El reencuentro, de Martin Provost

7/6/2017

 

En Argentina, el director francés Martin Provost es mayormente conocido por Séraphine (2008), un drama que explora la vida de Séraphine de Senlis, una brillante pintora que nació en la pobreza en 1864 y falleció en una clínica psiquiátrica en 1942. Con una excelente interpretación de Yolande Moreau y algunos otros méritos de carácter estético, Séraphine se llevó 7 premios César. Después, Provost estrenó Violette (2013), un retrato de la escritora feminista Violette Leduc, contemporánea de Simone de Beauvoir, que resultó ser una película mucho menos exitosa aunque la actuación de Emmanuelle Devos es, también, impecable.

 

Ahora es el turno de El reencuentro, otra película fuertemente anclada en el talento de sus actrices: Catherine Deneuve y Catherine Frot (que interpretó a Florence Foster Jenkins en la versión francesa dirigida por  Xavier Giannoli). Porque son Catherine y Catherine las que le dan a El reencuentro su pulso afinadísimo, su afectividad genuina, su toque de distinción. No es que la narrativa y su estética carezcan de logros, sino que la forma fílmica está por debajo de las interpretaciones. Por eso, antes que nada, El reencuentro es una película bien narrada y filmada muy correctamente, con el brillo de dos actrices extraordinarias. Y eso se ve y se siente en cada escena.

 

Claire (Catherine Frot) es una partera y madre soltera de cincuenta y pico de años que, un día como cualquier otro, recibe una llamada de Beatrice (Catherine Denueve), una mujer que fue amante de su padre hace muchos años y que ahora está de paso por París y quiere saber cómo anda él. También fue la mujer que lo abandonó y así le arruinó la vida. Deprimido, se suicidó poco tiempo después y Claire se quedó sola con su madre. No sorprende, entonces, que la presencia de Beatrice muchos años después le resulte, cuando menos, incómoda.

 

A su vez, Beatrice se siente consumida por una gran tristeza y mucha culpa al enterarse de la muerte de su amor de antaño. Encima, le han diagnosticado cáncer terminal – aunque, por el momento, excepto algunos mareos, no tiene otros síntomas. Queda claro, entonces, que el reencuentro entre Claire y Beatrice no puede ser sino conmovedor.

 

Denueve magistralmente evita todo cliché asociado a los enfermos de cáncer al componer a su Beatrice, que es una mujer apasionada, con un agudo sentido del humor, elegante pero no snob. Es un personaje que genera empatía sin necesidad de tenerle compasión. Siguiendo las convenciones de la comedia dramática, Deneuve puede pasar de la risa más espontánea al dolor más inesperado. En todas sus escenas, y más aún en las que comparte con Frot, irradia autenticidad.  

 

El personaje de Frot tiene un arco dramático más previsible pero no por eso menos logrado. Es una mujer relativamente contenta con su vida y más todavía con su trabajo, pero inicialmente muestra resentimiento y hostilidad hacia Beatrice. A medida que la va conociendo, sus sentimientos cambian y hasta se podría decir que aprende algo de ella – por ejemplo, animarse a tener un romance que tiene con Paul (Olivier Gourmet), un camionero vivaz y alegre que arregla un jardín al lado de su casa.        

 

Así se narra la transformación de Frot y de Beatrice y algunas cosas más, sin buscar innovar ni sorprender y si bien el relato es efectivo, su predictibilidad no le juega a favor. Porque considerando la potencial complejidad de los personajes y del drama mismo se podría esperar un abordaje más agudo, más revelador. Del cruce de comedia y drama, es la comedia la que sale más favorecida, aunque acá la comedia tampoco no es sinónimo de alegría. Del melodrama que subyace hay, por suerte, poco y nada.

 

Se podría decir que El reencuentro también es un estudio de personajes en el que lo que más importa es el vínculo entre ellos y no tanto sus historias individuales. En este sentido, no podría ser mejor.

 

El reencuentro (Sage Femme, Francia, 2017). Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Martin Provost. Con Catherine Frot, Catherine Deneuve, Olivier Gourmet, Quentin Dolmaire, Mylène Demongeot, Pauline Etienne, Audrey Dana, Marie Paquim. Fotografía: Yves Cape. Montaje: Albertine Lastera. Música: Grégoire Hetzel. Duración: 117 minutos. 

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