Asesinato en el Expreso de Oriente

12/11/2017

Que Ingrid Bergman haya ganado un Oscar a Mejor Actriz de Reparto por su caricatura de fanática religiosa en la versión original de Asesinato en el Expreso de Oriente (1974) es solamente uno de los tantos sinsentidos ligados a esa tediosa adaptación cinematográfica de la emblemática novela de Agatha Christie – que, dicho sea de paso, está lejos de ser una de sus mejores obras. Claramente, la película tampoco está entre las mejores de Sidney Lumet, que intentó infructuosamente darle vida a un guión sin un ápice de imaginación a través de una puesta en escena y una dirección de actores, también, sin un ápice de imaginación. Coherencia absoluta, pero para mal.


Y no solo Ingrid Bergman queda muy mal parada. También el resto de un elenco de estrellas, que incluye a Lauren Bacall, Martin Balsam, Jacqueline Bisset, Jean-Pierre Cassel, Sean Connery, Sir John Gielgud, Wendy Hilller, Anthony Perkins, Vanessa Redgrave, Rachel Roberts, Richard Widmark, y Michael York, es puro desperdicio. Todos más que talentosos intérpretes y todos totalmente desaprovechados. Bisset y Redgrave, por ejemplo, apenas tienen un par de escenas con diálogo en toda la película. Algo similar, en mayor o menor medida, pasa con el resto de los actores que aparecen y desaparecen mecánicamente para tratar de cumplir sus papeles de misteriosos sospechosos del feroz asesinato de un feroz asesino a bordo del lujoso Expreso de Oriente que quedó detenido en la nieve por una avalancha en un día fatídico de 1934.

 

Obviamente, Albert Finney como el famoso detective belga Hercule Poirot sí tiene diálogo, pero demasiado. Tiene todo el que no tienen los demás y más del que tiene en la novela. Más el diálogo que acompaña a los flashbacks de rigor, siempre tan explicados. Con  razón que no queda nada de tiempo ni espacio para construir el clima de misterio.

Es que como bien señaló el legendario crítico norteamericano Andrew Sarris en The Village Voice en ocasión del estreno de la película en 1974, el encanto de un asesinato misterioso no tiene que ver con los detalles en sí mismos, sino con el descubrimiento de esos detalles por parte del intelecto, y ni siquiera con el descubrimiento en sí mismo, sino más precisamente con el modo de comunicar ese descubrimiento. Por eso, dice Sarris, las películas de asesinatos misteriosos menos exitosas son las que se concentran en las pistas en vez de en los personajes. Porque el mundo de la historia detectivesca no es, al fin y al cabo, un mundo de cosas, sino un mundo de enunciados acerca de las cosas, es un mundo de palabras en vez de un mundo de imágenes. 


Sarris, que destruyó la película en su incisiva crítica, no podría haber tenido más razón. De estar vivo hoy podría decir exactamente lo mismo de la innecesaria remake de Kenneth Branagh, que se da el lujo de repetir todos los errores de la original y agregar otros nuevos. Porque, digámoslo de una vez, la versión 2017 de Asesinato en el Expreso de Oriente es tan mala o peor que la original. 

En vez del elenco de estrellas del Hollywood de la versión de Lumet, las estrellas de Branagh son un poco más terrenales, no tienen ese glamour. No cabe duda de que son todos buenos o muy buenos actores y actrices, pero nadie se daría cuenta de eso viendo esta película – aunque es cierto que Michelle Pfeiffer tiene momentos de fulgor y, a veces, su personaje está vivo. Todos los demás están más duros que rulo de estatua. Siempre. Y estamos hablando de Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Penélope Cruz, y Derek Jacobi, entre otros. 


