David Lynch: The Art Life, de Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm

24/4/2017

 


¿Por qué  hacer un documental sobre David Lynch y con David Lynch que casi no hable sobre ninguna de sus películas? Es como que lo más importante, lo que hace que Lynch sea Lynch, queda inexplicablemente dejado de lado. ¿Entonces sería interesante hacer un documental biográfico sobre su vida personal que explicara quién es y por qué es como es? Eso no parece ni posible ni deseable. Hasta suena irrespetuoso para con el arte y el artista.      

 

Si no se quiere hablar de sus películas, lo que sí se podría hacer es abordar la intimidad de su pensamiento y su sensibilidad a medida que se trazan solamente algunos recorridos en el transcurrir de su vida. Es decir, dar cuenta del mundo interior que ya existía en el hombre antes de que naciera el artista. Un retrato cercano en el cual lo biográfico está para hablar de otra cosa, no únicamente por el valor anecdótico que pueda tener en sí mismo. Algo así como entrar en la cabeza y el alma de Lynch. Claro que suena muy interesante, pero de fácil no tiene nada.

 

Sin embargo, eso es exactamente lo que Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm lograron hacer en su muy meritoria ópera prima David Lynch: The Art Life, estrenada en el Festival de Venecia, luego proyectada en el Festival de Mar del Plata, y ahora en cartelera exclusivamente en el cine BAMA. Un documental que se siente muy genuino, es intimista sin ser invasivo, y es más perspicaz de lo que puede parecer en una primera visión. Un abordaje de visión casi imprescindible tanto para quien conoce la obra de Lynch como para quien recién se está familiarizando.

 

Porque aparte de cineasta, Lynch es pintor, dibujante, músico y fotógrafo, y The Art Life se centra más en su obra pictórica que en el resto de sus artes. De diversos modos y por sus características perturbadoras e inquietantes, son pinturas que se vinculan directamente con el universo extraño de su cine. Con la compañía de su pequeña hija, vemos a Lynch trabajar en nuevas obras en su estudio en las colinas de Hollywood. A través de su cadenciosa y muy expresiva voz en off escuchamos su relato de historias de su infancia y sus recuerdos más significativos sobre situaciones varias que lo formaron como artista – dicho sea de paso, su memoria visual es tan admirable como su facilidad de palabra. También hay material de archivo, es decir fotografías y filmaciones. 

 

Claro está que sus recuerdos están teñidos de subjetividades de todo tipo y éste es uno de los aspectos más valiosos de todo el documental. Porque, ¿a quién le interesa la fría objetividad de los hechos y el relato impersonal de una vida? Al mismo tiempo, cada historia y momento que Lynch evoca son valiosos en sí mismos, sin duda, pero son más atractivos todavía por las asociaciones e inferencias que permiten hacer con su obra. Son como senderos y puentes que van marcando un camino que siempre puede tomar una dirección inesperada y maravillosa.

 

Así aparecen viñetas de su infancia en Missoula, Montana, de sus padres que le dieron una libertad enorme para explorar el mundo y el arte, de las mudanzas a Boise, Spokane y Washington D.C., de sus días de alcohol, tabaco y marihuana, de su primer encuentro con la vida del arte gracias a conocer al padre de un amigo, el pintor Bushnell Keeler, y de su amistad con Jack Fisk, quien luego sería un colaborador en sus primeras películas. De igual importancia es su aversión al sistema educativo, tanto la opresiva escuela secundaria como  las escuelas de arte que preferían estudiantes que obedecieran reglas y estilos en vez de estudiantes creativos que buscaran su propia impronta. 

 

Otro factor decisivo para construir su mirada fue su  miedo y aversión a Filadelfia y cómo ese miedo fue el sustrato para el mundo ominoso de Eraserhead, su vanguardista ópera prima. Claro que antes de Eraserhead vinieron sus cortometrajes y de ellos también da cuenta el documental. Pero no hay mención alguna de su obra cinematográfica posterior por la que es conocido y aclamado mundialmente.
 

Pero sí hay mucho más para descubrir entre tantos recuerdos. Por eso David Lynch: The Art Life es una invitación a dejarse acompañar por un artista fuera de lo común que también es un niño curioso, un explorador audaz y un maestro sabio. 

 

David Lynch: The Art Life (Estados Unidos, Dinamarca, 2016). Puntaje: 8

 

Dirigido por Jon Nguyen, Rick Barnes, Olivia Neergaard-Holm. Fotografia: Jason S. Montaje: Olivia Neergaard-Holm. Musica: Jonatan Bengta. Duración 90 minutos. 
 

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