Entre viñedos, de Cédric Klapisch

20/3/2018

Jean (Pio Marmai) abandonó Borgoña, sus tierras y sus viñedos hace 10 años. Ahora vive en Australia, en pareja y con un hijo chico. La relación amorosa no está atravesando el mejor de los momentos, Jean no se da cuenta de aún sigue enamorado de su novia o si ella lo está de él. Pero sí sabe que su hijo probablemente sea lo que más le importa en el mundo. Lo que no sabe es qué hacer para cambiar su vida.

 

Hasta que inesperadamente recibe la noticia de que su padre está gravemente enfermo y seguramente le quedan pocos días de vida. Por eso decide volver a la tierra de su infancia para verlo por última vez. Así, también se reencuentra con su hermana Juliette (Ana Girardot) y su hermano Jérémie (François Civil), que hoy administran los viñedos y la finca familiar. Es obvio que pronto saldrán a la luz viejas discusiones, resentimientos varios y pases de facturas, pero también hay recuerdos luminosos, momentos de inusitada afectividad y nuevas oportunidades para enmendar errores. Y también es el momento de tomar decisiones complejas acerca de la vendimia, las propiedades y una herencia. Y todo tiene su precio.  

 

A lo largo de un año entero, mientras las estaciones se suceden con sus propios ritmos, los tres hermanos rearman su familia, sus insatisfactorios presentes, y apuestan al poder del cambio frente al adormecimiento de la rutina. No con poco esfuerzo empiezan a ser otros sin dejar de ser los mismos.

 

Entre viñedos, escrita por Cédric Klapisch y co-escrita con el argentino Santiago Amigorena, no es precisamente impredecible. Tanto la muerte de un padre como el retorno del hijo no pródigo son temas bien conocidos y aquí no hay voluntad de innovar mucho en el tratamiento. De hecho, el abordaje es bastante genérico, con más de un puñado de lugares comunes y un arco dramático bastante formulaico. Incluso los mismos diálogos suenan familiares.

 

Sin embargo, dentro de su convencionalismo, es una película dirigida con profesionalismo, construye una muy verosímil relación de hermanos, transmite una sensación de honestidad emocional no muy fácil de conseguir y tiene un par de escenas sobresalientes. Particularmente, es en los aspectos más intimistas donde Entre viñedos funciona mejor. Porque no es nunca grave, ni pretenciosa, ni ejemplificadora acerca de nada. Hay algo de comedia, también, que está bien dosificada y se entrelaza sin asperezas dentro del drama. Por eso el todo resulta creíble.   

 

Es verdad que se puede cuestionar su estética con voluntad de preciosismo (más que nada en lo que hace a todo el proceso de la vendimia y al retrato de ese mundo), pero no por eso deja de ser efectiva en mostrar los colores, las sombras, y el pulso peculiar de un mundo en perpetua transformación. Pero no hay que pedirle mucho más que esto a una película que funciona dentro de un molde en que, para bien y para mal, nada va a quedar marcado en la memora. Ni por ser brillante ni por ser un desastre. Lo que se diría  un correcto término medio.

 

 Entre viñedos (Ce qui nous lie, Francia, 2017). Puntaje: 6

 

Dirigida por Cédric Klapisch. Escrita por Santiago Amigorena, Cédric Klapisch. Con Pio Marmaï, Ana Girardot, François Civil, Jean-Marc Roulot, María Valverde, Karidja Toure, Yamée Couture, Florence Pernel, Eric Caravaca, Jean-Marie Winling. Fotografía: Alexis Kavyrchine. Música: Loïc Dury, Christophe Minck. Duración: 113 minutos.

 

  

 

 

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