Todo el año es Navidad, de Néstor Frenkel

8/11/2018

“Lo primero que me apareció fue un mail que decía: soy el verdadero Papá Noel, para tu fiesta, para tu animación, para tu navidad, para tu casa, para tu negocio. Me impactó mucho el cruce entre realidad y fantasía. Alguien que se está ofreciendo para un trabajo que tiene como estrategia de marketing apelar directamente a la fantasía, lo cual me pareció que realmente resumía cierto espíritu de la navidad. La fantasía y el negocio, la fe y la farsa”, dice el realizador Néstor Frenkel (Buscando a Reynols, Construcción de una ciudad, El gran simulador) en el programa Directores, de la DAC, acerca de su nueva película, Todo el año es Navidad, un muy entretenido documental que retrata las peculiaridades de once Papá Noeles – o Santa Claus, como algunos se autodenominan  – que todos los años deleitan a miles de niños al hacerles realidad una fantasía que se mantiene viva desde quién sabe hace ya cuanto tiempo. Incluso para algunos de estos señores de risa jocosa y barba blanca, Papá Noel podría ser real y ellos sus representantes en la tierra.

 

Todo el año es Navidad tiene una estructura simple y lineal: las once sesiones de casting con estos Papá Noeles argentinos se suceden una tras otra, mientras que entre las entrevistas se van intercalando escenas que los muestran en los preparativos para personificar a sus personajes, todos parecidos pero sin embargo, a la vez, bastante diferentes. También se los ve trabajando en contextos varios, siempre bien predispuestos y muy gratificados por llevarles tanta alegría a los niños. Pero lejos de lo que se podría esperar de un documental tradicional, aquí no hay mirada romantizada o edulcorada sobre la navidad. De hecho, la navidad es solo la excusa para conocer cómo son estos hombres tan singulares, y no solo en función de Papá Noel, sino también en otros aspectos. Porque, al fin y al cabo, el de la realidad a la ficción a veces el camino es muy breve.

Hay un Papá Noe que, después de familiarizarse con distintas religiones mientras vivía en los EEUU y no elegir ninguna, dice haber sido bautizado por una figura crística que se le apareció en su habitación una noche como cualquier otra – el bautizmo fue debajo de la ducha del baño. También hay un Papá Noel que dice haber visto un duende y cree que su misión en la vida es, precisamente, dar cuenta de la existencia de los duendes que lo acompañan en su quehacer. Hay otro Papá Noel  que dice que dada la inusitada fuerza que tienen sus brazos, si de joven hubiese peleado con Monzón, seguramente lo habría vencido y él habría sido campeón del mundo durante mucho tiempo. Y otro Papá Noel que entrena y nada en el Sport Club, como cualquier otro socio. Y un Papá Noel más terrenal que distingue claramente la diferencia entre la ilusión creada por su personaje y su vida cotidiana, pero en el momento de la magia la vive como si fuera real. Claro que también hay unos cuantos más.

 

Algo en común que comparten todos estos Papá Noeles es que sienten, de un modo u otro, que hacer lo que hacen les da un profundo sentido a sus vidas. Un propósito, por así decirlo. Es enternecedor ver que este espíritu de compromiso es tan genuino, que se lo toman tan en serio. Porque lo hacen de corazón y eso es algo que no le pasa a mucha gente, con Papá Noel o sin Papá Noel.

 

Como en sus documentales previos, Frenkel sabe encontrar “ese algo” que hace únicos a sus personajes, mucho más allá del disfraz y la barba blanca. En algunos casos es una anécota esencial, en otros un modo de mirar la vida, y en algunos otros puede ser el misterio que los rodea. Porque a Frenkel no le interesa, y para bien, saber si el Papá Noel que  dice que vio un duende y trabaja con duendes, o el Papá Noel que dice que fue bautizado debajo de la ducha del baño, son personas en su sano juicio o no. Observarlos desde ese punto de vista desvirturía a los propios protagonistas, que deben ser vistos como ellos mismos se autoperciben. Aquí lo real es un término muy relativo.

 

Narrado con un muy sentido del timing y con una visible empatía con sus personajes, Todo el año es Navidad es un documental que, en manos de un realizador sin inquietudes, podría haber sido meramente anecdótico. Y no lo es. En cambio, es una obra que cumple con su premisa y hasta llega un poco más lejos. Porque uno nunca sabe qué van a decir o hacer alguno estos Papás Noeles. Porque son irrepetibles.

Todo el año es Navidad (Argentina, 2018). Puntaje: 7

 

Escrita, dirigida y editada por Néstor Frenkel. Cámara y fotografía: Diego Poleri. Música: Gonzalo Córdoba. Sonido: Fernando Vega, Hernán Gerard. Duración: 76 minutos.

 

 

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