Compañero Raymundo, de Cynthia Sabat y Juana Sapire

15/6/2017

 

“La figura de Raymundo cobra vigencia a medida que pasan los años, no sólo porque los problemas que él señaló en su cine siguen siendo los problemas de fondo de nuestras sociedades, sino también porque fue un visionario: filmó en el sertao cuando el Cinema Novo nacía; eligió Chiapas para documentar la deuda con los nativos que dejó la Revolución Mexicana, y se metió a fondo con la burocracia sindical cuando eso significaba meter el dedo en la llaga”, dice la periodista Cynthia Sabat acerca del legendario Raymundo Gleyzer, y a propósito de su flamante libro Compañero Raymundo, co-escrito con Juana Sapire, la esposa del legendario periodista, militante popular y cineasta del Grupo Cine de la Base, secuestrado y desaparecido el 27 de mayo de 1976 en manos de la dictadura militar.

 

Gleyzer realizó más de una decena de películas entre cortometrajes, mediometrajes y dos largometrajes, todas sobre la situación social y política de América Latina, con una premisa en mente: la revolución socialista es el único camino posible para lograr cambios estructurales en el continente. Fue un guerrero incansable y un artista que se irritaba fácilmente por los debates teóricos pomposos y vacíos sobre el cine y el arte. Era un pragmático, un hombre de opiniones fuertes y de acciones aún más fuertes. Estaba a favor del debate de ideas, pero solamente dentro del marco de un proyecto político concreto.  


Su filmografía comienza con La tierra quema (1964), un lúcido documental sobre la pobreza y la miseria de los campesinos del sertao brasileño. Después, entre sus obras más destacadas, están sus tres documentales etnográficos, Ceramiqueros de Traslasierra (1966), Pictografías del Cerro Colorado (1965), y Ocurrido en Hualfín (1966) – este último co-dirigido con Jorge Prelorán. Su primer largometraje, México, la revolución congelada (1970), es un muy crítico documental acerca de la historia social y política  de México, comenzando con la Revolución Mexicana de 1910-1920 y finalizando con la masacre de Tlatelolcoen en 1968, que se convirtió en una obra fundacional para el cine político latinoamericano y sacudió el escenario político de un modo insospechado.

 

Siendo miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Gleyzer filmó, en forma clandestina, el cortometraje Swift (1971), un comunicado del partido acerca del secuestro del cónsul inglés y su posterior liberación a cambio de comida y mejores condiciones de trabajo para los obreros del frigorífico. Después vino Ni olvido ni perdón (1973), una película que marcó, simbólicamente, el comienzo del terrorismo de Estado en la Argentina al narrar la fuga de un grupo de presos del Penal de Rawson y su posterior aniquilamiento en la llamada masacre de Rawson en 1972.

 

Sin ninguna duda, su obra maestra es Los traidores (1973), una película de ficción basada en hechos reales y en la figura de José Ignacio Rucci (el secretario general de la CGT) que revela cómo la burocracia sindical perjudica el bienestar y los derechos de los trabajadores. Hoy en día se la considera la película más importante del cine político latinoamericano. Me matan si no trabajo y si trabajo me matan (1974) fue filmada dentro del marco del grupo Cine de la Base y denunciaba la terrible situación laboral de los trabajadores explotados por la patronal e ignorados por el sindicato. Dos años después, Gleyzer fue secuestrado y desparecido. Se fue el hombre, pero quedó su obra.

 

“Hoy, que es leyenda y mito, sus films están restaurados gracias a una decisión del INCAA, y nuestro libro intenta brindar nuevas lecturas sobre Raymundo y su época. Creo que hoy su figura sigue interpelándonos a quienes trabajamos en la cultura acerca de nuestro compromiso con la realidad en tiempos políticos complejos, como el que estamos viviendo”, dice Cynthia Sabat.

 

De la figura de Gleyzer, de todas estas películas y de otras más habla este libro exhaustivo y riguroso libro publicado por Editorial Sudestada en una edición muy sobria y elegante que realmente invita a la lectura. No es para nada habitual encontrar libros sobre cine que sean atractivos tanto en sus contenidos como en su presentación. También es un libro curioso en su forma literaria ya que la herramienta privilegiada para narrar la historia de Gleyzer es nada más y nada menos que el testimonio en primera persona de Juana Sapire.

 

Porque ésta es una historia larga y compleja, llena de vicisitudes, que comienza en su infancia y termina en los últimos días previos a su secuestro y que es evocada con bienvenida intimidad y no poca afectividad. Hay, por supuesto, un detallado trabajo de investigación histórica desde una perspectiva de objetividad analítica y crítica. Pero es la subjetividad en la mirada de Juana lo que  le da al libro su atrapante singularidad. A la vez, Sabat y Sapire también reconstruyen con una mirada certera y cercana los hechos posteriores a la desaparición del cineasta, incluyendo la búsqueda efectuada por sus familiares y por las organizaciones de derechos humanos.

 

Compañero Raymundo tiene muchas fotos, en color y en blanco y negro, y son todas valiosas (acá no hay relleno). No solo porque señalan momentos diversos de un pasado complejo, sino porque le dan a esa pasado un aura de luminosidad. En las fotos mismas se pueden ver y hasta casi sentir esos afectos de los que habla el relato. Un relato sobre un cineasta emblemático, pero sobre todo sobre un gran hombre. Muchos de los testimonios, notas, apuntes y cartas son inéditos y han salido del archivo personal de Raymundo que Juana Sapire ha conservado desde hace décadas. De ese mismo archivo se tomaron guiones y notas periodísticas como fuentes para la investigación – hay incluso transcripciones textuales de algunos documentos en el libro.


Pero hay algo más, que también es bastante extraordinario. Porque leer sobre Gleyzer sin ver sus películas sería un sinsentido. Realmente absurdo. Sobre todo, verlas varias veces. Por eso, Compañero Raymundo incluye 4 DVD’s con 11 películas del cineasta, todas recientemente restauradas; el documental Las AAA son las tres armas, de Jorge Denti; Raymundo, el documental de Ernesto Ardito y Virna Molina; Fuego eterno, el documental de Cynthia Sabat; y el testimonio de Juana Sapire en el juicio por secuestro y desaparición de su esposo. Más no se puede pedir.

 

 “Lo primero que surge como sobresaliente en su obra es lo prolífico que fue. Le bastó una década para dejar una de las obras más poderosas, bellas y coherentes del cine latinoamericano. Sus films fueron realizados desde 1963 a 1973. Como si supiera su destino, Raymundo nunca descansó. Tuvo la lucidez de ocuparse de cada aspecto de la producción, con un profesionalismo apabullante, que queda documentado en cartas y contratos. Y lo más brillante, es que sus films no envejecen, y siguen inspirando a nuevos cineastas aún hoy, a 41 años de su desaparición.” , concluye Sabat.

 

 

 

 

 

 

 

 

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