The Square, de Ruben Östlund

23/11/2017

"Extraño es ver, perdido, disperso, en el espacio, todo aquello que estuvo unido"

                                                                                                        Rainer Maria Rilke

                         “                                                                                                                    

Estocolmo, ciudad vertiginosa como tantas, donde también la indigencia anima las calles, donde nadie repara en nadie, donde nadie plantea cambiar sus valores. Allí se desarrolla The Square, producción que volvió a poner al cine sueco en lo más alto de la cinematografía mundial al ganar la Palma de Oro en la 70 edición de Cannes.

 

Ruben Östlund, el galardonado director, nacido en Gotemburgo, posará su mirada en el mundo del arte y lo someterá a una disección lapidaria. Östlund se hizo mundialmente conocido con Fuerza mayor (2014), la que resulta su obra más redonda, un drama circunscripto al seno de una familia y a la aparente armonía de un matrimonio. Ya en Involuntario (2008), sondeaba el poder que el grupo ejerce sobre el individuo, y en Play (2011) ahondaba en los prejuicios raciales de una Suecia a la que mostraba en su rostro más oculto. El neocapitalismo, la discriminación, el bullying, las conductas pasivas frente al atropello, son los temas que el director sueco presenta como la gran amenaza social.

 

Los primeros planos que abren el film nos presentan al curador de un importante museo. Cristian despierta de un descanso y luego responde una entrevista en la que, sin ruborizarse, colocará al arte en la esfera del negocio, allí donde el dinero y el poder son los patrones absolutos que animan a todos y cada uno de los actores sociales. Más tarde, un hombre con aires simiescos aparecerá detrás de una inmensa pantalla instalada en una de las salas del museo; apenas se mueve y emite raros sonidos, pero este personaje será de vital importancia ya que aparecerá más tarde y será el encargado de desatar el caos y el temor en un importante evento.

 

Y he aquí el disparador: Cristian y una segunda alma solidaria -especie en extinción- colaboran con una desahuciada joven que está siendo perseguida y grita en plena calle. Luego la joven desaparece, quedan los dos hombres exhaustos después de haberle protegido mientras que a Cristian le roban la billetera y el celular sin que los espectadores tengamos la posibilidad de advertir a los hábiles punguistas en acción. A partir de este momento quedará obsesionado con encontrar los objetos que le fueron robados, llevando a cabo un extraño plan que pondrá en peligro su estabilidad, emocional y laboral.

 

El abismo en que esta situación lo coloca (un plano al borde de las escaleras le sirve a Östlund como metáfora), es el de una sociedad cuyos valores se derrumban y tiende a regirse por las leyes de la selva, por eso en la propuesta de Östlund todo circula con normalidad hasta que se instala una atmósfera extraña, turbia, amenazante.

 

Valiéndose del montaje, con intensos y abruptos cortes, el cineasta presenta una sociedad con altas dosis de esquizofrenia: fotogramas de indigentes durmiendo en las calles (lienzos que podrían estar colgados en el museo), alternados con la presencia de los burgueses benefactores del mundo del arte (copa de champagne en mano) que escuchan, con desatención evidente, la nueva propuesta que el curador del museo, presenta con orgullo: “The square es un santuario de confianza y afecto. Dentro de él todos tenemos los mismos derechos y obligaciones”. Esta obra desafiante, un espacio cuadrado que se monta en el museo y da título al film, se atribuye a Lola Arias, actriz y artista plástica argentina (a quién se menciona con insistencia, aunque que ella sea la autora es simplemente una idea de Östlund).

 

Es un hecho que a The square  le sobran varios minutos, que quiere abarcar demasiado y que, posiblemente, la palma más prestigiosa del planeta le quede un poco grande. Pero esta fábula misántropa que tiene mucho de incorrecta y excesiva, cuenta con un valioso casting (encabezado con absoluta solidez por el danés Claes Bang como Cristian), que acierta el tono entre tragicómico y grotesco que le permite a Östlund auscultar la sociedad moderna, jungla donde seguramente se la pasará mal, sobre todo si a alguien se le ocurre mirar a otro, y ni hablar, si se detiene a socorrerlo. 

 

El impacto, la sorpresa, lo espontáneo como abyecto, son los elementos fuertes de la propuesta del sueco. Solo la fuerza de los niños (que irán apareciendo y ganando cuadro escandalizados por el devenir del mundo adulto que baila al compás de los primates) parece contrarrestar la habitual ferocidad y pesimismo del cineasta quién transforma este cuadrado en una posible esperanza. El protagonista se detiene a mirar a su alrededor, a juzgar su comportamiento egoísta igual al de todos los demás y por un momento, a renunciar a su soberbia.

 

Será la mirada de esos niños la que apunte hacia un mundo nuevo donde tal vez, la sociedad esté integrada, donde tal vez, se oculte cierta belleza, donde tal vez, y parafraseando nuevamente a Rilke, lo hostil no sea lo más próximo a lo nuestro

The Square (Suecia-Dinamarca-Alemania-Francia/2017). Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Ruben Östlund. Con Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø. Fotografía: Fredrik Wenzel. Montaje: Jacob Secher Schulsinger, Ruben Östlund. Diseño de producción: Josefin Åsberg. Duración: 142 minutos.

 

 

 

 

 

 

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