Border, de Ali Abbasi

11/3/2019

Lo primero que impacta de Border es ver desplegarse un mundo completamente nuevo – algo cada vez menos frecuente en gran parte del muy predecible cine contemporáneo. Aquí, en cambio, lo diferente está a la vista desde el primer plano. Y lo predecible no aparece nunca. Es que esta nueva película de Ali Abbasi (Shelley), quien nació en Irán, estudió en Suecia y ahora reside en Dinamarca, está enraizada en un cruce de géneros altamente inflamable: el cuento de hadas, el relato folklórico, lo sobrenatural del fantástico, el policía negro escandinavo, y el realismo social. A priori, uno pensaría que no hay forma de que esta mezcla funcione bien. Y uno se equivocaría.

 

Con justa razón, Border recibió el premio máximo de la sección Un certain regard en Cannes y el premio Fipresci en el festival de Palm Springs. Está basada en el cuento homónimo de John Lindqvist (autor de la novela Déjame entrar, que fue llevada al cine magistralmente por el sueco Tomas Anderson y luego tuvo una prosaica remake norteamericana dirigida por Mat Reeves) y está co-guionada por el escritor, junto a Isabella Eklof (guionista y directora de Holiday) y el propio director. Muchos talentos juntos que supieron cómo crear una obra osada, desafiante y mágica sin intentar deslumbrar al espectador con innecesarias florituras estilísticas o golpes de efecto dramáticos.

 

Tina (Eva Melander) es una muy respetada y eficiente oficial de la aduana sueca con  una habilidad única para detectar contrabandistas: su agudo sentido del olfato le permite percibir sensaciones de culpa, vergüenza y miedo. Dedicada a investigar redes de pedofilia que atraviesan países y ciudades, a Tina no se le escapa ni un solo criminal que lleve escondidos contactos, fotos o videos con pornografía infantil.

 

Esto ya de por sí sería extraordinario, pero hay otra cosa que es todavía más extraordinaria. Y es el aspecto físico de Tina, que la separa del resto: su frente es grande y sobresaliente, su nariz es demasiado ancha, sus dientes son prominentes y están siempre sucios, tiene pelo por todo el cuerpo, su piel está llena de manchas y tiene una misteriosa cicatriz arriba de algo que parece ser la cola de un cerdo. No sorprende entonces que su aspecto sub-humano la aleje del gusto de los otros. Tanta fealdad junta asusta. Aislada afectivamente casi por completo, Tina convive con una especie de compañero, Roland (Jörgen Thorsson), quien solo quiere aprovecharse de su dinero y de las comodidades de su modesta casa. No ayuda, tampoco, que su padre (Sten Ljunggren) tenga demencia senil y esté internado en un geriátrico. A veces el anciano ni llega a reconocerla.  

Hasta que un día cualquiera, mientras está trabajando, Tina conoce a Vore (Eero Milnoff), quien tiene su mismo aspecto físico, solamente que él es un hombre. Por primera vez, Tina se ve reflejada y mirada con deseo por un Otro. Por fin, se siente completa. Vore también siente lo mismo y en poco tiempo se ha formado una pareja. Eventualmente, Vore le revelará unas cuantas cosas acerca de su propio pasado y del origen de Tina (y aquí entra lo mágico y sobrenatural). Recién ahora ella empieza a entender quién es. Pero, de la mano de Vore no solamente llega la felicidad. También anida lo inesperado, que no es necesariamente maravilloso. Para bien y para mal, no todo ni todos son lo que parecen.

 

Meditación sobre el diferente en un mundo de iguales y exploración de los límites porosos entre lo humano y lo no humano, Border hace de la fusión de temas una  amalgama que hipnotiza. Es una película que incluso se anima a poner en crisis y subvertir las expectativas narrativas de cada una de sus géneros. No es, como se podría pensar al comienzo, El hombre elefante en versión sueca: Tina no podría estar más lejos de ser John Merrick. Tampoco es una relectura de Freaks, aunque hay un par de puntos en común. Menos todavía es una historia romántica en la que dos diferentes encuentran a su media naranja. Digamos, más bien, que Border es una rara avis que se resiste a toda categoría posible, a la vez que toma y recicla muy bien elementos de todas sus fuentes.

 

Es en el terreno del drama, y eventualmente en el de la alegoría, donde mejor funciona y tiene mayor resonancia. Porque a la subtrama policial (que no existe en el cuento original) le falta desarrollo y potencia. Había más tela para cortar en torno a la red de pedófilos. En cambio, lo más pregnante y visceral está en el fuerte contraste entre el mundo de la naturaleza y el mundo social, entre la pureza (o no) de lo salvaje y la degradación de lo humano, y en las reflexiones en torno a una cuestión tan vieja como el mundo: la elección a conciencia entre el bien y el mal.  

 

Con interpretaciones tan convincentes como conmovedoras, en un registro que mezcla el naturalismo con el fantástico, con una muy expresiva fotografía y una sugestiva banda de sonido, Border es una experiencia cinematográfica que sobresale tanto en su forma fílmica como en la profundidad con la que explora sus contenidos. Y, como si fuera poco, también sorprende. 

Border (Gräns, Suecia, Dinamarca, 2018). Puntaje: 8

 

Dirigida por Ali Abbasi. Escrita por John Ajvide Lindqvist, Ali Abbasi, Isabella Eklof. Con Eva Melander, Eero Milonoff, Jorgen Thorsson, Ann Petren y Sten Ljunggren. Fotografía: Nadim Carlsen. Música: Christoffer Berg, Martin Dirkov. Montaje: Olivia Neergaard-Holm, Anders Skov. Duración: 108 minutes.

 

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