Pabellón 4, de Diego Gachassin

5/8/2018

Si bien Michel Foucault en “Vigilar y Castigar” habla de la aparición de las cárceles como forma de terminar con el suplicio, y que el castigo pase a ser la falta de libertad y ya no la tortura o la marca en el cuerpo, en las cárceles de la Argentina la falta de libertad acompaña un suplicio continuo”, dice el realizador Diego Gachassin acerca de su nuevo documental, Pabellón 4, que explora algunas posibles estrategias para hacer frente al aciago estado de las unidades carcelarias de la Argentina y el abandono del Estado frente a la violencia e injusticias que viven los internos.

 

En su película anterior, Los cuerpos dóciles, co-dirigida con Matías Scarvaci, Gachassin abordaba una problemática similar a través del seguimiento de un caso de juicio y exagerada condena a un menor culpable de un robo insignificante. Ahora, la cámara se ubica puertas adentro del Pabellón 4 de una cárcel de máxima seguridad en las afueras de Buenos Aires. Allí, desde hace 7 años, Alberto Sarlo, abogado y escritor, lleva a cabo un proyecto que parece una quimera: enseñarles filosofía, literatura y boxeo a 52 presos, y quizás así puedan repensar sus vidas, su historia y, sobre todo, su futuro. Porque Sarlo apuesta a que el conocimiento y la capacidad de análisis seguramente sean más efectivos que la violencia y la tortura.

 

Hay otro protagonista en esta historia: Carlos “Kongo” Mena, un preso que recién salió en libertad y vuelve a la unidad penitenciaria como ayudante de Sarlo. Carlos también es un testimonio viviente de que existe la posibilidad de la redención, una persona que oficia de bisagra entre dos mundos, a la vez que encara varios proyectos propios ya reinsertado en la sociedad.

 

Pabellón 4 es un documental de observación que se transforma en una crónica del devenir diario del proyecto de Alberto Sarlo. Una cámara atenta, que no invade pero tampoco se mantiene distante, captura fragmentos de reuniones donde los internos y Sarlo hablan de Hegel, de Foucault, de Sartre, de Nietzsche, y también de escritores como Dostoievski y Voltaire. Discuten, cuestionan, analizan y sacan sus conclusiones. Piensan el mundo y se piensan a sí mismos. Por otra parte, escriben cuentos y relatos breves donde comparten sus experiencias carcelarias, sus temores y esperanzas, sus heridas y fortalezas. Así, de a poco, sin prisa ni pausa, Sarlo y los internos conforman un grupo de contención y de supervivencia afectiva y espiritual.

 

Tal como era el caso en Los cuerpos dóciles, aquí también los testimonios, las intervenciones y la participación en los debates tienen un tono espontáneo, natural, nunca forzado. Como si la cámara no existiera, un mundo entero toma forma y se despliega en todos sus matices. No es fácil lograr que los protagonistas de un  documental de esta naturaleza se sientan tan cómodos y relajados, sin embargo Gachassin sabe hacerse invisible. Sin dirigir la lectura del espectador, pero sin dejar su material a la deriva, el director revela un mundo casi desconocido por todos.

 

Algo parecido ocurría en Los cuerpos dóciles, una obra cuyos méritos estaban más bien en el orden de los contenidos y del punto de vista. Porque en términos formales era un documental un tanto precario, con un montaje áspero y una fotografía poco expresiva. Por eso es muy gratificante ver que en Pabellón 4 ese panorama ha cambiado significativamente. Acá la fotografía está más cuidada, tiene una estética prolija y narra desde sus texturas. Del mismo modo, el montaje es suave, casi no se notan las costuras y le da fluidez a todo el relato. Es una superación en la forma fílmica que se nota desde el primer plano.

 

Lo que no está del todo bien resuelto es la estructura narrativa. Porque ocurren dos cosas: son muchos los temas que se abordan y si bien están entrelazados, también es cierto que no se examinan con la profundidad que merecen. Porque, y éste es el segundo problema, lo que falta es un foco dramático más ceñido a lo esencial, una mirada menos dispersa. Hay escenas que merecen más desarrollo – agregar otras lecturas de cuentos podría dar un panorama más revelador del mundo interno de más participantes de esta experiencia tan singular – y también hay cierta progresión dramática que se interrumpe de tanto en tanto, creando algunos baches que quitan cohesión.

 

Pero, lo más importante, lo que hace la diferencia, es que Pabellón 4 tiene un inmenso valor afectivo, una perspectiva que observa y no juzga, y un acercamiento humanista que es digno de la experiencia tan compleja que retrata.

Pabellón 4. (Argentina, 2018) Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Diego Gachassin. Con Alberto Sarlo, Carlos “Kongo” Mena. Fotografía: Diego Gachassin. Sonido: Fernando Vega, Hernán Gerard. Montaje: Fernando Vega. Duración: 67 minutos.

 

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