Los vagos, de Gustavo Biazzi

12/9/2018

“La película es el retrato de una época y fue ambientada a final de la década del 90 y principio de los años 2000. Del mismo modo que elegimos el vestuario, los objetos, la música, y otros elementos que dan coherencia estética al conjunto, elegimos el tipo de comportamiento de los personajes. Y el punto de vista está puesto en tratar de comprender ese comportamiento contradictorio del protagonista, propio de una época, y una etapa de la vida, como el paso de la adolescencia a la adultez”, dice Gustavo Biazzi, guionista y director de Los vagos, una perceptiva historia sobre el paso de la adolescencia tardía a la madurez que es tan verosímil como honesta. De hecho, cualquiera que haya vivido en el interior del país, en una ciudad similar a Posadas, va a reconocer la cadencia del tiempo y los rituales de pasaje de un grupo de jóvenes que, aparentemente, sólo quieren divertirse.  

 

Ernesto (Agustín Avalos) y Paula (Bárbara Hobecker) son novios desde la adolescencia, nacieron y se criaron en Posadas y ya más grandes se fueron a estudiar a Buenos Aires. Ahora Paula acaba de dar su último examen en la Facultad de Derecho, que festeja con mucha alegría con su novio. En pleno verano, la pareja vuelve a Misiones a pasar un buen tiempo juntos y a reencontrarse con familia y amigos. Al llegar a su tierra natal, Ernesto se suma a las andanzas de “los vagos”, sus amigos de la infancia, que hacen lo imposible por prolongar la adolescencia. Un día como cualquier otro, Ernesto conoce a Andrea (Ana Clara Lasta), una rubia muy linda que lo deja medio extasiado. Andrea no parece sentir lo mismo, al menos no enseguida. Pero, con el correr de los días, la atracción entre ambos se hace más que obvia. Y a Ernesto su novia ya no le importa mucho. Es que una nueva conquista siempre despierta mucho deseo. Aún a riesgo de descuidar y, quizás incluso perder, al amor ya conquistado.

 

Biazzi es un talentoso y reconocido director de fotografía (La patota, El cielo del centauro, Los dueños, El estudiante) y si bien la fotografía de su ópera prima está en manos de Alejo Maglio, es evidente que el ojo del director está presente en cada cuadre, puesta de luces y composición del plano. Eso es lo que se nota en primer lugar: los muy sutiles climas de una época y un espacio, que sin ser preciosistas sí son muy bellos. Se podría decir que Los vagos recurre a la simpleza más sugestiva para representar un universo que siempre se siente cercano. Claro que esta simpleza en su estética no equivale, en lo más mínimo, a que sea algo común y corriente. Casi nada es más complicado que transformar lo complejo en simple sin dejar de incluir la riqueza de todos sus tonos, texturas, luces y sombras.

Y esa misma simpleza se encuentra en la narrativa. Casi sin querer, casi sin que se note, la historia central se va perfilando muy de a poco y siempre gracias a detalles y gestos pequeños. Nada es altisonante, nada es superlativo. Pero, a diferencia de muchas películas del más reciente nuevo cine argentino, y para bien, Los vagos sí encuentra espesor dramático en cada mojón del camino. Aquí sí que pasan cosas, aunque esas cosas no se revelen con picos dramáticos o con un marcado in crescendo. Pero que pasan, pasan. Y las acciones de los personajes – como así también sus consecuencias- re-construyen quiénes son ellos mismos en una etapa en la que, precisamente, las identidades aún están siendo moldeadas. 

 

Y si bien hay una mirada moral sobre cuidar y no cuidar los afectos, esa mirada no  cae como una sentencia o un juicio aplastante. Es, más bien, una conclusión lógica de las decisiones que el corazón y el deseo toman, sin preguntarse ni preocuparse mucho por el destino final. Y esto es algo que muchos conocemos muy bien. Quizás por eso la sonrisa que se asoma al sentirnos identificados con los vagos. 

 

Los vagos (Argentina, 2017) Puntaje: 8

 

Escrita y dirigida por Gustavo Biazzi. Con Agustín Avalos, Bárbara Hobecker, Ana Clara Lasta, Marcelo Enríquez, Emanuel Gómez, Walter Casco, Juan Pablo Vitale. Fotografía y cámara: Alejo Maglio. Sonido: Guillermo Picco, Pablo Gamberg. Montaje: Leandro Aste. Duración: 88 minutos.

 

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