Entrevista a Diego Trerotola, director del Asterisco Festival Internacional de Cine LGBTIQ

4/11/2017

Una vez más, Buenos Aires celebra la diversidad sexual con la cuarta edición del Asterisco Festival Internacional de Cine LGBTIQ, que se extiende hasta al 5 noviembre en cuatro sedes de la ciudad. El festival Asterisco pone su mirada sobre la diversidad sexual, celebrando las diversas y múltiples maneras de ser, amar y de estar en el mundo; de relacionarse y formar familias, de convivir en equidad y respeto por las diferencias. Así, los porteños podrán disfrutar de una amplia programación de películas y cortos en un festival único dirigido por el crítico Diego Trerotola, aquí entrevistado por Sublime Obsesión.

 

¿Cuáles serían las características más importantes que definen al Festival Asterisco?


Los rasgos más importantes de Asterisco es ser un festival de búsqueda libre a través del cine de expresiones de la cultura LGBTIQ, pensando siempre desde el valor cinematográfico como aporte a pensar la diversidad. Como quienes programamos el festival, Albertina Carri, Fernando Martín Peña, Leandro Listorti y yo, somos personas bastante libertarias para pensar el cine, el festival es bastante punk, distinto a la mayoría de los festivales de cine LGBTIQ, que proponen un grupo de películas calcadas, muy demagónicas, donde se privilegia el tratamiento temático a la forma cinematográfica. Tenemos siempre una visión amplia y ambiciosa de la historia del cine, queremos contemplar desde los inicios del cine con películas mudas hasta el futuro del cine, pasando por la vitalidad del presente. El futuro está representado por la competencia de Work In Progress, de películas que no están terminadas y que premiamos para ayudar a que se terminen.


Justamente mencionás la cuestión del privilegio temático a la forma cinematográfica, algo muy común que en todo festival temático. ¿Cómo trabajan en Asterisco en este sentido?


Creemos que el cine tiene que aportar a la diversidad, ante todo. Que lo que buscamos es el valor cinematográfico, ante todo: lo importante es partir de las películas que nos conmueven, nos interpelan, y después vemos la forma de que podamos incluirlas en la programación, siendo que a veces la temática no es tan evidente. Este año, por ejemplo, la realizadora argentina Viktoria Martin presentó una película abstracta, que nos gustaba mucho y la programamos porque también se podía ver como una vuelta a los orígenes del primer festival de cine LGBTIQ en San Francisco, con una importancia de la programación experimental, que recuperan cineastas como Jenni Olson, de quien hicimos una retrospectiva en Asterisco en una edición anterior.


¿Qué criterios toman en cuenta para elegir las películas que participan de las competencias?


El festival tuvo una competencia internacional en las primeras dos ediciones, pero el año pasado, por la proliferación de películas nacionales que nos interesaban, decidimos hacer una competencia argentina como base del festival. Este año se repitió la misma lógica, muchas películas locales. La competencia internacional es de cortometrajes y también la novedad es que hay muchos cortos argentinos porque la producción local creció en calidad y diversidad. La hiperproducción argentina de los últimos dos años de películas LGBTIQ que se desmarcan de los vicios de la tradición para representar la diversidad sexual y la identidad de género tal vez sea una consecuencia feliz de las leyes de vanguardia de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género que proyectaron estas temáticas a un lugar distinto, que el festival aglutina y promueve. De hecho, varias de las películas que se presentan las vimos crecer desde que participaron en la sección WIP de Asterisco.

 

¿Qué pueden encontrar los espectadores en la sección La piel que habito? 
 

La piel que habito es el lugar más ecléctico del Festival, y tal vez su órgano o máquina más vital, porque nuestro festival es un cyborg, mezcla humana y robot. Esa piel que habitamos es un poco natural y otro artificial, es parte del cuerpo y es un disfraz y buscamos películas en ese doble o múltiple sentido, del presente y del pasado. No es una guía del cine del presente sino un laberinto pare perderse, para vivir el deseo al antojo de cada quien. Difícil encontrar una línea entre tantas películas que no se ponen de acuerdo ni temática ni estéticamente, es más bien una sección que no tiene un centro ideológico, es más bien anarquista. Por eso, este años vamos desde el anarcoporno de Bruce LaBruce, y también algunas otras películas alemanas que juegan dentro del posporno, hasta una película excéntrica de ciencia ficción checa, pasando por documentales sobre las nuevas formas de relacionarse con la medicina y el VIH con PreP & Me o de retratar parejas serodiscordantes hasta repensar la masculinidad en una película sobre butchs canadienses, pasando por la serie de retratos trans charruas de Trans-Ur de Sofía Saunier. 


¿Y en la sección Pioneros Queer?


Este año el centro de Pioneros Queer no es específicamente sobre películas pioneras en retratar la cultura LGBTIQ sino de una mirada pionera en poner a lo queer en circulación en el periodismo y la cinefilia local como fue el mérito de Enrique Raab. Porque dedicamos la mayoría de la sección a recuperar la voz de Raab como cronista en relación al cine, dejando su impronta queer en retratos y análisis sociales, siendo que este año se cumplen 40 años del secuestro y la desaparición de Raab en la última dictadura cívico-militar. Es una forma de recuperar su voz, que todavía no es muy reconocida como pionero queer, pero también de entender que todavía falta mucho en relación las políticas de la memoria para saber qué pasó con las personas secuestradas y desparecidas que pertenecían al colectivo de diversidad sexual durante la dictadura, y también para enfrentar y resistir un contexto político donde se amenazó con un 2 x 1 a las condenas de juicio por lesa humanidad. Gracias al enorme trabajo de María Moreno, y también de Máximo Eseberri, la figura de Raab está teniendo más relevancia y queríamos hacer el primer ciclo de cine dedicado a su mirada, ya que él también era un realizador, hizo un cortometraje llamado José, que también está desaparecido.

 

 

 

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