Entrevista a Moroco Colman: "Me interesa mucho lo que subyace en el conflicto"

6/5/2017

 

Arquitecto de profesión, Moroco Colman filmó su primer largometraje con el que desembarcó en la Competencia Argentina del Bafici y ahora es estrenado comercialmente. Fin de semana prescinde de contar la naturaleza del conflicto que narra, e incluso revelar el vínculo que une a las dos protagonistas, Carla (María Ucedo) y Martina (Sofía Lanaro). El espectador no tendrá la respuesta, si son madre-hija, hermanas, amigas, si se disputan un mismo amor o no.  


Sí se sabe que Carla llega a una casa en algún lugar de Córdoba para acompañar a Martina durante algunos días de duelo por la muerte de un hombre que no conocemos. Por el trato distante y la aprensión que se tienen, se intuye que hay un importante conflicto de fondo - del que no se habla nunca. Hay también una amiga de las dos (Eva Bianco) que parece saber qué pasa o qué pasó, pero tampoco habla de eso.


Saber todo esto podría parecer indispensable, pero la película tiene otra premisa: invita a pensar en la recuperación de un vínculo dañado y la posibilidad de reconciliación de las personas, más allá del vínculo en cuestión. 


¿Qué te motivó a hablar de lo que hablás o a no hablar de lo que no hablás?


MC: Yo no sabía sobre que iba a hablar exactamente. Fueron surgiendo algunos acontecimientos de peso para mí y los trasladaba a la historia. Cuando estábamos en rodaje murió mi padre y tuve un desencuentro muy fuerte con mi madre y no nos hablamos por varios años. Y tuve la necesidad de incorporar todo eso a la película. Respecto de la información que se oculta, aquello de lo que no hablo, es para que el espectador se mantenga atento y que sea él quién complete la película.


¿Cómo fue el proceso de escritura de Fin de semana?


Fue un proceso muy largo. Cuando empezás a fantasear con la película, tenés algunas ideas y al año siguiente te resultan caducas porque ya que no querés contar lo mismo. Me interesa mucho lo que está por debajo, lo que subyace en el conflicto. Los personajes no se dicen todo, como ocurre en la vida real. Yo quería que hagan lo que quisieran, acercarse, tener sexo, enojarse y que los actores sean libres en esos tránsitos. Me interesó ese riesgo. No aferrarme a los cánones existentes, no filmar de manera convencional sino más de ruptura. 


¿Ruptura que incluye los tres formatos diferentes que usás y los distintos criterios en la fotografía? 


Sí, los tres formatos son tres momentos emocionales y vinculares de los personajes, por eso decidí dar cuenta de esos estados con distintas herramientas fotográficas. En la primera parte, el encuentro es crudo, algunas cosas se dicen, otras se sugieren, pero el eje es la conflictividad del vínculo. En la segunda, seguimos a Carla en sus experiencias, aunque sigue sin poder comunicarse con Martina, es decir, el conflicto permanece. Y en la última, cuando Carla ya está muy vulnerable, eso despierta algo en Martina y se da la aproximación entre ambas. 
 

 

 

¿Por qué prescindís de contar la naturaleza del conflicto?


Porque también los personajes prescinden. ¿Por qué tenemos que saber si es abogada o contadora, o porqué debe explicitarse el origen del conflicto? No, eso no me interesaba. A María, por ejemplo, le pasa algo simple, es una mujer que va a un lugar que no le es cómodo, por los motivos que sean, y la actriz tenía que pasar por eso; esa naturalidad era suficiente para mí, no hace falta nada más a efectos narrativos. Lo esencial era ver en pantalla dos mujeres potentes que en medio de una atmósfera árida luchan por reconstruir un vínculo rajado.


¿Por qué pensaste que María Ucedo y Sofía Lanaro lograrían esa atmósfera árida que transitan, por un lado María yendo por la reconciliación, y por otro lado Martina, que está a la defensiva? 


De María me gustaba algo masculino que tiene en el caminar y su voz rasposa. Ella quería componer una mujer más fina y más tímida, inclusive hasta el momento de comenzar el rodaje y luego de muchas charlas. Le pedí que trabajara la sorpresa, que se lo permitiera, que no pensara tanto a priori. De Martina me gustó su fuerza, es más confiada y probaba constantemente; eso facilitaba las cosas. Les mostré Persona de Bergman para que supieran que iba a trabajar planos cerrados bien marcados y les pedí que se concentraran en eso y no pensaran en lo técnico. Cuando les mostré los primeros resultados, se sintieron más cómodas.


El sexo no está en fuera de campo. Carla vive una experiencia sexual liberadora, expansiva y su periplo está en campo; en el caso de Martina, el sexo, también explícito, denota más ambigüedad. 


Para la composición de Carla, María Ucedo se imaginaba una mujer más recatada y se aferraba a eso. Yo le pedía que se entregara a la búsqueda sexual del personaje, sin preconceptos, para que esté en primer plano esa experiencia expansiva. En el caso de Martina, primero se divierte, pero después la relación se vuelve tóxica porque Diego es casado y no quiere compromiso con ella. Esa es la información con la que contaban, yo no quería que supieran demasiado sobre las resoluciones formales que yo adoptaría después, pero el sexo siempre fue esencial.


¿Cómo fue la repercusión de la película en el ámbito del Bafici, y, por último, que cambiarías si pudieras hacerlo?


La película gustó tanto al público de cine mainstream como a los críticos. Mi sensación es que gusta a ciertos nichos. Bueno, yo intenté hacer la película que yo quisiera que me hagan. Y salió eso. Y que le cambiaría? … quizás me interesa caracterizar a los personajes también desde lo sexual y profundizar ese momento, tan natural como cualquier otro, lejos de lugares comunes. Durante el casting me di cuenta que los argentinos evaden las escenas de sexo, pero yo pienso que se puede lograr ya que los actores llegan al film para dar cosas profundas, no?

 

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