Cínicos, de Raúl Perrone

29/4/2017

 

“Tenía muchas ganas de volver a la fábrica  en la que había trabajado con Favula ya que había muchas cosas que no había utilizado. Entonces imaginé algo así como una aldea y sus habitantes. Sabía también que quería volver a la palabra, pero no a la palabra de la manera realista en la que lo hice siempre, o a la etapa experimental en la que hablaban al revés con un nuevo lenguaje” dice Raúl Perrone acerca de la génesis de Cínicos, su nueva, apabullante y osada película presentada en la sección Noches Especiales del BAFICI.

 

“¿Qué pasaría si pongo a estos tipos ahí, todos sucios, como animales, y hago que reciten textos de, por ejemplo, Shakespeare, Marlowe, Rimbaud, y Pasolini? Y así lo hice, con mucho entusiasmo y con mucha convicción, porque sabía que me metía en algo que requería mucho esfuerzo.”

 

Los tipos a los que Perrone se refiere son los cínicos, en parte similares a los de la Grecia antigua, es decir filósofos que preferían la praxis de lo real antes que el halo de la teoría, que vivían frugalmente y consideraban que la civilización era un mal, y por eso despreciaban la ciencia, las normativas y los valores sociales consensuados. Por otra parte, estos cínicos de Perrones están resignificados, son contemporáneos, viven en un paisaje post-industrial en un país imaginario y protagonizan una fábula apocalíptica. Hay un poeta que es cínico, y de sus poemas y sus palabras se nutre el pueblo. Se enamora de una mujer muy joven y deja de hablar y escribir. Y eso hace que el pueblo se le vuelva en contra.

 

Filmada en un áspero, bello y muy contrastado blanco y negro, con una cámara en mano y largos planos secuencia, con muchos elocuentes primeros y primerísimos primeros planos, y con personajes que muy teatralmente recitan textos intervenidos, Cínicos es una película ardua, desconcertante y hasta avasallante. Muchas veces esto es muy grato y bienvenido, y otras no tanto. Porque fascina tanto como incomoda. Al mismo tiempo, es una película con una atractiva cualidad hipnótica y una energía vital y descomunal. Por momentos, uno no sabe dónde mirar ni qué pensar porque los significados posibles son muchos y elusivos. Es como estar inmerso en un escenario nuevo y completamente desconocido. Lo que corrobora, una vez más, que Perrone es impredecible.

 

Es un tour de force para los actores, muchos de los cuales pertenecen a la troupe habitual de Perrone, mientras que Roly Serrano y Paula Robles también se suman al elenco. Todos juntos en un escenario derruido donde los cuerpos se llenan de mugre y dan rienda suelta a sus bajos instintos; y por eso el sexo no puede ser sino salvaje. Porque la estética de Cínicos puede parecer cruda y hasta agresiva, pero no por eso es menos hechizante. Es como un mundo poéticamente surreal, aunque se sabe que de real y prosaico tiene mucho. Es algo que se percibe aunque no se vea. En este sentido, la nueva película de Perrone es, como gran parte de su obra, profundamente sensorial.

 

Por eso la propuesta no es tanto pensarla sino animarse a experimentarla. Se pueden hacer asociaciones varias, algunas más elementales y otras más complejas, y todas serán legítimas siempre y cuando permitan no clausurar una obra que nació para estar siempre abierta. Aún con sus zonas más trabajosas, Cínicos es de esas películas que no se olvidan y que representa un paso bien en firme en la carrera de un cineasta que no teme arriesgarse para reinventarse continuamente.        

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