El origen de la tristeza, de Oscar Frenkel

26/9/2018

“Con esta película pretendo destacar el coraje y la valentía, el amor incondicional y la amistad. La aventura. Las imágenes que nos quedan arraigadas de la infancia. La posibilidad de emocionar, a la vez que cuento mi propia historia”, dice Oscar Frenkel a propósito de su ópera prima El origen de la tristeza, basada en la novela homónima de Pablo Ramos, quien también oficia de narrador en off en la película. Y si de imágenes que quedan arraigadas de la infancia se trata, El origen de la tristeza es una película que sí sabe cómo son los tonos de los recuerdos y cómo son esas ráfagas de luces y sombras del pasado que vuelven de tanto en tanto.

 

Porque las imágenes son bellísimas. No en el sentido de la tarjeta postal perfecta (eso de bello no tiene nada) sino como retazos de la memoria con colores vivos y contrastados, con texturas tan propias de lo onírico como de lo idealizado, con una cadencia que se asocia a un tiempo suspendido en el corazón. Y no, no son cursis. Y no debería sorprender porque la fotografía está a cargo de Eduardo Pinto, el director de Palermo, Hollywood, Caño dorado, y Corralón, un verdadero talento a la hora de crear climas que hacen de lo urbano una poesía personal e intimista.

El origen de la tristeza, la novela y la película, narra la historia de Gavilán,   un chico de unos 12 años que será el protagonista junto a “los pibes”, su grupo de amigos del barrio, una serie de pequeñas aventuras y episodios varios que lo llevarán a una frontera de la que no se vuelve: el irremediable fin de la infancia. Hay una excursión armada con el solo fin de robar damajuanas, un incendio en un arroyo, y un frustrado plan para debutar sexualmente, entre tantas otras cosas. Todo, o casi todo, está permeado por la inminente pérdida de la inocencia, que siempre trae dolor y eso que llaman madurez.

 

Y en ese mismo registro – melancólico, sentido, afectuoso – va el tono de la narración en off del propio Pablo Ramos. Y por eso mismo acompaña y amplifica los sentidos de las imágenes. Pero también es excesiva en su extensión y, en ocasiones, hasta redundante. La apuesta es clara: hacer de lo cinematográfico y lo literario una sola cosa, una experiencia que tenga un poco de cada terreno. Y es una apuesta interesante. Pero no siempre funciona bien y cuando falla, hace mucho ruido. Hace que uno se desconecte, que salga de la película. Quizás haber privilegiado las imágenes, bien en primer plano, y dejar la voz en off en un segundo lugar, como un fondo, hubiera sido una mejor estrategia. Tal vez ése era el equilibrio óptimo.

 

También se podría argumentar hasta qué punto El origen de la tristeza construye un relato fuerte o es apenas un conjunto de imágenes que se suceden en un devenir de climas. Pero eso sería cuestionar la narrativa estructural, eso es pedir otra película diferente a la que Frenkel tenía en mente. Curiosamente, aún con su exceso de verborragia, esta ópera prima genera el deseo de ser vista otra vez. Puede ser que esto tenga que ver con la naturaleza proyectiva del relato. Porque mientras uno ve estás imágenes es imposible no evocar los recuerdos propios de nuestras infancias perdidas.

El origen de la tristeza (Argentina, 2018) Puntaje: 6

 

Dirigida por Oscar Frenkel. Escrita por Pablo Ramos, basada en su novela homónima. Con Joaquín Gorbea, Santiago Mehri, María Belén Szulz, Jorge Pestelli, Gonzalo Riquelme, Sabas Tissera, Alan Viliani Díaz, Franco Boggiatto, Luciana Rojo, Stephania Stegman, Germán De Silva. Dirección de fotografía y encuadre: Eduardo Pinto. Música: Ernesto Snajer. Duración: 71 min.

 
 

 

 

 

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