parte del drama está en los rostros de los olvidados, en sus casuchas, en sus reclamos insistentes en las calles y organismos. Menos discurso y más potencia visual habrían hecho una gran diferencia.


Aún así, Chaco tiene méritos innegables. Y es por esos méritos que exhibirlo y verlo cobra relevancia. Tampoco hace falta vivir en Paraguay para sentir empatía o incluso identificación. Porque la lucha de Incalcaterra es, en el sentido más profundo, universal.

 

 Chaco (Argentina, Italia, Suiza/2017) Puntaje: 6

 

Escrito y dirigido por Daniele Incalcaterra, Fausta Quattrini. Fotografía: Cobi Migliora. Montaje: Marzia Mete, Fausta Quattrini. Duración: 106 minutos. En el MALBA, los domingos de abril, a las 18.

 

 

 

 
 

 

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