Reina de corazones, de Guillermo Bergandi

24/2/2019

“En Marzo de 2014 una amiga me propuso continuar con las clases de teatro de la Cooperativa Ar/Tv Trans. Acepté con entusiasmo la propuesta, y comencé a darles clases de teatro 4 horas semanales a un grupo de diez chicas trans. Por medio del teatro, comenzamos a conocernos desde un lugar muy personal, explorando sus mundos, sus historias y su lucha por pertenecer y ser aceptadas en la sociedad. Me di cuenta que injustamente viven en la marginalidad y sentí la necesidad imperiosa de mostrar, a través de las herramientas que conozco, sus vidas” dice Guillermo Bergandi acerca de su segundo documental,  Reina de corazones, ganador del Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine LGBT de Valladolid. Anteriormente, en 2017 Bergandí dirigió el documental Juglares realizado en el Impenetrable chaqueño junto a las comunidades Qom, Toba, y Wichí; este largometraje se estrenará durante 2019.

 

Reina de corazones tiene un formato convencional, pero no por eso es menos efectivo. Por un lado, hay fragmentos de entrevistas a cámara a las diez chicas trans protagonistas, todas con experiencias disímiles en muchos aspectos y, al mismo tiempo, con puntos en común en tantos otros. Son sus historias de vida, desde que se dieron cuenta de que sentían ser mujeres – muchas de ellas, durante la infancia -  hasta su presente cotidiano.

 

Y aquí se puede encontrar de todo: familias que las han echado de sus casas ni bien se travistieron por primera vez, mientras que otras familias siempre las apoyaron y nunca las discriminaron, (aunque no sean muchas), sus malas experiencias con la policía y otras fuerzas del orden (para quienes ellas son “los travestis”, y no “las travestis” o las chicas trans), chicas que se han casado y viven en una relativa paz doméstica mientras que otras están solas o eligen tener sus parejas de una manera más informal. Chicas que recurren a cirugías porque así sienten que su identidad está completamente afirmada, otras que no lo hacen porque no lo necesitan ni lo desean, tal como están son chicas igual. Porque, contra los prejuicios de gran parte de nuestra sociedad tan ignorante, no existe “un modelo” de persona trans. Y un realizador comprometido como Bergandi se asegura de evitar toda tipo de generalización - para eso están los medios masivos de comunicación. Reina de corazones, en cambio, tiene una mirada intimista y política a la vez.

 

Porque no es ninguna novedad que la inmensa mayoría de las travestis viven de la prostitución ya que el sistema laboral las ha excluido casi por completo. No son deseables para tener un trabajo común y corriente, o extraordinario y diferente, como el que puede tener cualquier persona. No tienen que ser vistas en esos contextos. En cambio, sí son aceptabas y buscadas como trabajadoras sexuales, teniendo como clientes, en gran medida, a conservadores padres de familia con dobles vidas. Esto tampoco tiene que sorprender: una sociedad hipócrita y reprimida sexualmente como es la sociedad argentina no puede tramitar asuntos del eros que van más allá de lo “bien visto”. Pero sí juzga a todxs los otrxs que son distintxs – como si alguien les pidiera su opinión. Así estamos.

Por otro lado, Reina de corazones hace foco en el trabajo de la Cooperativa Ar/Tv Trans, en alguna que otro episodio policial, y en las marchas del Orgullo Gay. Queda claro, desde el vamos, que la Cooperativa ofrece una alternativa práctica y concreta, y es deseable que les vaya muy bien así las chicas pueden elegir si quieren ejercer la prostitución o no. Y, obviamente, porque el arte es uno de los mejores caminos para el crecimiento afectivo, intelectual y vincular. Claro que no hay aquí ninguna mirada romantizada: la vida de nadie va a cambiar de la noche a la mañana. Pero hay que recordar que esto es solo un comienzo.  

 

Lo que más atrae del documental son las entrevistas a las chicas, la mirada amorosa sobre ellas por parte del realizador, pero sobre todo la mirada amorosa sobre ellas mismas que estas chicas trans han logrado construir luego de años de lucha contra el desprecio ajeno – y que no pocas veces se incorpora como propio. Hay un aire de libertad y de afirmación de la identidad que recorre toda la película y eso tan conmovedora como valiosa. Lo que no está del todo bien resuelto es la construcción narrativa: no es lo suficientemente ajustada, está un poco disgregada y la forma fílmica es un poco chata. Al menos, en una cuantas zonas. Hay mucho material muy rico, pero no todo está bien aprovechado y hay algo de redundancia. Aún así, nada es tan grave como para echar por la borda los logros. 

 

Al comienzo del documental vemos al Cardenal Quarracino en su mensaje de fin de año transmitido por TV en los 90, donde abogaba por mandar a todos los miembros de la comunidad LGBT a vivir a una isla, con sus propias leyes, usos y costumbres, y bien lejos de todos los demás. Una especie de campo de concentración en libertad. Quienes lo vimos por televisión en su momento no podemos evitar sentir hoy la misma repulsión que sentimos entonces. Pero, después nos damos cuenta de que Quarracino está muerto y enterrado desde hace 21 años y de que las chicas trans no solo están vivas, sino que viven en un presente mejor, aunque siempre en la lucha. Y, entonces, de la repulsión pasamos a esbozar una sonrisa. Que en paz descanse, Cardenal. 

 

Reina de corazones (Argentina, 2016)

 

Dirigida por Guillermo Bergandi. .  Con Daniela Ruiz, Emma Serna, Nicole Cagy, Camila Salvatierra, Lourdes Arias, Estefania Menzel, Alessandra Babino, Mar Morales, Valeria Pereira, Victoria Guadalupe Sanchez, Gisell Gali, Paola Agustina Silva, Rocío Rocha. Cámara y Fotografía: Ramiro Cornidez. Sonido: Daniel Celina. Música Aqualáctica & Mariano Lemon, Martinez Bucas, Javier Saenz. Duración: 75 minutos  

 

 

  

 

 

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