Entrevista a Milagros Mumenthaler: "La memoria está en constante movimiento"

14/2/2017

 

La idea de un lago, la nueva película de Milagros Mumenthaler, al igual que su opera prima Abrir puertas y ventanas (2011), ganadora del Leopardo de Oro en el Festival de Locarno, examina con gran sensibilidad los vínculos familiares en su intimidad, más precisamente los del mundo femenino, a la vez que reflexiona poéticamente sobre cómo funciona y se transforma la memoria según pasa el tiempo.

 

Inés (Carla Crespo), es una fotógrafa en sus treinta y pico, embarazada y separada de su pareja (Juan Barberini), que está preparando, con mucho cuidado, un libro autobiográfico con fotos y poemas acerca de la historia de su familia signada por la pérdida del padre en 1977 durante la dictadura militar. Gracias a la preparación del libro, Inés navega en recuerdos de Villa La Angostura, donde existía una vieja casa familiar junto a un lago, todo diáfano y bucólico.  O al menos así recuerda a ese  escenario de juegos, escondidas, y travesuras.

 

 ¿Cuál fue la génesis de La idea de un lago?

 

Cuando terminé de filmar Abrir puertas y ventanas sentí que tenía ganas de hacer algo más libre, más intuitivo, porque venía de muchos años de trabajo en una película con un guión muy estricto, todo muy perfectito, con personajes que estaban en primer lugar y no había tanto espacio para explorar tanto las imágenes. La lectura de La idea de un lago me disparó varias secuencias visuales que tenían que ver mucho con lo pictórico, con algo muy sensorial. Estas secuencias visuales también se podían vincular con la manipulación del soporte fílmico y así yo podía explorar mejor las imágenes.

 

En una entrevista dijiste que con La idea de un lago continúas con tu búsqueda de retratar lo íntimo. ¿Qué es lo que te interesa tanto de la intimidad?

 

Primero, creo que mi fuerte no es el intelecto (risas).  Lo mío tiene que ver más con lo sensible, con la imagen. Por otro lado, cuando veo muchas películas, a mi me interesa ver donde se coloca el director para contar una historia. Porque creo que los directores de cine claramente no somos eminencias como para decir tal o cual cosa con tanta certeza. Entonces, el lugar de lo íntimo, en vez del intelectual, es el lugar donde yo me siento más segura. Y creo que el mundo íntimo es lo único que es verdadero. En lo íntimo hay una expresión de la realidad que es muy auténtica, y hacer cine tiene que ver con la expresión de realidades.

 

¿Cuál sería un tema central en la estructura del relato?

 

Creo que la película, en su estructura, aborda el tema de cómo funciona la memoria. Lo pensé así desde el comienzo y por eso fue el hilo conductor y el eje a conservar todo el tiempo. Por ejemplo, uno puede ver una fotografía o un cuadro y eso siempre es un anclaje en algo que fue y que al verlo resulta real. Pero la visión que uno tiene de esa fotografía o cuadro, o de un recuerdo, puede cambiar.

 

 

 

 Aunque el objeto, o sea la fotografía o el cuadro, sea siempre el mismo.

 

Claro, porque a raíz de cosas que pueden suceder en el presente, esos recuerdos se pueden modificar. O también uno se puede acordar de cosas que antes no se acordaba y entonces el recuerdo cambia.  O alguien puede contar algo y uno completa el recuerdo con esa anécdota. La memoria es dinámica, está en constante movimiento.

 

 

También tiene que ver con qué necesita uno recordar y de qué modo.

 

Seguro. Para mí, cuando Inés escucha la canción de cuna tiene la necesidad de “recordar ese momento”. ¿Pero realmente lo está recordando? ¿O ese momento ella se lo imaginó así? ¿Y si la canción se la imaginó y en realidad no era parte de ese momento? ¿Y si se lo contaron así? Por eso en la película cuando se habla de Inés de grande e Inés de chica, para mí es siempre la misma. Siempre partimos y volvemos a la Inés presente.

 

Lo real está, entonces, en las subjetividades de la experiencia de recordar.

 

Sí. La película se trata de entrar en la cabeza de Inés e ir hacia donde ella nos quiere llevar. La propuesta consiste en que el espectador recorra un camino con ella.

 

Hay otra idea importante en la película: la memoria como hecho cívico y político, por ejemplo en relación con la dictadura militar.

 

No solamente con eso. También hay un problema enorme con la memoria en relación a los pueblos originarios, que están siempre en condiciones de desigualdad y discriminación. Hay mucho para trabajar en este sentido.

 

¿De qué manera, quizás más personal, te toca la memoria como hecho cívico y político?

 

Bueno, mis padres son exiliados políticos, por lo que es lógico que uno se sienta más sensible con estas cuestiones. Pero no sé si por eso yo alguna vez sentí que tenía que tratar este tema en alguna película. Me parece que se dio naturalmente. Lo que sí tenía muy en claro era que no me interesaba entrar en los hechos. Creo que ya está, ya se hicieron muchas películas sobre los hechos y ya se dijo lo que se tenía que decir, en ese aspecto. Me pareció más interesante ir por el lado más personal y hablar de qué hace uno en lo más íntimo con las personas que ya no están. Sobre todo, cómo se hace para vivir con eso.  

 

 

 

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