Borg–Mc Enroe, la película

2/10/2017

 

Solamente por prejuicio, es fácil dar por sentado que una película sobre dos jugadores de tenis, por más famosos que sean, probablemente no sea de mucho interés excepto para los fans de este deporte. Y aún si la película toma como eje la excepcional final de Wimbledon 1980 entre Björn  Borg y John McEnroe esto significaría, en el mejor de los casos, que podría ser medianamente entretenida. Pero resulta que después de ver Borg-Mc Enroe: la película, dirigida por el danés Janus Metz, la verdad es que hay más tela para cortar que la que uno se imaginaba. Lo que señala, una vez más y como si no fuera una obviedad, que los prejuicios no sirven para nada. 


Porque no solamente es muy entretenida, sino que también es una película que logra mantener una tensión muy palpable y un suspenso in crescendo aún cuando ya se sabe cómo va a ser el final e incluso parte del camino hacia ese final. Para los que no están al tanto de lo excepcional que fue la final de Wimbledon 1980, esta película va a ser todavía más impactante. Y no, no hace falta ser fan del tenis, ni mucho menos. Al fin y al cabo, acá el tema no es el deporte.  O, al menos, no en primer lugar. 


Co-producida entre Dinamarca, Suecia y Finlandia, Borg-Mc Enroe, Borg-Mc Enroe: la película, es fundamentalmente un contundente y bien bosquejado estudio de personajes que despliega una mirada punzante sobre la presión insoportable por ser El Mejor, con mayúsculas. Sea como fuere. En el caso de Borg (interpretado por Sverrir Gudnason), quien históricamente ha sido llamado El hombre de hielo, ser el mejor implica eliminar toda emoción o sentimiento que, justamente por su propia naturaleza, pueda llevar a cometer un error. Es convertirse en una máquina, y como bien se dice, las máquinas no se equivocan. Si eso es verdad o no está por verse. 

Y para entender por qué son como son los protagonistas en este presente hay que ir al pasado via convencionales, pero efectivos, flashbacks que narran aspectos de la infancia y la juventud de ambos jugadores. Con solo conocer a los padres de Mc Enroe (Shia LaBeouf), siempre obsesionados con que su hijo nunca se saque un 9 cuando existe un 10, es fácil entender la razón de tanto sufrimiento al ir creciendo. Y más todavía de grande. Y pensar que acá “de grande” significa tener 21 años, la edad de Mc Enroe cuando se enfrentó a Borg en Wimbledon 1980, quien tenía 24 años. Para ese momento, Borg ya había sido cuatro veces campeón mundial. Podría haberse retirado, pero quería pasar a la historia una vez más. Es que nunca nada es suficiente.

 
Algo que no se sabe mucho es que Borg de niño y de adolescente (interpretados aquí primero por Leo Borg, el hijo del tenista en la vida real, y después por Marcus Mossberg) era un muy mal perdedor y tenía reacciones infantiles y muy agresivas cuando el que ganaba era el otro. Hoy en día todos recuerdan a Mc Enroe como el malhumorado y maleducado tenista que no soportaba perder, pero según la visión de Janus Metz no era solo él quien se desgarraba por tanta presión. 


Lo que pasa es que a Mc Enroe la frustración se le notaba y mucho. Y Borg la reprimía de un modo enfermizo. Aparentemente muy distintos, al fin de cuentas los dos resultaron ser muy parecidos. Incluso ellos mismos eventualmente se dieron cuenta de eso. Y ahí están los tema centrales de la película: cómo se hace para sobrellevar tanta presión y no morir en el intento al mismo tiempo que se reconoce que ese oponente es lo más parecido a uno que existe. 


Por otro lado, la final de Wimbledon 80 en sí misma ocupa la última media hora y su recreación es otro prodigio. Para bien, no hay florituras visuales ni golpes de efecto para transmitir toda la tensión del match. Hay, en cambio, una muy precisa puesta de cámaras relativamente invisible que alternativamente involucra al espectador en el juego a la vez que lo convierte en un testigo privilegiado. Un testigo tanto de la gran final como del arduo camino para llegar a ella.

Borg–Mc Enroe, la película (Borg Mc Enroe, Suecia, Dinamarca, Finlandia) Puntaje: 8


Dirigida por Janus Metz. Escrita por Ronnie Sandahl. Con Sverrir Gudnason, Shia LaBeouf, Stellan Skarsgård,Tuva Novotny. Fotografía: Niels Thastum. Música: Vladislav Delay, Jon Ekstrand, Carl-Johan Sevedag, Jonas Struck. Montaje: Per K. Kirkegaard, Per Sandholt. Duración: 100 minutos.
 

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