Visages Villages, de Agnès Varda

5/4/2018

Creo que Agnès Varda ha filmado mejores documentales que Visages Villages – por ejemplo, Les glaneurs et la glaneuse y Las playas de Agnès son más complejos y tienen más capas. Incluso muchas de sus ficciones también están un par de escalones más arriba. Por eso me parece que el hecho que Visages Villages haya sido nominado al Oscar a Mejor Documental – después de recibir sendos premios internacionales – es más una merecida distinción por toda su carrera que un justo reconocimiento a este documental en particular. Pero eso no tiene nada de malo. Porque Varda, figura clave de la Nouvelle Vague, sin duda se merece ser distinguida. 

 

Escrito y dirigido con el fotógrafo y muralista J.R., Visages Villages se origina en el 2015, cuando los dos artistas decidieron trabajar juntos en un proyecto que homenajeara y pusiera en primer plano a los habitantes de la Francia rural, léase agricultores, mineros, granjeros, gastronómicos, operarios de fábricas, y a las mujeres que los acompañan, auténticas protagonistas de historias que no suelen ser contadas.

 

Como si fuera una road movie, Varda y J.R. recorren el país en camioneta y van conociendo a distintas personas, todas de vidas comunes y corrientes, a quienes fotografían desde una mirada afectuosa y respetuosa. De esas fotos se hacen gigantografías en blanco y negro que se pegan en las paredes de casas, edificios y otros lugares de la comunidad. Las imágenes no son arbitrarias, su ubicación tampoco, y los sentidos que se pueden construir a partir de la yuxtaposición permiten lecturas varias sin caer en una polisemia facilista. No hay nada decorativo per se, pero sí mucha poesía y arte visual.

 

No hay, tampoco, nada necesariamente periodístico en las preguntas de los realizadores y las respuestas de los lugareños, no se trata de trazar un panorama social en un sentido estricto. Pero sí hay una mirada humanista, intimista, personal. Y desde esa mirada sí se proyecta una dimensión social que usualmente carece de visibilidad. Por algo el documental se propone que los rostros de estas personas no caigan en el agujero de la memoria. Y lo hace de una manera celebratoria y vital. Tan vital como se la ve a Varda a sus 88 años, siempre en movimiento y nunca desesperanzada.

 

Visages Villages también nos lleva al puerto de Le Havre, a las playas de Normandía, a lugares inesperados y, eventualmente, a la casa de Jean-Luc Godard – pero no se puede entrar, parecería que él no está. Es una película que va encontrando su destino, si es que lo tiene, recién sobre la marcha. O quizás su destino sea, justamente, la marcha. Que el viaje es placentero, eso es seguro. Y que hay paradas deslumbrantes en su belleza visual y su sentido dramático, eso también es cierto. Y que está todo filmado con una maestría inigualable, claro que sí. No por nada Varda es quien es.

 

Sin embargo, a diferencia de otros documentales de la realizadora, éste tiene cierta delgadez en su narrativa y no suficiente sustancia dramática como para ser memorable como un todo. Muchas de sus partes son sobresalientes, pero cuando están todas juntas el retrato general tiende a no ser tan impactante. Claro que en manos de Varda hasta la anécdota es encantadora. Pero no por eso deja de ser todo lo bueno lo que es.  

 

Visages Villages (Francia, 2017). Puntaje: 8

 

Guión y dirección: Agnès Varda y JR. Fotografía: Romain Le Bonniec, Claire Duguet, Nicolas Guicheteau, Roberto De Angelis, Julia Fabry, Raphaël Minnesota y Valentin Vignet. Música: Matthieu Chedid. Edición: Maxime Pozzi-Garcia y Agnès Varda. Duración: 89 minutos.

 

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