El hijo de Jean, de Philippe Lioret

11/5/2017


Mathieu (Pierre Deladonchamps) tiene treinta y pico de años y nunca conoció a su padre.  Su madre, fallecida hace 8 años, siempre le dijo que era un hombre con el que había tenido un encuentro fugaz de apenas una noche. De ahí nació él. Al parecer, Mathieu nunca se interesó en saber cómo se llamaba su padre, si estaba vivo o no, dónde vivía, qué hacía. Hasta que una mañana como cualquier otra recibe una llamada de Canadá, de un tal Pierre Lesage (Gabriel Arcand), un hombre que dice haber sido amigo de su padre que le cuenta que éste ha muerto un par de días atrás.  

 

Conmovido e intrigado a la vez, Mathieu decide viajar a Montreal para ir al funeral y conocer a sus dos hermanos, que recién se entera que tenía. También tiene que ir a retirar un cuadro que su padre dejó especialmente para él. A su llegada a Canadá, Mathieu es alojado por Pierre en su casa junto a su esposa Angie (Marie-Thérèse Fortin) y su hija, Bettina ((Catherine de Léan). Pierre le cuenta a su familia quién es Mathieu y le dice que lo va a llevar a conocer a sus hermanos. Pero con la condición de que ellos no tienen que saber quién es. Ni ahora ni nunca. 

 

Drama intimista de tiempos reposados, El hijo de Jean es la novena película del francés Philippe Lioret (Toutes nos enviens, Welcome) y es, esencialmente, una película de actores. El francés Pierre Deladonchamps (mayormente conocido en Argentina por su rol como Franck en la magistral El desconocido del lago) y el canadiense Gabriel Arcand (hay que retroceder más de 30 años para recordarlo en La decadencia del imperio americano y en Agnes de Dios) fueron justamente nominados a los premios César como mejor actor y mejor actor de reparto. 

 

A pesar de que no ganaron, sus interpretaciones en El hijo de Jean no dejan de ser sobresalientes. Sobre todo porque sin ningún tipo de estridencia, con sutilezas y naturalidad muestran que hay un mar de fondo más grande del que se ve a simple vista. Y que los vínculos, por más obvios que a veces parezcan, son siempre un asunto complicado. Porque eso que está detrás de lo que se dice y se muestra es la sustancia misma de la película. De a poco, y con algo de suspenso, los personajes van a ir revelando un poco más del panorama general, con algunas sorpresas e imprevistos en el camino y con  una vuelta de tuerca en el final – que puede o no resultar sorpresiva, o incluso legítima, según quien mire. 

 

Ésta es una película de afectos en búsqueda de recuperar momentos, conversaciones, tiempos compartidos, es decir algo de todo lo que hace a una vida entera, pero a sabiendas de que no es mucho lo que se puede hacer. O tal vez es al revés: aunque sea poco es mucho. Para bien, acá la idea no es dar lecciones de vida a los espectadores, aún cuando los personajes sí estén aprendiendo cosas nuevas de su propia vida.  No hay un solo brote melodramático (incluso al final, donde bien podría haberlo) ni nada de sentimentalismo. Eso no quita que sea una película muy emotiva, aunque su tono sea contenido. A su vez,  el diálogo es creíble y nunca suena escrito o leído, sino muy bien hablado. 

 

Por otra parte, si bien el desarrollo del conflicto fluye espontáneamente, se siente también que hay un potencial dramático que no se aprovecha del todo, como si dar un paso más en la indagación sobre la naturaleza y construcción de la propia identidad y los vínculos no fuese tan importante. Pero lo es. Porque con estos personajes y este drama había más tela para cortar. Al menos en lo referido a un par de puntos clave que hacen a la ausencia, la necesidad de volver a conectar y la culpa. 

 

Tal como es, El hijo de Jean es disfrutable, tiene sus hallazgos y está contada con suma prolijidad. Técnica y estéticamente no tiene nada de extraordinario, pero todo está resuelto del mejor modo posible, con la discreta elegancia propia de un director eficaz y sensible.  


El hijo de Jean (Les fils de Jean, Francia, Canadá, 2018). Puntaje: 7


Dirigida por Philippe Lioret. Escrita Natalie Carter, Philippe Lioret. Con Pierre Deladonchamps, Gabriel Arcand, Catherine de Léan, Marie-Thérèse Fortin. Fotografía: Philippe Guilbert. Montaje: Andrea Sedlácková. Música:  Flemming Nordkrog. Duración: 98 minutos. 


 

 

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