El Potro: Lo mejor del amor, de Lorena Muñoz

25/10/2018

Es inevitable comparar El Potro: Lo mejor del amor con Gilda. La película previa de Lorena Muñoz contaba la historia de la mítica cantante de cumbia que hizo de su música un gran espectáculo para cientos de miles de personas que nunca habían escuchado una cumbia en su vida. Como Rodrigo Bueno, el protagonista de El Potro, Gilda también falleció en un trágico accidente automovilístico a los 34 años, mientras que Rodrigo apenas llegó a los 27 años. Las dos películas, en esencia, hablan de lo mismo: el ascenso, el crecimiento, el apogeo, y la muerte de un ídolo popular. Y hablan del dolor y el vacío que dejaron en sus fans. Es una historia conocida y muy transitada en el cine, pero no por eso deja de ser efectiva si está bien narrada.

 

A Rodrigo Bueno se lo recuerda como ese cantante cordobés que se inició, con un éxito muy moderado, en la música melódica en su provincia. Nunca fue abucheado ni mucho menos, pero nadie hubiera dicho que iba a llegar tan lejos. Porque cuando viaja a Buenos Aires y entra de lleno en el territorio de la bailanta, al poco tiempo también hace otra cosa más, algo impensado: trae el tan popular cuarteto cordobés para un público que, en teoría, no era afín a esa música. Sin embargo, lo que ocurrió fue todo lo contrario: el éxito fue tan masivo como arrollador a punto tal que sobre el final de su carrera llegó a dar 13 recitales seguidos en el Luna Park, a sala llena.

 

La carismática, hermosa y seductora Natalia Oreiro fue Gilda, y Muñoz eligió retratarla desde una mirada amorosa y romantizaba que la construyó como un ser puro y transparente, aún con sus contradicciones. La Gilda de Muñoz es un mito viviente. No es la Gilda real. Esto podría cuestionarse, hay quienes respetaron y aprobaron la decisión de la directora, y hay otros que no. Personalmente, no encuentro nada cuestionable. Es una elección como cualquier otra. Lo que importa, en todo caso, es que Muñoz y Oreiro lograron que su mirada sobre Gilda se cristalizara a la perfección. Dicho de otro modo, la película es exactamente lo que su directora quiso que fuera. Y es una película que funciona muy bien, desde el principio hasta el final.

 

En El Potro, Muñoz elige otro abordaje, mucho más cercano al realismo, sin suavizar tanto la figura del ídolo. Es una elección acertada considerando sus agitados romances, su egocentrismo, sus excesos con las drogas, su vida tan turbulenta. Pero el realismo de  El Potro, la película, no es del todo creíble. Mientras que el registro romantizado de Gilda se sentía natural y espontáneo, acá el registro realista de El potro se siente ensayado y no muy matizado. Y no es por una cuestión de actuación ya que Rodrigo Romero, aparte de ser prácticamente idéntico a Rodrigo Bueno - incluso en su sex appeal - brinda una muy buena interpretación.  Lo que pasa es que no pocas escenas son previsibles, incluso trilladas, y por lo tanto no sorprenden ni conmueven mucho. Da la sensación que algo de la crudeza y lo áspero de la vida de Rodrigo que la directora quería plasmar no pudo ser llevado a la pantalla grande.

Por otra parte, es como si el corazón de la película estuviera, por momentos, en pausa. Cierta chatura dramática – no en todas las escenas, que eso quede claro – hace de El Potro: Lo mejor del amor una película que solo alcanza picos de emoción intensa de tanto en tanto. Uno de los logros es el final, sin duda alguna, con las escenas sobre el ring, a la manera de un Gatica que conmueve a multitudes. Muñoz, que comenzó en el cine como documentalista, tiene muy en claro cómo registrar un espectáculo, una representación, un “algo” que está sucediendo en la “vida real”. Por eso, se podría decir, que las escenas del ring parecen propias de un documental con un marcado vuelo artístico. 

 

Hay otros momentos donde la película también funciona. Una buena parte de la tormentosa relación amorosa de Rodrigo con su esposa, Patricia Pacheco (Malena Sánchez) y con su asfixiante madre (Florencia Peña) tiene sus hallazgos, particularmente en las escenas más intimistas. En el terreno de lo doméstico, el Potro no pocas veces se siente verosímil y cercana. Así sí es posible involucrarse y acompañar a los personajes en sus derroteros.   

 

Como en toda película despareja, a veces lo bueno se pierde un poco entre todo lo que funciona a medias. Es una pena porque la historia aparenta tener un potencial dramático que no es capitalizado por completo. A la vez, cuando sí funciona, es imposible no pensar que uno está viendo al verdadero Rodrigo Bueno ya que el actor tiene el aspecto, habla y se comporta tal como lo hacía el ídolo sobre los escenarios y en sus presentaciones televisivas. Ahí sí aparece Rodrigo, el potro indomable.

 

El Potro: Lo mejor del amor (Argentina, 2018). Puntaje: 6

 

Dirigida por Lorena Muñoz. Escrita por Lorena Muñoz y Tamara Viñes. Con Rodrigo Romero, Florencia Peña, Fernán Mirás, Daniel Aráoz, Jimena Barón, Malena Sánchez, Diego Cremonesi. Fotografía: Daniel Ortega. Montaje: Alejandro Brodersohn. Música: Peppo Onetto. Sonido: Leandro de Loredo. Duración: 122 minutos.

 

 

 

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