¡Huye!, de Jordan Peele

24/5/2017

Hay tantas, pero tantas cosas bien hechas en ¡Huye!, el enigmático thriller de terror de Jordan Peele, que no es casual que al verla uno se acuerde de otras excelentes películas de terror de estos últimos años, como por ejemplo It Follows, No respires, o Intrusos. Pero no solo la excelencia técnica, narrativa y estética las emparenta. También comparten una idea central: que hay algo muy siniestro detrás de las paredes de esas casas tan apacibles donde habitan esas familias norteamericanas tan lindas. Ese algo siniestro puede tomar formas muy diversas, más o menos sofisticadas, más o menos evidentes, pero todas son siempre igual de letales.

 

En It Follows, No respires e Intrusos el drama se desarrolla en suburbios decadentes que alguna vez fueron prósperos y también en una casita como tantas otras que está bien lejos del pueblo. En ¡Huye! la historia transcurre en una casa grande y hermosa en las afueras de la ciudad. Pero para el caso es lo mismo. Sea donde fuere, tarde o temprano todos entran al corazón de las tinieblas.   

 

Chris (Daniel Kaluuya) es un joven fotógrafo que está de novio con Rose (Allison Williams) desde hace ya 5 meses. Aunque no es mucho tiempo, Rose le propone ir a conocer a sus padres, que no saben que él es negro. Considerando que son tiempos de Trump, a Chris le parece más que apropiado que ellos lo sepan de antemano. Pero Rose le asegura que sus padres blancos no son racistas. En cambio, son profesionales con una muy buena educación y mucho dinero, son demócratas y muy progresistas. Incluso su padre hubiese votado por Obama por un tercer mandato, de haber sido posible. ¿Por qué desconfiar, entonces?

Así, tranquilos, emprenden el viaje hacia la opulenta casa familiar donde viven Dean Armitage (Bradley Whitford), un talentoso neurocirujano, y su esposa Missy (Catherine Keener), una psiquiatra que trabaja con su propio método de hipnosis. Hay un par de incidentes en el camino (cuya naturaleza no será revelada acá) que podrían ser tomados como señales de mal agüero. Pero eso no quita que la joven pareja continúe viaje con relativa tranquilidad.

 

Ni bien llegan, Chris conoce a los padres de Rose. Y resulta que ella tenía razón: sus padres son personas amables, cálidas, hospitalarias. Son inteligentes y considerados y lo demuestran en cada uno de sus gestos. Quizás en exceso, tal vez todo esté un poco calculado y eso claramente puede inquietar bastante. O no. Tampoco se puede ser tan paranoico.

 

Lo que sí es extraño de verdad es el comportamiento de la mucama y del jardinero de la familia (ambos negros). Porque sonríen demasiado y se los ve muy felices, aunque se mueven con cierta lentitud y están un tanto idos. Hasta se diría que tienen un aire zombie. Para Rose es normal, ella dice que ellos son así, pero a Chris no le hace ninguna gracia. Hasta lo perturba un poquito. Quizás sí hay que desconfiar aunque no quede muy claro de qué.

 

Mejor no saber nada más acerca de cómo continúa la trama. Sino ¡Huye! deja de ser la experiencia tan atemorizante que casi no permite respiro una vez que tomó carrera. Porque como en las mejores películas de terror y los mejores thrillers – y la ópera prima de Jordan Peele es un poco de cada cosa, con una gran dosis de comentario social – aquí el misterio, el suspenso y la tensión se crean paulatinamente y sin golpes de efecto (trillados o no), que solo servirían para arruinar el clima general de enrarecimiento y aprensión. Recién en el desenlace, climático y contundente, aparece la violencia desatada y algo de gore.  Lo que se dice un perfecto broche de oro.

 

Utilizando los recursos más nobles del género, sin una sola trampa en la construcción de la trama y con gran control narrativo pero también mucha fluidez, Peele logra que el espectador, como Chris,  se sienta, en primer lugar, desconcertado; después, perturbado; y finalmente, muy asustado. Todo bien dosificado, de a poco.

 

Con astucia y con sentido se toman algunos elementos ya conocidos, pero para decir algo nuevo en un contexto diferente. Porque hay inusitados usurpadores de cuerpos – pero no vienen de otro planeta-, hay un sótano donde pasan las cosas de las que no se hablan, y hay una atmósfera general de paranoia a lo Polanski, que se agrava cuando los Armitage reciben a gran grupo de amigos que se parecen a los vecinos de El inquilino y El bebé de Rosemary. Todo el resto es mejor descubrirlo en su momento.  

 

La idea más oscura que hay en ¡Huyen!, eso que hace que sea tan singular, resulta de una inversión bastante original. Todo el mundo sabe que históricamente los negros no han sido vistos como personas, sino más bien como cuerpos para someter, torturar y exterminar. Fueron esclavos y fueron explotados como animales. Objetos en vez de sujetos. Pero esta vez eso cambia y ser negro, ser el dueño de esa negritud, es un privilegio. Es una distinción.

 

Lo que no significa que los negros dejen de ser objetos. Solo que ahora son objetos de deseo. Por eso sus cuerpos deben ser cuidados y nunca mancillados. Pero siguen siendo cuerpos prisioneros. Seguramente porque, de uno u otro modo, la supremacía de los blancos siempre tiende a mantenerse viva. Aunque, de tanto en tanto, hay quien puede tener la posibilidad de huir de este tipo de terror social tan ominoso.

 ¡Huye! (Get Out, Estados Unidos, 2017). Puntaje: 9

 

Escrita y dirigida por Jordan Peele. Con Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford y Caleb Landry Jones. Fotografía: Toby Oliver. Montaje: Gregory Plotkin. Música: Michael Abels. Diseño de producción: Rusty Smith. Duración: 104 minutos. 

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