La película infinita, de Leandro Listorti

5/5/2018

“Este film es un intento por adentrarse en un mundo oscuro y abandonado donde yacen inertes imágenes que debían estar en movimiento y sonidos pensados para resonar por siempre, y escudriñar, buscar y traerlos a la luz”, dice el director de cine, programador, docente, restaurador y proyeccionista Leandro Listorti acerca de su nueva película, La película infinita, un film construido a partir de fragmentos de películas argentinas – planos aislados o escenas enteras o interrumpidas, o secuencias interrumpidas, con o sin sonido, en blanco y negro y en color – que, por diversos motivos, nunca fueron terminadas y cayeron en el olvido. Películas fantasmas, si se quiere. Una historia de lo que no fue.

 

Entre ellas están Zama (1984), de Nicolás Sarquís, El juicio de Dios (1979), de Hugo Fili, El eternauta (1968), de Hugo Gil, El ocio (1999), de Mariano Llinás y Agustín Mendilaharzu, La neutrónica explotó en Burzaco (1984), y  Sistema español (1988), de Martín Rejtman. Y tal como el propio Listorti ha declarado, su tarea se asemeja a la de un arqueólogo ya que busca desempolvar fragmentos de otro tiempo y recuperar algo de la oscuridad hacia la luz de una pantalla de cine. Una tarea que implica sacar del olvido, hacer visible, aquello que en algún momento iba a tener vida propia y eterna en la pantalla cinematográfica.


De un modo indirecto, la voluntad de luchar contra el olvido de Una película infinita se vincula con Los jóvenes muertos, el largometraje previo de Listorti acerca de 30 adolescentes que se suicidaron en la ciudad de Las Heras, Santa Cruz, desde fines de los 90’s en adelante. Un documental que, en vez de intentar establecer qué hizo que los jóvenes decidieran quitarse la vida, se focaliza en su ausencia y en el vacío que dejó sus muertes. De esa manera, ellos vuelven a estar presentes en la evocación y el discurso. Con procedimientos narrativos diferentes, en su nueva película Listorti se empeña en que esas películas ausentes e incompletas, eso que no fue y que se olvidó, también estén presentes y ahora existan. Aunque incompletas y con sus fragmentos encadenados en forma inconexa (aunque quizás no tanto) estas películas fantasmas ya habitan nuestro mundo.

 

Y si bien es verdad que cada espectador puede armar su propia película a partir de infinitas posibilidades, se podría decir que hay algunas huellas que hablan de una especie de historia. O, mejor dicho, de un universo con ciertas recurrencias temáticas. Hay imágenes de soledad, aislamiento, vacío. Hay una atmósfera desolada y melancólica con cielos muy grises y calles que parecen no llevar a ninguna parte. Y hay una sensación general de estar transitando un relato circular, sin principio ni final. Hay, también, una mujer que busca a un hombre (¿un cuerpo?),  militares, un prisionero, una escena que remite a la dictadura militar, y un asesinato (¿un ajusticiamiento?). Pero también desfilan muchas otras imágenes que contrastan con el tono y contenido de aquellas más oscuras y el efecto resultante es muy estimulante. Sobre todo, desconcertante. 


Es que lo que no hay nunca es linealidad, predictibilidad, clausura. Porque Una película infinita es, esencialmente, un viaje sin un sentido concreto, con muchas paradas y un destino incierto. Se la podría llamar un ensayo fílmico porque algo de eso tiene, quizás una obra de cine experimental, y para algunos puede ser un brillante ejercicio de montaje. O, más precisamente, todas esas cosas juntas y, a la vez, ninguna de ellas tal como se las conoce. Una película inclasificable.  

La película infinita (Argentina, 2018) Puntaje: 7

 

Dirigida por Leandro Listorti. Montaje: Felipe Guerrero. Diseño sonoro: Roberta Ainstein. Producida por Leandro Listorti y Paul Zyngierman. Duración: 54 min

 

 

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