The Disaster Artist

31/12/2017

Siempre se dice que Plan 9 from Outer Space (1959), de Ed Wood, es la peor película de la historia del cine. Pero no es tan así. Porque este clásico de culto de ciencia ficción no deja de tener un atractivo camp, cierto encanto en su calidad de berreta. Es lo que se llama un placer culpable, en todo caso. Por eso hay que quererla como es, con todas sus imperfecciones, que son infinitas.

 

Y más todavía hay que querer al director, a quien Tim Burton homenajeó en una de sus mejores películas, léase Ed Wood (1994), donde muestra parte del rodaje de Plan 9 from Outer Space y también del de Glen or Glenda (1953), otro clásico de Wood. Pero lo esencial para Burton no son los rodajes, sino trazar un retrato de un cineasta apasionado, generoso y muy convencido de que sabe hacer películas que van a gustar mucho. Un artista ingenuo que cree en su visión a rajatabla, aún cuando todo a su alrededor muestra que es incapaz de hacer una buena película.

 

Lo mismo puede decirse de Tommy Wiseau, un misterioso y excéntrico aspirante a actor y cineasta sin experiencia previa que, fortuna personal mediante, se las arregló para dirigir y protagonizar su única película, The Room (2003), convencido de que estaba haciendo una obra maestra al nivel dramático de Tennessee Williams, uno de sus referentes.

 

Como era de esperar, ni bien se estrenó fue vapuleada por la crítica y el público, duró apenas unos días en cartelera y se ganó el título de ser El ciudadano de las películas malas, es decir la peor de todas. Lo que no era de esperar (o sí) es que en no mucho tiempo se convirtió en una película de culto que hasta hoy se exhibe regularmente en funciones de medianoche en todo Estados Unidos, con un público fiel que se viste como los personajes, tira elementos de utilería a la pantalla mientras recita todas las líneas de los diálogos (como ocurre con The Rocky Horror Picture Show).

Y ahora The Room tiene una pequeña gran película que le rinde homenaje: The Disaster Artist, dirigida por James Franco, quien también encarna a Tommy Wiseau, mientras que su hermano, Dave Franco, interpreta a Greg Sestero, otro aspirante a actor que Wiseau conoció en una clase de teatro y con quien co-protagonizó The Room. Más importante que la relación profesional que los unió fue el vínculo personal que establecieron: Tommy encontró en Greg a un gran amigo, a esa persona invalorable que lo acompañó en su viaje a Hollywood para que sus sueños compartidos se hicieran realidad.

 

The Disaster Artist está adaptada del libro The Disaster Artist: My Life Inside The Room, escrito por el propio Greg Sestero, por lo cual se podría pensar que la crónica de los acontecimientos – las vicisitudes de la amistad, la filmación de The Room, los incidentes fuera del rodaje – debe ser relativamente precisa, lo que parece muy raro dado lo cómico y desmesurado de muchas cosas que pasan. Porque, en general, la línea que separa lo incoherente de lo delirante ya es, de por sí, delgada. Pero en The Disaster Artist se hace aún más fina y el efecto que resulta es tan gracioso como conmovedor. Sí, conmovedor.

 

¿Cómo una persona como Tommy Wiseau puede no ser conmovedora? ¿Cómo alguien como Ed Wood puede no ser enternecedor? ¿Cómo no admirarlos? Estos artistas sin talento tienen los mismos sueños que tantos otros artistas con talento: expresarse creando mundos, contar historias que atrapen, llegar al corazón de la gente. Miran el mundo con ojos ingenuos, aunque el mundo no los mire con los mismos ojos.

 

Porque Tommy Wiseau no es solamente un hombre de edad desconocida y de alma juvenil con una fortuna que no se sabe de dónde sale que está enamorado de sus sueños y que se siente un artista iluminado. Él es más que eso. Él es eso que siente que es. Lo que no significa que sea un psicótico. Por suerte, esta categoría clínica no aplica en esta película acerca de afectos y pasiones.

 

Mejor es pensar que Wiseau logra desconectarse apenas lo suficiente de la realidad externa y de la mirada del otro para así poder conectarse con su realidad interna y su propia mirada. Que circula en un mundo propio sin ningún reparo. Algo que muchos de nosotros queremos hacer más seguido y que no muchas veces nos sale bien. Por eso, la libertad con la que Wiseau vive es muy valiosa. Claro que incluye, también, su cuota de sufrimiento. Por eso todo es tan real aún dentro de lo aparentemente inverosímil. Y por eso conmueve tanto. 

Sin duda, las interpretaciones de los dos hermanos Franco son impecables (también las del resto de un elenco muy convincente), pero quizás es James el que hace un trabajo más complicado ya que Tommy está, varias veces, al borde del ridículo, al filo del grotesco. De hecho, podría haber sido mal entendido como un pobre tonto que da lástima. Y eso hubiera sido un error imperdonable. Pero Franco se dio cuenta de eso y, en cambio, puso todo su oficio al servicio de crear un personaje con matices, transparente y opaco a la vez, mayormente adorable pero también un poco insoportable. Intenso es quizás la palabra que mejor lo define.

 

E intensa también es The Disaster Artist. Es ágil, es muy cómica, es muy efectiva. Tiene el timing de las mejores comedias y también el drama liviano que le da contrapeso. Tiene una impresión de realidad muy pregnante, una sensación de honestidad muy inmediata. Por momentos parece un pseudo documental, cámara en mano, que todo lo registra fielmente, pero no un documental distante y objetivo, sino uno cercano que mira con cariño. Una película tan vital como su antihéroe.

 

Y también parece, aunque no sea más que una impresión, que todos los que la hicieron se divirtieron mucho al filmarla. Quizás por eso uno se siente medio cómplice riéndose de ellos y con ellos, sentado en la oscuridad y con los ojos fijos en la pantalla que muestra un mundo en el que dan ganas de estar. Eso no pasa muy seguido. Menos con películas sobre malas películas o malos cineastas, que pueden llegar a ser lacerantes.

 

Pero Burton logró plasmar lo luminoso en Ed Wood, y ahora Franco lo hace en The Disaster Artist. Si sumamos Planet 9 from Outer Space y The Room, las dos peores películas de la historia del cine que de tan malas que son ya pasan a ser buenas, entonces tenemos programa para un fin de semana de placer cinéfilo absoluto.

 

The Disaster Artist (Estados Unidos/2017). Puntaje: 8

 

Dirigida por James Franco. Escrita por Scott Neustadter, Michael H. Weber, basada en el libro The Disaster Artist: My Life Inside The Room, de Greg Sestero y Tom Bissell. Con James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Judd Apatow, Hannibal Burress, Jerrod Carmichael, Bryan Cranston, Zoey Deutch, Zac Efron, Nathan Fielder, Ari Graynor, Melanie Griffith, Josh Hutcherson, Jason Mantzoukas, Christopher Mintz-Plasse, Megan Mullally, Paul Scheer, Sharon Stone, Jacki Weaver. Fotografía: Brandon Trost. Montaje: Stacey Schroeder. Música: Dave Porter. Duración: 104 minutos.

 

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