Mujer nómade, de Martín Farina

4/11/2018

No hay nada que, temática o estilísticamente, emparente a Tarnation con Mujer nómade. No podrían ser más diferentes el uno del otro. Excepto por la manera honestamene brutal, sin velo, en la que exponen el sufrimiento de sus protagonistas. Y en cómo estos protagonistas hicieron cuerpo los aspectos más dolorosos de sus vidas, enfrentándolos en vez de huyendo. El autoretrato documental que Jonathan Caouette hace de su vida enfrenta al espectador, en ocasiones, a un vacío innenarrable. El retrato, también documental, que Martín Farina hace de la filósofa Esther Díaz nunca deja en fuera de campo un abismo con otras características. Y en ambos documentales no hay ningún tipo de rodeo  para hacer visible el sufrimiento y, a pesar de todo, la mirada del realizador, como la de sus protagonistas, es esperanzada y luminosa. Una mirada que surge de una introspección profunda e incansable. La mirada de los valientes.

 

Farina (Fullboy, El hombre de Paso Piedra, El profesional, Cuentos de Chacales, y Tae Kwon do, en co-dirección con Marco Berger) se enfrenta a una historia de vida compleja, llena de matices, sinuosa e impredecible. El desafío no es menor, sobre todo al momento de establecer el tono de su película, que no  debe ser ni solemne ni liviano. Díaz deja al desnudo sus pensamientos más íntimos, sus sentimientos más movilizantes, su intelecto tan rico y, sobre todo y casi literalmente, desnuda su cuerpo como territorio de batalla y conquista. Y como territorio para ser atravesado por la filosofía. Por eso Mujer nómade no se parece a ningún otro documental del cine argentino. Y ésa es una excelente noticia.

 

Esther Díaz tiene tantas facetas que es prácticamente imposible hacerle justicia a la hora de describirla. En lo profesional, se ha especializado en la obra de Deleuze, Spinoza y Foucault, publicando numerosos libros y brindando incontables charlas.  Dentro del opresivo orden patriarcal imperante, se ha animado  a pensar y vivir el goce como pocas mujeres lo hacen. Sin prejuicios – o quizás venciendo los que tenía cuando recién empezaba su recorrido de vida – Díaz busca y consigue que el cuerpo, su cuerpo, disfrute los placeres de la carne, placeres prohibidos para muchos por nuestra hipócrita cultura. No es una batalla fácil y muchos menos una que se libra una sola vez. Pero eso no le importa ya que adueñarse del cuerpo propio no puede ser más gratificante. Significa empoderarse desde un lugar que no le pide permiso a nadie. 

En los aspectos más personales, es una mujer que se resiste al paso del tiempo, aunque sepa que el tiempo no para. No tiene reparos en mostrarse como una paciente eterna de cirugías plásticas y procedimientos de embellecimientos varios. Es muy  común que muchas mujeres nieguen sus cirugías estéticas, pero Díaz, para bien, no se parece en nada a muchas mujeres. Es una mujer que muestra y se muestra, así como es y como se va transformando. Sin pruritos, muestra su atracción y erotización de los cuerpos irrestibles de jóvenes que no pueden ser más bellos. En el contacto vital con esos cuerpos hay una celebración de la vida gracias, entre otras, al saludable desenfreno que trae el deseo. Aparte, ya se sabe: juventud, divino tesoro.  

 

Esther Díaz también es una persona que ha sufrido pérdidas irreparables que dejaron huellas que nunca cicatrizan. Cuando los recuerdos de sus tragedias afloran, cuando el pasado se hace presente a través del discurso, Díaz no puede contener el llanto y su cuerpo se estremece. Es que es demasiado dolor para una sola persona. Pero, una vez más, no se esconde. Es que esconderse no forma parte de su filosofía de vida.

 

Mujer nómade no solo tiene sus innegables méritos en cómo aborda a su protagonista, sino también en los recursos formales que Farina utiliza para construir su relato. Como en sus documentales previos, la fotografía, desde la composición del plano hasta el trabajo de cámara, es impecable y está siempre al servicio de la historia. Aunque es bella, lo es disimuladamente, sin ostentar. El lente a través del cual observa el director establece una distancia óptima, no es invasivo ni distante. Solo a veces, cuando es deseable, se acerca más de la cuenta y toma a su protagonista en primeros planos cerrados que ocupan casi toda la pantalla. Lo mismo hace, en ocasiones, con fragmentos del cuerpo de Díaz. Así construye sentidos que no podrían pensarse a simple vista.

 

Digno y respetuoso, Mujer nómade es una de las mejores películas argentinas del año, documentales o no. Merece ser vista más de una vez, más todavía porque vivimos en tiempos donde la represión y la opresión en todas sus formas proliferan. Por eso la voz disidente y rebelde con causa de Esther Díaz es imprescindible.

Mujer nómade (Argentina, 2018). Puntaje: 9

 

Escrita, fotografiada y dirigida por Martín Farina. Música: Jorge Barilari, Coiffeur. Sonido: Martín Farina, Tomás Fernández Juan. Duración: 73 minutos. En el MALBA, sábados y domingos de noviembre a las 18 hs.

 

 

 

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