Entrevista a Néstor Frenkel por "Todo el año es Navidad"

15/12/2018

Todo el año es Navidad, la nueva película de Néstor Frenkel, es un muy entretenido documental que retrata las peculiaridades de once Papá Noeles – o Santa Claus, como algunos se autodenominan  – que todos los años deleitan a miles de niños al hacerles realidad una fantasía que se mantiene viva desde quién sabe hace ya cuanto tiempo. Incluso para algunos de estos señores de risa jocosa y barba blanca, Papá Noel podría ser real y ellos sus representantes en la tierra.

 

Es una película narrada con un muy buen sentido del timing y con una visible empatía con sus personajes. Como en sus documentales previos, Frenkel sabe encontrar “ese algo” que hace únicos a sus personajes, mucho más allá del disfraz y la barba blanca. En algunos casos es una anécdota esencial, en otros un modo de mirar la vida, y en algunos otros puede ser el misterio que los rodea. Es, también, una película que en manos de un realizador sin inquietudes podría haber sido meramente anecdótica. Y no lo es. En cambio, es una obra que cumple con su premisa y hasta llega un poco más lejos. Porque uno nunca sabe qué van a decir o hacer alguno estos Papás Noeles. Porque son irrepetibles.

 

Todo el año es Navidad se exhibe en el MALBA los sábados de diciembre a las 20 hs. Néstor Frenkel dialogó con Sublime Obsesión para contarnos un poco más acerca de este documental tan singular.  

 

¿Cuál fue el origen de este nuevo documental?

Como casi siempre, una casualidad es el primer disparador. Yo no los busco a los documentales, sino que aparecen, de una u otra manera – más allá de que con los años uno tiene el oído y el ojo un poco entrenados. En este caso fue un e-mail de una persona que buscaba trabajo de Papá Noel y su argumento de ventas como un buen candidato para ocupar ese rol no tenía que ver con su experiencia, o con su imagen, o con sus capacidades. En cambio, él decía: “Yo soy el verdadero Papá Noel”. Ése fue el primer impacto: el hecho de que algo tan concreto como la búsqueda de trabajo, la necesidad económica, esté teñida de esta apelación a la magia y a la fantasía. Y a partir de esto entendí que la navidad era todo eso. Por un lado, una maquinaria capaz de generar ganancias económicas y trabajo. Por otro lado, una apelación al costado más fantasioso.

 

¿Encontraste algo en común entre todos estos Papá Noeles?

Lo que yo buscaba era ver qué tenía cada uno del personaje, por dónde se había conectado, qué era lo que la experiencia le había dejado como efecto colateral, si se quiere. Es decir, qué resultó de esta experiencia de convertirse en un ser mágico. Y lo que encontré y el por qué de los retratos elegidos es que cada uno representaba, de alguna manera, una arista diferente del personaje. Uno era el más solidario, otro el que tenía más amor a los niños, otro era el que hacía de su voz el personaje, mientras que a otro le interesaba más lo exterior, es decir conseguir la imagen perfecta de Papá Noel.  Y había otros más. Eso fue lo que intenté plasmar en la película.

Una característica admirable de Todo el año es Navidad es que nunca te ubicás en un lugar que evalúa a los entrevistados en relación a la veracidad de sus relatos.  

Yo trato de no juzgar a las personas que se ponen delante de mi cámara. En todo caso, dejo que eso lo haga el espectador. Trato de dar pistas de lo que yo pienso, siento, veo o escucho, pero me interesa que cada uno pueda hacer su camino dentro de la película. Sí pongo énfasis en algunas características que me resultan más interesantes, pero no me interesa comparar a estas personas con una norma de lo que debería ser ni juzgarlos por lo que son o por lo que no son. Me interesa ver a cada persona con sus particularidades y enfatizar los rasgos que me resultan más cinematográficos.

 

¿Qué fue lo más difícil en lo cinematográfico?

Creo que lo más difícil fue encontrarle el tono. Siempre es uno de los desafíos más grandes, y también lo es desde dónde mirarla. En este caso, había dos caminos muy evidentes: uno podía ir a una mirada totalmente socarrona y, por otro lado, estaba el momento emotivo, cliché, sentimental de, por ejemplo, el niño sonriente con los ojos húmedos. Traté de no caer en ninguno de esos dos terrenos, pero aún así que exista algo que, de alguna manera, los contenga sin entrar a fondo. Es decir, que esté la posibilidad de que cada uno encuentre algo ahí. Me parece que la película tiene su humor, su ironía y también su cosa áspera y a contrapelo. Pero no deja de ser una película navideña que tiene una cosa melancólica, fantasiosa y mágica. Por ejemplo, la posibilidad de que algunos de ellos sea el verdadero Papá Noel.

 

¿Cuál es tu relación personal con la navidad?

Tengo una relación particular con la navidad porque vengo de una familia judía, no religiosa pero sí tradicionalista, y dentro de esas tradiciones estaba la de negar la navidad y negar la existencia de Papá Noel. También negar la posibilidad de que esa noche haya un arbolito y jugar a ese juego. Entonces, yo estaba fuera de ese juego que lo jugaban otros, aunque tampoco me sentía muy aparte porque iba a un colegio judío, por eso festejar la navidad no era algo que estaba muy presente. Aún así, la navidad claramente estaba sucediendo fuera de mi casa y no en mi casa. Así que mis primeras navidades de jugar el juego fueron desde que fui papá, hace algunos años. Mi hija mayor tiene 9 años y desde que tenía 2 o 3 años ya empezamos a jugar el juego. Nunca me disfracé de Papá Noel, así que no lo encarné. Pero sí jugamos a la fantasía y la magia y tuve que atravesar el momento en el que mi hija descubrió que Papá Noel no existía. Y ese momento también fue muy interesante.

 

 

 

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