La rueda de la maravilla, de Woody Allen

21/1/2018

La interpretación de Kate Winslet como Ginny, actriz frustrada y esposa infeliz a punto de cumplir 40 años, tiene momentos magistrales. En menor medida, también se luce Juno Temple como Carolina, la hija del marido de Humpty (un empleado de un parque de diversiones interpretado por un apenas correcto Jim Belushi), que huye de un par de mafiosos que quieren matarla. Por otra parte, el diseño de producción de Santo Loquasto que recrea la Coney Island de los ‘50 es subyugante y la fotografía del legendario Vittorio Storaro es bellísima. No es poco. Pero no es suficiente como para que La rueda de la maravilla trascienda. Lo que a esta altura no debería sorprender porque hace ya un buen tiempo que Woody Allen no hace una gran película – Matchpoint y Blue Jasmine serían lo mejor de su producción de los últimos 15 años, pero tampoco están a la altura de sus mejores películas.


En La rueda de la maravilla las historias de soledad y desamor de Ginny y Carolina se unen (para mal) a través del deseo por Mickey, un atractivo y joven guardavidas que quiere ser poeta y dramaturgo. Lo interpreta Justin Timberlake y por más esfuerzos que haga a duras penas da en la tecla con la esencia del personaje, que ya de por sí está pobremente desarrollado (¿es enamoradizo e inocente?¿es un manejador de primera línea? ¿es genuino cuando se enamora?). Entonces, tenemos un triángulo amoroso, una especie de melodrama, algo de comedia, unos ribetes de policial y un poco de drama bien oscuro.  Y nada funciona del todo bien.

 
Fundamentalmente, por problemas de dramaturgia. No porque la forma sea casi la de una obra de teatro y porque la puesta en escena sea convencionalmente teatral. No pasa por ahí. Eso, en sí mismo, no es un problema. Lo que sí lo es que los temas centrales – la pérdida de la juventud, la vida que se quiso tener y la que finalmente se tuvo, la fantasía de poder cambiarlo todo y empezar de nuevo, lo impredecible del amor, la razón versus los sentimientos, la pérdida súbita de la felicidad – están demasiado visibles y ya fueron explorados decenas de veces por Allen. Por eso acá son simplemente regurgitados sin una nueva mirada. 


Cuando el texto todo lo explica y en consecuencia el subtexto es prácticamente inexistente, cuando se sabe perfectamente qué les pasa a los personajes porque ellos mismos lo enuncian todo el tiempo, cuando no hay lugar para la sorpresa y la ambigüedad, entonces el drama pierde carnadura, profundidad, impacto. En este panorama las afinadas actuaciones de Winslet y Temple son todavía más valiosas: porque agregan matices para compensar el relativo esquematismo de sus personajes. Así hay unos cuantos momentos en algunas escenas que sí son impactantes. Y entonces La rueda de la maravilla no descarrilla por completo. 


El mejor Allen dejaba en sus películas sentidos por descubrir y proponía interpretaciones con muchos tonos. El peor Allen se encarga de que siempre quede bien claro qué es lo que la película quiere decir y para lograr eso hay que apuntar mucho más bajo.  Aún con sus posibles fallas por pecar de ambiciosas, las películas del mejor Allen son las que se pueden volver a ver una y otra vez. Las otras se olvidan. 


La Rueda de la Maravilla (Wonder Wheel, EEUU, 2017). Puntaje: 5


Escrita y dirigida por Woody Allen. Con Kate Winslet, Justin Timberlake, Juno Temple, Jim Belushi, Max Casella. Fotografía: Vittorio Storaro. Montaje: Alisa Lepselter. Duración: 101 minutos. 

 

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