La siesta del tigre, de Maximiliano Schondfeld

16/9/2017

Germania, la primera película de Maximiliano Schonfeld que tuvo su estreno en el BAFICI 2012 y ganó el Premio Especial del Jurado, narra la historia de una familia de origen alemán que vive en Entre Ríos y que, en cuestión de días, va a mudarse para, probablemente, no volver nunca más. Con el aire de melancolía propio de las despedidas, Germania evocaba a la perfección esos últimos momentos donde todo eso que se deja atrás cobra especial importancia. Es una película sensible, por momentos nostálgica de eso que parece haber sido tan hermoso, de una sensibilidad diferente a la de gran parte del cine indie argentino.

 

Después, el año pasado Schonfeld estrenó su segundo largometraje, La helada negra, también una ficción que transcurre en Entre Ríos en una comunidad de descendientes de alemanes. Aquí se cuenta la historia de una helada que amenaza con dañar los campos de una familia. Pero justo cuando la situación se torna más álgida aparece una joven misteriosa que, según se rumorea, es una santa que hace milagros. 

 

Un tanto despareja y con un mirada quizás demasiado contemplativa, La helada negra tiene, de todos modos, una muy lograda atmósfera donde el tiempo parece estar suspendido mientras un pueblo ansioso espera los cambios por venir. Con una impecable fotografía, el segundo largometraje de Schonfeld también es inusualmente personal. Y si bien cuenta con actores profesionales, eso no quita que haya unas cuantas personas del lugar que se interpretan a sí mismos.

 

Ahora, después de su presentación en la sección Panorama del Festival de Berlín, La siesta del tigre, la tercera película de Schonfeld, tiene su estreno local en el Centro Cultural Recoleta y puede verse todos los viernes de septiembre a las 21 h.

 

Técnicamente es un documental, pero también tiene partes que parecen haber sido guionadas – como si la ficción entrase sin pedir permiso dentro del registro observacional. No es importante distinguir lo documental de lo ficcional (aparte, es casi imposible) porque lo que vale son los sentidos e interpretaciones que se construyen a través de la narrativa como un todo, documental o no.

Una vez más Schonfeld vuelve a Entre Ríos, aunque esta vez explora un mito. O quizás sea verdad. No se sabe. Porque entre los lugareños se dice que en esas tierras habitó el Tigre Dientes de Sable, el felino más grande de la historia. Por eso mismo un grupo de amigos que tienen entre 50 y pico y 70 pico de años se aboca a buscar el fósil del famoso animal que nadie nunca vio.  Se imaginan que de encontrarlo podrían hacerse ricos vendiendo sus huesos y así tener una vida sin limitaciones económicas. En su búsqueda, se mueven a la deriva, yendo y viniendo de aquí para allá, guiados por sus subjetividades y corazonadas más que por cualquier tipo de lógica.

 

Y aunque no se puede saber muy bien hasta qué punto ellos mismos creen en la existencia del Tigre Dientes de Sable, lo que sí se nota es que esta búsqueda puede ser una muy buena excusa para mantenerse unidos y en actividad, es un modo de estar vinculados más allá de sus circunstancias, y hasta tal vez sea algo que le da un sentido singular a sus vidas, ya lejos del esplendor y el brío de la juventud. Seguramente esto es lp extraordinario, y no el tigre.

 

Como sus películas anteriores, La siesta del tigre parece habitar un tiempo suspendido, un presente continuo que no tiene ni principio ni fin. Y ahí es donde la cámara de Schonfeld observa a estos amigos desde una distancia prudente, pero también a veces se acerca mucho y sin embargo nunca es invasiva. ¿Cómo hace el director para estar tan cerca de sus personajes y no entrometerse? Es una pregunta sencilla, pero la respuesta no debe ser sencilla.

 

Por otro lado, La siesta del tigre, como Germania y La helada negra, también tiene una fotografía hipnótica y sugestiva. Hay belleza y delicadeza, hay una bienvenida densidad, en vez del preciosismo vacío y el retrato cliché de la naturaleza tantas veces visto en tantos documentales. Una vez más, la mirada es contemplativa y todo lo observa. A veces extrae algo esencial de algún detalle que revela un todo por descubrir. Aunque también es verdad que hay ocasiones donde la contemplación se extiende un tiempo más de lo necesario y es ahí cuando el relato pierde algo de impacto y se vuelve moroso y casi anecdótico.

 

En otras instancias, se puede intuir que ciertas escenas tenían un potencial dramático que queda un tanto inexplorado, entonces en vez de ahondar en ellas lo que se termina mostrando es más bien de carácter superficial. Claro que eso es lógico porque el abordaje que Schonfeld elige no tiene nada de fácil. A veces va a salir bien, otras veces no. Por eso lo que se valora es la premisa y no necesariamente la perfección en su ejecución.

 

Sea como fuere, La siesta del tigre es un paso no menor en la carrera de un director con una impronta propia que vuelve a los mismos escenarios, pero para narrar siempre historias nuevas. Eso se agradece. No es cosa de todos los días.

 

 

La siesta del tigre (Argentina, 2016) Puntaje: 7

 

Dirigida por Maximiliano Schonfeld. Escrita por Maximiliano Schonfeld y Anita Remón. Con José María Espindola, Benigno Lell, Raúl Goetigg, Mauricio Espindola, Julio Folner. Fotografía: Maximiliano Schonfeld. Montaje: Anita Remón. Sonido: Sofía Straface. Duración: 66 minutos.

 

 

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