Tres anuncios por un crimen, de Martin McDonagh

28/1/2018

Si un director mediocre, o incluso uno moderadamente competente, realiza una película con una premisa tan repetida como “la violencia engendra más violencia”, muy probablemente la película termine siendo, a pesar de las buenas intenciones,  innecesaria. Esencialmente porque esa idea se auto explica con facilidad y porque volver a decir eso no sorprendería a nadie. Sería como hacer una película para decir “la guerra es terrible”. Nada que no supiéramos antes de entrar al cine.

 

Pero si, por el contrario, un realizador inteligente toma esta noción solo como punto de partida y después la desarrolla entrando en sus vericuetos más ocultos e impensados, si analiza cómo son los caminos y recorridos de la violencia social e individual (que no pueden sino estar conectadas) y si se propone decir algo nuevo sobre eso, entonces muy probablemente la película sea más que digna de atención, posiblemente muy perspicaz, e incluso memorable.

 

Ése es, exactamente, el caso de Tres anuncios por un crimen, la tercera película de Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, Sie7e psicópatas), que tiene 7 nominaciones para los Oscars, incluyendo mejor película, mejor guión, mejor actriz principal para Frances McDormand, y mejor actor secundario para Woody Harrelson y también para Sam Rockwell. A lo que se le suman los numerosos premios que obtuvo hasta ahora, incluyendo 4 Golden Globe y los premios del público en los festivales de San Sebastián y Toronto. Pero lo más importante es que esta vez tantos galardones sí le hacen justicia a la película.

 

De los detalles de la trama mejor conocer poco. Basta con saber que Mildred Hayes (Frances McDormand) es una mujer que vive en Ebbing, Missouri, se divorció hace poco tiempo y perdió a su hija adolescente, Angela, hace casi un año, a raíz de un crimen de lo más aberrante: fue violada mientras era asesinada. No hubo ningún rastro de ADN, ningún sospechoso, ningún arresto. Y ahora el caso está ya casi olvidado. Pero Mildred no se va a quedar esperando sentada.

 

En cambio, para llamar la atención de la gente y de los medios e intentar activar la investigación, alquila tres grandes letreros publicitarios al costado de una ruta de entrada al pueblo y desde esos carteles increpa al comisario (Woody Harrelson) acerca de por qué el crimen sigue impune. Es decir, formula preguntas incómodas y sin respuestas. Y eso no le gusta a nadie en ningún lado.

 

Con un drama como éste, Hollywood haría una película en la que la búsqueda de la justicia estaría en manos de una madre sufriente que apela a todos los recursos y a toda la ayuda posible, casi siempre dentro de un marco legal, para conseguir su objetivo. Su protagonista sería una mujer víctima del sistema que eventualmente encuentra un modo de vencerlo de un modo políticamente correcto y predecible. Pero esta vez Hollywood hizo todo lo contrario. Hizo una película realista. 

Porque Mildred es muchas cosas excepto pacífica, moderada o mediadora. Eso tampoco quiere decir que busque reemplazar justicia por venganza (aunque el guión  juega un poco, y muy bien, con esta posibilidad). Es que McDonagh respeta a su protagonista porque respeta y comprende su frustración, su furia, su violencia. Y hasta se podría decir que la avala (y esto no es poca cosa). Al mismo tiempo señala que toda acción tiene sus consecuencias (con frecuencia contraproducentes) y que muchas veces hasta las acciones más reprobables son inevitables. Y que se hace lo que se puede, para bien y para mal, a propósito o sin querer. Dicho de otro modo: aquí no se simplifica en lo más mínimo una situación que es compleja por donde se la mire. Y el final feliz brilla por su ausencia.  Porque en este contexto sería obsceno.

 

Astutamente, Tres anuncios por un crimen no demoniza a “los malos”, léase la policía cómplice en su ineficacia y desinterés, un policía bastante desagradable (Sam Rockwell, deslumbrante) pero que también tiene su propio tormento, un comisario (Woody Harrelson, impecable) atravesando un momento personal muy difícil, y todo un pueblo que hace de la indiferencia un estilo de vida. Si los demonizara, sería imposible mostrar que, por ejemplo, la misoginia, la homofobia y el machismo están sostenidos por personas comunes y corrientes. Estas miserias, que salen a relucir a través de la anécdota del crimen y sus repercusiones, corren el velo de una Norteamérica que de luminosa no tiene mucho, pero de oscuridad absoluta tampoco.

 

Más arriesgado todavía es introducir ribetes, y no pocos, de comedia ácida y sarcástica dentro de este drama. Cuando tantos otros directores apostarían por una falsa trascendencia y no poca gravedad, McDonagh elige olvidarse de toda solemnidad y ser bien impertinente, incluso burlón. Un modo de la comedia a la manera de los hermanos Coen para, entre otras cosas, juzgar el conservadurismo patético y reaccionario de los pueblitos sureños. Aunque la problemática, en esencia, no es exclusiva de ninguna geografía en particular.

 

Como la cereza de la torta, Frances McDormand confirma una vez más que es una actriz excepcional a la que se le cree todo y con quien se empatiza hasta en las instancias más dudosas moralmente. Su Mildred cree tener todo más o menos calculado y sin embargo cuando pasan cosas ni remotamente imaginadas tiene una crisis de conciencia que no puede ser más auténtica. A pesar de sus contradicciones, o tal vez gracias a ellas, se convierte en una heroína que en algún momento tiene que parar, retroceder, volver a examinar todo el escenario y dar una vuelta de página.

 

Porque es fácil ver la violencia cuando es tan atroz y está tan expuesta. Pero lo que no tiene nada de fácil es ver todo el recorrido oculto, todo lo que subyace detrás de los gestos evidentes, toda la gran maraña que termina enredando a todos. Cuando eso se revela ya nada vuelve a ser como antes. Tal vez nada nunca fue como “antes”. De hecho, ese calmo pasado antes de la tragedia no era tal porque claramente contenía el germen  del infierno por venir.   

Tres anuncios por un crimen / Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (EEUU, Reino Unido, 2017) Puntaje: 9

 

Escrita y dirigida por Martin McDonagh. Con Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Peter Dinklage, Lucas Hedges, Abbie Cornish, Caleb Landry Jones, Zeljko Ivanek, John Hawkes. Fotografía: Ben Davies. Música: Carter Burwell. Montaje: John Gregory. Duración: 115 minutos.

 

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