Un hombre llamado Ove, de Hannes Holm

26/9/2017

 

Ove (Rolf Lassgard) es un viejo cascarrabias que se queja de todo, maltrata a quien se cruce en su camino, quiere que la ley y el orden se cumplan al pie de la letra, y cree que todos, excepto él, son unos idiotas. Encima, se los dice en la cara. Por eso sus vecinos ya no lo aguantan más, aunque también le tienen miedo y lo evitan tanto como pueden. Para peor, tiempo atrás él era el director de la asociación de vecinos, pero no pasó mucho tiempo hasta que todos votaran en su contra y un nuevo vecino tomase el puesto. Para él, esto fue y es una traición imperdonable. 


Y aún cuando ya no es director de nada, se la pasa recorriendo el barrio para asegurarse de que nadie cometa ningún tipo de falta, por más ínfima que sea – por ejemplo, dejar una bicicleta fuera de lugar, una puerta mal cerrada, o incluso hasta la presencia de un pobre gato callejero lo enfurece.


Su otra actividad, que pocos conocen, es visitar todos los días la tumba de su amada esposa y llevarle flores. No hace mucho que murió y desde entonces la vida para Ove se hizo verdaderamente insoportable. Por eso se quiere suicidar y lo intenta una y otra vez con métodos diversos. Y siempre le sale mal. Ni siquiera se lastima. Cada intento de suicidio da lugar a un flashback y así van apareciendo distintos momentos en su vida: de niño (interpretado por Viktor Baagoe) y de joven (interpretado por Filip Berg). Son estos fragmentos de toda una vida que permiten entender, muy de a poco, por qué Ove llegó a ser  como es. 


Se sabe que el arquetipo del viejo gruñón no tiene nada de original. Solo por dar dos ejemplos, recordemos a Melvin, el personaje que Jack Nicholson interpreta en Mejor… imposible, la muy efectiva comedia de Albert Brooks; y a Vincent, interpretado por Bill Murray en St. Vincent, despareja pero disfrutable película de Theodore Melfi. El Ove que Rolf Lassgård tiene algo de esos dos personajes y unas cuantas cosas un tanto diferentes. Pero importa mucho cuán original sea.  

 

Lo que sí importa, lo que hace la diferencia, son los tonos y matices singulares que Lassgård encuentra y revela. Es su actuación tan bien afinada, su expresivo lenguaje corporal, su voz intimidante y su mirada furiosa. Para ser justos, todo el elenco es impecable, solo que Lassgård sobresale. En tanto y en cuanto Ove es el arquetipo que todos amamos odiar, la película de Holm va por buen carril. Sus enfrentamientos con el mundo son, dentro de su propia lógica, muy creíbles. Y sus varios intentos de suicidio son rasgos del mejor humor negro. Aparte, todo está filmado con mucho oficio y evidente destreza, desde la muy cuidada y muy efectiva fotografía hasta el ajustado y preciso montaje.  


El problema con Un hombre llamado Ove es la transformación de Ove. Porque ni bien comienza la segunda mitad de la película, Ove conoce a nuevos vecinos: una mujer embarazada, su esposo y su hijo. Y es a través de la amistad que entabla con la mujer que Ove empieza a ver la vida desde otra óptica, una mucho más luminosa.  Lo que ocurre es que considerando la construcción del personaje y el sentido de la historia hasta ese momento, la transformación del protagonista se siente forzada, obligada, como si fuese un acto de redención que el guión impone – algo muy parecido pasaba en Saint Vincent. 


Con el cambio de personaje viene un cambio de registro, y así ahora aparece un melodrama artificial de tono sentimentaloide, desaparece todo humor negro, y nace un final feliz que está puesto con fórceps. De ahí entonces la sensación de inverosimilitud. Ahora bien, no es que un personaje como el de Ove no pueda o deba cambiar nunca. ¿Pero cuánto es deseable que cambie? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene el cambio?


Es simple: darle al espectador una historia con moraleja, una lección de vida sobre la superación del dolor y el precio de ser un misántropo cuando, en cambio, uno bien podría animarse a ser feliz. En el caso de Ove, a ser feliz otra vez. Como si fuera tan simple.

 
Un hombre llamado Ove (En man som heter Ove, Suecia, 2015). Puntaje: 6


Dirección por Hannes Holm. Escrita por Hannes Holm, sobre la novela de Fredrik Backman. Con Rolf Lassgård, Bahar Pars, Filip Berg, Ida Engvoll, Tobias Almborg, Klas Wiljergård, Chatarina Larsson, Börje Lundberg, Stefan Gödicke. Fotografía: Göran Hallberg. Música: Gaute Storaas. Duración: 116 minutos. 
 

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