De hecho, más que personajes son actantes. Porque lo único que hacen es aparecer y desaparecer, intermitente y desparejamente, para decir sus líneas y después volver a ser parte del montón. Porque no tienen la carnadura ni la densidad ni la afectividad que cualquier personaje tiene que tener, más todavía los de un misterio como éste. No tienen particularidades más que las proporcionadas por sus acentos, su vestuario, sus gestos ensayados y  sus expresiones forzadas. ¿Por qué preocuparnos por ellos si prácticamente no existen?

 

Por otra parte, el Poirot interpretado por Branagh es absolutamente irritante, empezando por su bigote tan absurdo (sí, el bigote es un rasgo distintivo del famoso detective belga, pero su bigote acá es bien de payaso). Con un sentido del humor con voluntad de ser sofisticado, este Poirot no es, ni por asomo, el que construyó Agatha Christie. Porque Poirot nunca fue un tonto, se hacía el tonto cuando le convenía, pero en esta película es muy difícil ver la diferencia, si es que la hay. Se podría decir que el único que le hizo justicia, al menos en parte, fue el Poirot de Peter Ustinov en Muerte en el Nilo (John Guillermin, 1978). Lamentablemente, la película fue otro intento fallido, como El diablo bajo el sol (Guy Hamilton, 1982). Aunque todas, con la de Lumet a la cabeza, fueron considerablemente taquilleras. Pero la que convoca es Agatha Christie. Que eso quede claro.

Volviendo al Expreso de Oriente versión 2017. Que sea una pieza de cámara no significa que tenga que ser tan, pero tan estática. Como Lumet, Branagh tiene una puesta de cámaras totalmente inexpresiva, sin vuelo alguno, sin capacidad de extraer nada singular del drama que registra en modo automático. Y cuando realmente elige mover la cámara es cuando lleva el drama afuera del tren, un poco antes del final, como para airear el escenario. Pero ya es tarde. Y, aparte, las secuencias de acción en la nieve parecen sacadas de otra película, no entran en el registro de esta historia.El talentoso Haris Zambarloukos es el director de fotografía y técnicamente el trabajo que hace es impecable. Incluso, cada tanto, hay algún que otro plano o movimiento de cámara que rompe la insoportable monotonía general. Pero con eso no alcanza para que este Expreso de Oriente, que más que expreso es un mamut, acelere el paso. 


Por eso, frente a una cámara que no dice nada, todo está dicho, varias veces, a través del diálogo. O, mejor dicho, a través de la palabra hablada a cargo de Poirot. Casi que no hace falta ver la película para entenderla, solo con escuchar el texto podría ser suficiente. No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que no hay nada menos cinematográfico para este tipo de adaptaciones literarias. 


Quizás lo que hubiese funcionado es algo parecido a lo que hizo Billy Wilder en 1957 con otra obra de Agatha Christie, el genial cuento Testigo de cargo. Porque la película es realmente muy, muy buena. Y no solamente porque tiene a Marlene Dietrich, Charles Laughton, Tyrone Power y Elsa Lanchester en el elenco, sino porque Wilder, que también escribió el guión, entendió algo esencial: que no tenía que serle fiel al cuento. Que debía respetar su esencia, pero que podía introducir cambios en su trama y en su tono. Que tenía que hacer otra cosa con esa base. Y en todo caso, de ser fiel a algo, tenía que serle fiel al cine, no a la literatura. Pero, ya se sabe, Wilder es único.  

Asesinato en el Expreso de Oriente (Murder on the Orient Express, EEUU, Malta, 2017) Puntaje: 4


Dirigida por Kenneth Branagh. Escrita por Michael Green, basada en la novela de Agatha Christie. Con Kenneth Branagh, Michelle Pfeiffer, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Josh Gad, Derek Jacobi, Leslie Odom Jr., Daisy Ridley, Marwan Kenzari, Olivia Colman, Lucy Boynton, Manuel Garcia Rulfo, Sergei Polunin, Tom Bateman. Fotografía: Haris Zambarloukos. Música: Patrick Doyle. Montaje: Mick Audsley. Duración: 114 minutos. 

 

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