Hasta que me desates, de Tamae Garateguy

18/10/2018

Hasta que me desates, la nueva película de Tamae Garateguy (Upa! Una película argentina, Pompeya, Mujer lobo, Upa2 El Regreso), protagonizada por Martina Garello y Rodrigo Guirao Díaz, formó parte de la Competencia Argentina del Festival de Mar del Plata 2017 y ahora se estrena en Buenos Aires exclusivamente en el BAMA. Como Pompeya y Mujer lobo, Hasta que me desates es una nueva incursión en el cine de género que toma algunos elementos con los que Garateguy ya había trabajado previamente. Por un lado, está el thriller, y por otro lado, un componente erótico que le da a la historia un sesgo inusual, sobre todo para el cine nacional que rara vez transita estos dos caminos en paralelo.

 

Hasta que me desates narra la historia de Clara Dalca (Martina Garella), una mujer sumida en una crisis depresiva y autodestructiva a raíz de la muerte de sus seres queridos en un accidente que dejó secuelas indelebles. Porque su rostro y su cuerpo está marcado por heridas y quemaduras que son un constante recordatorio de la tragedia. Y si antes Clara encontraba un refugio en su profesión de bailarina, aparte de tener el amor de su familia, ahora ya ni eso puede hacer. Por eso, solo piensa en morirse de una buena vez. Pero no quiere suicidarse, sino que desea que otra persona sea su verdugo.

 

Así llega al consultorio del Dr. Gonzalo Quintana (Rodrigo Guirao Díaz), un joven cirujano plástico acusado, aparentemente con razón, de mala praxis. Quiere que él la someta a varios procedimientos quirúrgicos, todos al mismo tiempo, algo que es imposible ya que el resultado sería la muerte casi instantánea en el quirófano. Justamente lo que Clara busca. Inicialmente, el médico se rehúsa, Clara insiste, y casi sin querer se inicia una suerte de relación amorosa entre los dos. Un amor de conductas extremas y prácticas peligrosas. Un amor tanático, por así decirlo. Claro que eso significa entrar a un vacío del que quizás sea muy difícil salir. O, directamente, imposible.    

 

El cine de Tamae Garateguy es un cine visceral. Apunta a los sentidos y a las emociones, no a la intelectualización de los conflictos ni a tibieza alguna. Sus imágenes – en colores vívidos, con marcadas luces y sombras, lejos del realismo, pregnantes en sus texturas – buscan conmover al espectador sin mediatización alguna, van directo al corazón. Muchas veces logran su objetivo. Otras veces, quizás por exceso o repetición, tienen menos impacto. Lo que sí hay siempre es tensión, no tanto dramático, sino más bien estética. Lo que Garateguy pone en escena está siempre vivo y en movimiento. Aún cuando ronda la muerte.

 

Hasta en los exteriores – fotografiados bellamente – se siente algo vivo, aún cuando son parajes desolados o calles vacías. Si de climas se trata, Hasta que me desates logra construir un mundo personal, distinto a lo ya tantas veces visto. Por el contrario, es en las interpretaciones donde la película no funciona tan bien. Martina Garella desarrolla muy bien su personaje hasta cierto punto, con matices y verosimilitud. Pero, al promediar el relato, queda un poco estancado, recurriendo a los mismos gestos, a una misma línea dramática que no añade mucho. Quizás sea un problema de cierta pérdida de espesor del personaje y no tanto de la actriz. Por su lado, Rodrigo Guirao Díaz da con el tipo físico y tiene presencia, pero no tiene dominio del rango de emociones que su personaje pide. De todos modos, estos son desniveles de mediana importancia, no son defectos importantes que opacan los otros méritos de la película. 

 

Con rasgos de Almodóvar, La piel que habito y Átame parecen haber sido dos referentes, y algo del cine under que buceó en los terrenos del sadomasoquismo, Hasta que me desates es una obra inusual, arriesgada, imperfecta pero pulsante. No es poca cosa.  

Hasta que me desates (Argentina, 2017). Puntaje: 6

 

Dirigida por Tamae Garateguy. Escrita por Miguel Forza de Pauls. Con Martina Garello, Rodrigo Guirao Díaz, Paula Carruega, Naiara Awada, Jazmín Rodríguez. Fotografía: Connie Martin.  Música: Sami Buccella. Montaje: Eliane Katz, Martin Busacca. Sonido: Guillermo Picco, Pablo Gamberg. Duración: 82 minutos.

 

 

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