Aterrados, de Demián Rugna

9/5/2018

Si bien el cine de terror argentino tiene cada vez más exponentes, con buenas intenciones e incluso con valores formales rescatables – uso expresivo y dramático de la fotografía para lograr climas  sugestivos, articuladas bandas de sonido para crear suspenso, efectos especiales efectivos para provocar algunos sustos – lo cierto es que rara vez aparecen películas que logren generar inquietud, tensión y, mucho menos, miedo. Sí, están cada vez mejor filmadas, pero no conmueven ni de casualidad. Son insípidas. Pero, muy de vez en cuando, hay verdaderas sorpresas. Y para bien.

 

Ése es el caso de Aterrados, la nueva película de Demián Rugna (La última entrada, No sabés con quién estás hablando), que sin ser una obra maestra ni mucho menos, sí satisface (y en ocasiones supera) buena parte de las expectativas que genera, es ocasionalmente perturbadora, tiene más de un par de sustos que realmente asustan, y da un poco de miedo. Rugna también co-dirigió ¡Malditos sean! con Fabián Forte, despareja película del 2011 que, aún con sus defectos, llegaba a buen puerto y mostraba a un director promisorio para el terror. Ahora la promesa se hizo realidad.

 

Las dos historias de Aterrados, simples pero impactantes, transcurren en un barrio del conurbano bonaerense, un lugar como tantos otros que, por motivos inexplicados, empieza a ser el escenario de extraños fenómenos paranormales. Dos son las muertes que anteceden el terror por venir. En un baño, una mujer muere cruelmente. Es un espectáculo dantesco, más sangre no puede haber. Y para saber qué pasó, a su esposo se lo lleva la policía. Después, hay un nene que muere en un violento accidente, es el hijo de una vecina. La madre queda devastada, los vecinos están espantados. Lo peor es que el nene, muerto y todo, va a volver. Es entonces cuando tres investigadores paranormales y un comisario visitan las casas del barrio para tratar de entender qué está pasando. Así pasan a ser testigos y protagonistas de una verdadera pesadilla.    

No conviene saber mucho más de la trama. Porque una de las cosas que Aterrados hace bien es construir un suspenso in crescendo usando con eficacia los elementos propios del género. Y después suelta las sorpresas, una por una, en el momento justo, bien a conciencia. Claro que también hay algunos momentos fallidos, pero ninguno es un desastre. Tampoco es grave, ni solemne, ni pretenciosa. A tono, el registro de las actuaciones es realista, los personajes tienen conductas creíbles, los diálogos no suenan falsos.

 

Nada de todo esto serviría para nada si la película no tuviese algo fundamental en el cine de terror: una atmósfera que haga palpable lo sobrenatural. Porque las puertas que se abren, los sonidos ominosos, los objetos que se mueven solos, los seres detrás de las ventanas, y las figuras extrañas que aparecen y desaparecen son parte de un universo escalofriante iluminado en tonos fríos, a veces oscuros, otras veces inesperadamente llamativos. Con luces duras, sombras profundas, y contraluces feroces se le va dando forma al espacio. Que siempre es amenazante, adentro y afuera. Del fuera de campo da cuenta la impecable banda sonora y, se sabe, lo que se imagina puede ser peor que lo que realmente es. O no.  

 

Lo que también es muy singular es que, aunque no renueve ni subvierta el género,  Rugna no hizo una copia sin vida de una fórmula. En cambio, Aterrados toma cosas que ya se sabe cómo funcionan, las pone en otro contexto, logra que tengan sentido, y hace que funcionen una vez más, casi como si fuera la primera vez. Uno sabe que vio mucho de esto antes, pero eso no importa en lo más mínimo. 

 

Lo que sí importa, y no es algo menor, es que el tercer acto funciona muy a medias. Porque la razón de ser del mal, el origen de todo el terror, no está a la altura de todo lo que vino antes. Es insustancial, no tiene cuerpo. No está bien construido, solo enunciado a las apuradas en el diálogo, en distintas escenas, como para cumplir en informar. Y aunque es imposible compensar con estilo lo que no hay en esencia, eso no quita que sí se pueda disfrutar, y mucho, de todo lo que está bien hecho. Que, dentro del panorama general del cine de terror local, es bastante más de lo que uno podía esperar. No por nada Aterrados ganó el premio a Mejor Película en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre.  

Aterrados (Argentina, 2017). Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Demián Rugna. Con Maxi Ghione, Norberto Gonzalo, Elvira Onetto, Demian Salomón, Agustín Rittano, George Lewis. Fotografía: Mariano Suárez. Montaje: Lionel Cornistein. Dirección de arte: María Laura Aguerrebehere. Sonido: Pablo Isola. Duración: 86 minutos. 

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