La muerte de Marga Maier, de Camila Toker

24/6/2017

En parte thriller y en parte policial negro, La muerte de Marga Maier es el prolijo y esmerado debut como directora en solitario de Camila Toker, quien previamente co-dirigió UPA! Una película argentina (2007) y UPA 2! El regreso (2015) y también tuvo roles protagónicos como actriz en Sábado, Ana y los otros, Los suicidas, UPA!, y UPA2! El regreso. Dirigida con precisión y soltura, su nueva película tiene, aún con sus fallas,  los logros necesarios como para llegar a buen puerto, al menos en algunos aspectos formales esenciales. 


Pero, primero la trama. Todo comienza con una fuerte sudestada que azota el pueblo de Punta Indio, como si fuera el preludio para un descubrimiento macabro. Porque después que los vientos amainan aparece en la playa el cadáver de Marga Maier (Maria Inés Aldaburu),  una mujer ya entrada en años que administraba una majestuosa estancia que está en venta desde hace ya mucho tiempo. Y su cuerpo sin vida tiene un profundo y lacerante corte en el cuello, presumiblemente hecho por algún tipo de cristal. 


No solo el pueblo entero queda atónito frente al homicidio, sino también Julia (Pilar Gamboa), la heredera y dueña de la estancia que acaba de llegar junto con Ricardo Rey (Ivo Müller), un brasilero interesado en comprar la propiedad. De inmediato comienza una investigación llevada a cabo por un comisario (Alberto Suárez) y un oficial que lo asiste (Sergio Boris) y así comienzan a desfilar unos cuantos sospechosos, entre ellos Don Alejandro (Luis Machín), acaudalado dueño de tierras y haciendas; Pelagatos (William Prociuk), el tonto del pueblo y sobrino de Marga; e incluso el extranjero brasilero. 


Todo se torna bastante más ominoso cuando los lugareños sacan a la luz la historia de un diamante desaparecido y su maldición que dejó unas cuantas mujeres muertas muchos años atrás. 


Se sabe que el policial negro no busca ni se empeña en construir una trama compleja y enigmática que requiera un análisis minucioso para ser finalmente revelada del todo – como sí lo hacen las películas de detectives. Porque lo que realmente importa es que la historia del crimen o crímenes sirva para presentar una galería de personajes amorales, corruptos, codiciosos y habitualmente presas de bajos instintos que habitan una sociedad de iguales características. Se trata de mostrar un estado de las cosas. 

 

Y si bien en La muerte de Marga Maier no está la habitual ciudad del noir, en cambio hay un pueblo chico que es un infierno grande. Que, para el caso, es  lo mismo. Acá la anatomía de toda una comunidad es clara y contundente. No hay nada artificial. Estas personas existen, se comportan y hablan (en mayor o menor medida) con el realismo que hay acá. El diálogo poco creíble y recitado es un mal recurrente en el cine argentino, pero en esta película de eso no hay ni vestigios.  


Pero el thriller, a diferencia del policial negro, sí pide un desarrollo bien mesurado de la historia, un in crescendo continuo, un desenlace bien articulado sin sorpresas a último momento. Una exactitud geométrica, por así decirlo. Y son éstas las aristas en  las que la película no funciona del todo bien. Es despareja en la construcción del suspenso, necesita más escenas de transición, y tiene un final un poquito abrupto y no del todo convincente. Todo esto se hace más visible en la última media hora, es decir el famoso tercer acto que puede arruinarlo todo. Acá no lo arruina todo ni mucho menos, pero sí desmejora el panorama general. 


Por otra parte, hay otros dos aciertos de suma importancia: las afinadas actuaciones y un tono general de incomodidad, tensión y oscuridad. No es fácil que prácticamente todos los actores estén en sincro el uno con el otro y eso sí sucede – se destacan Pilar Gamboa, Sergio Boris, Alberto Suárez, William Prociuk y Luis Machín. Y parte del clima que hace a los días y las noches oscuras de Punta Indio tiene que ver con un cuidado trabajo de fotografía y cámara que no llama la atención sobre sí mismo y por eso es tan efectivo. 
   
La muerte de Marga Maier (Argentina, Brasil, 2017). Puntaje: 6


Dirigida por Camila Toker. Escrita por Camila Toker y Anne-Sophie Vignolles. Con Pilar Gamboa, Luis Machin, Ivo Müller, María Inés Aldaburu, Alberto Suárez, Julián Infantino, Walter Jakob, Sergio Boris, Fernando Tur. Fotografía: Ben Battersby. Montaje: Wenchi Bonelli. Música: Fernando Tur. Duración: 104 minutos. 

 

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