Soldado, de Manuel Abramovich

28/4/2018

Soldado, la nueva película de Manuel Abramovich (La reina, Solar) es un documental que sigue los pasos de un joven cadete (Juan José González) a medida que comienza su entrenamiento en el Regimiento de Patricios. Una cámara siempre atenta y nunca invasiva registra todo lo que pasa: los exámenes de rutina, aprender a hacer la cama, las flexiones de brazo y las marchas, afinar instrumentos varios, aprender a hacer la venia, aprender a cuidar las botas, saber cómo manejar un arma, y unas cuantas cosas más.     

 

Como todo documental observacional, Soldado registra minuciosamente, sin editorializar, tanto el detalle singular como el marco general en el que está inserto. Así, se pueden trazar relaciones y asociaciones entre estos dos niveles, así se pueden construir sentidos, así se narra algo sin apelar a la palabra o la voz en off o al testimonio.

 

Y en esta película ocurre algo que, en alguna medida, es inesperado. Porque a medida que transcurre el entrenamiento Juan José parece estar cada vez más inseguro, más distante, más reticente a, efectivamente, ser parte del ejército. Lo que tiene sentido porque los dos motivos esenciales que hicieron que se anime a intentarlo son la necesidad de tener un trabajo y darle el gusto a su mamá. No se evidencia, en ningún momento, que haya un genuino deseo propio. De pasión no hay nada.

 

Que este estado de malestar del soldado se comunique a través de que la cámara capture sus gestos más sutiles, su mirada medio apagada, su titubear, sin que él se dé cuenta en ningún momento (o al menos eso parece) sí tiene su mérito, para nada menor. Habla de una capacidad por parte del realizador de estar presente en el momento, reconocer qué significa ese momento y representarlo de una manera directa pero no obvia. Por eso, en este pequeño drama interno que vive el protagonista hay una narrativa in crescendo que despierta interés y mantiene vivo al relato.

 

Pero no mucho más que eso. Se podría decir que la película también evidencia lo absurdo y mecánico del entrenamiento militar, pero eso ya es sabido. Entonces, no hay ahí ningún descubrimiento. Y en un documental, aún en los de observación que proponen una mirada considerablemente neutra, es bueno que sí se encuentre y se muestre algo que antes no se conocía. Revelar eso que está oculto es un objetivo primordial. La otra opción es mostrar lo conocido con recursos que, de uno u otro modo, signifiquen algún tipo de innovación formal en tanto lenguaje cinematográfico.  Aunque también es verdad que innovar o no innovar es una elección personal que merece ser respetada, cada cual sabe cuándo hacerlo y cuándo no. Es un punto debatible.

 

Lo que no va a debate es que Soldado sí hace un muy buen uso del trabajo de cámara, la composición del plano y el montaje. Claro que siempre dentro de los lineamientos de un lenguaje convencional que responde a una fórmula muy bien ejecutada. No se puede negar que es una película prolija, efectiva y con un muy buen ritmo. El control formal es extremo y sin embargo nunca se siente rígida.  

 

Y el viaje que hace el protagonista a visitar a su madre en su casa en Corrientes despliega un par de temas, de preguntas, que hasta ese momento estaban en un fuera de campo. Es un viaje que suma emociones a flor de piel y sentimientos más profundos. 

Soldado (Argentina, 2017).

 

Escrita, dirigida y fotografiada por Manuel Abramovich. Montaje: Anita Remón. Sonido: Sofía Straface. Duración: 73 minutos. Puntaje: 7

 

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