Ejercicios de memoria, de Paz Encina

17/4/2017

 

En el 2006,  Paz Encina sorprendió al mundo del cine – y ganó el premio FIPRESCI en la sección Un Certain Regard de Cannes – con su inteligente ópera prima, Hamaca Paraguaya, que narraba la angustiosa espera de dos ancianos a que su hijo, que en 1935 había ido a la guerra con Bolivia, volviese a casa para no irse nunca más. El hijo nunca vuelve, la ausencia se hace carne y la espera es eterna. Y quizás lo único que se puede hacer es hablar de ese retorno imposible.

 

Hoy, con Ejercicios de memoria, el segundo largometraje de Encima luego de unos cuantos cortometrajes, la historia de una ausencia y una espera se repite, pero también se invierte. Porque como en su ópera prima, la directora vuelve a abordar la historia de su país desde un prisma personal. Porque otra vez hay familiares que esperan un retorno que nunca llega. Solo que esta vez son hijos que esperan a un padre desaparecido. 

 

Por la firmeza de sus ideales, Agustín Goiburú fue quizás el más importante y peligroso opositor político al régimen de Stroessner en Paraguay. No solo desafió reiteradamente los sistemas de seguridad del régimen sino que lo denunció abiertamente. Desapareció en 1977 en Paraná, Entre Ríos, donde vivía exiliado, como resultado del accionar de la Operación Cóndor.  

 

A través de los recuerdos de sus tres hijos, Rogelio, Jazmín y Rolando, y los de su viuda, Eilín, Ejercicios de la memoria se introduce en un árido contexto político y conjura imágenes y sonidos de infancias lejanas marcadas a fuego por el desgarro de una ausencia sin fin. Como todo desparecido, Goiburú es un cuerpo sin sepultura, es un muerto que se niega a morir. Se fue, se lo llevaron, no está y no vuelve. Pero sin una tumba, difícil es hacer el duelo. Por eso sus seres queridos siguen esperando.

 

¿Esperando qué? Esperan recibir información sobre sus restos, sobre cómo lo mataron, sobre sus últimos días. Y como en Hamaca paraguaya, acá también existe la fantasía del retorno. Porque aunque se sepa que eso no va a pasar, igual se sigue esperando que pase. Es que un desaparecido no deja en paz a nadie. De uno u otro modo sigue reclamando presencia. Sobre todo a través de la memoria.

Cuenta Paz Encina que Agustín y su familia cambiaron 15 veces de casa, 3 veces de ciudad y 7 veces de barrio durante un temprano exilio en Argentina. Y es precisamente a través de un discretamente emotivo recorrido por todos estos lugares que se propicia un viaje en búsqueda del tiempo perdido. El equipo de filmación junto a los tres hermanos revisitó cada esquina, cada rincón, para así dar vida a imágenes cargadas de nostalgia y cierta melancolía, pero también curiosamente vitales. Porque no hay nada mortuorio en este volver al pasado. Más bien, hay una apuesta a hacer del recuerdo un territorio menos ríspido para transitar, un territorio que pueda ofrecer algo de reposo. Así tal vez la ausencia pueda ser menos traumática.

 

Como en Hamaca paraguaya, la voz en off de los hermanos y la viuda – a quienes nunca vemos- se utiliza de un modo no convencional, es decir no está ahí para informar o explicar lo que se ve en las imágenes. En cambio, es una voz en off que da cuenta de las subjetividades de quienes recuerdan momentos irrecuperables, instantes íntimos intransferibles, sonidos ya desvanecidos en el tiempo. Si bien se trata de la palabra hablada, bien podrían ser pensamientos secretos que rara vez se comparten. Las imágenes, aparte de darle vida a esos lugares que habitó la familia Goiburú, también construyen un relato posible y ficcional sobre instancias en esas vidas que conocieron muchos momentos felices, aún entre tanta oscuridad. 

 

Hay, también, otro nivel en el relato que está dado por las grabaciones de los “Archivos del Terror”, con los interrogatorios policiales, y por otro lado hay copioso material de archivo elaborado por el régimen sobre Goiburú y su familia. Estos dos elementos no pueden sino generar escalofríos, y el contraste entre ellos y la ficcionalización que evoca tiernos recuerdos del pasado es, cuanto menos, bien doloroso.

 

Pero no es el dolor lo que le interesa a Paz Encina, el dolor está ahí desde hace mucho tiempo y no se puede erradicar así nomás. Lo que sí parece importarle, y mucho, es construir un espacio para que los recuerdos sean voces e imágenes que no se mueran nunca. Para que las presencias no desaparezcan ante la ausencia.

 

Ejercicios de memoria (Paraguay, Argentina, Francia, Alemania, 2016). Puntaje: 7

 

Escrita y dirigida por Paz Encina. Fotografía: Matías Mesa. Sonido: Guido Berenblum. Montaje: Pablo Giorgelli, María Astraukas. Duración: 70 minutos.

 

 

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