Entrevista a Albertina Carri: "Cuatreros es una declaración de amor al cine"

13/2/2017

 

[Foto: Santos Loza] Cuatreros, la nueva película de Albertina Carri, es un impactante, lúcido y muy atípico documental/ensayo fílmico sobre Isidro Velázquez, considerado el último gauchillo alzado de la Argentina. Mejor dicho, la idea original de Carri era filmar una película sobre el legendario bandido – también considerado un paladín revolucionario-  que fue asesinado por la policía en un tiroteo en diciembre de 1967, a los 39 años, en Pampa Bandera (Chaco), y que con el correr de tiempo se convirtió en todo un mito.


Pero luego de varias idas y vueltas, Carri decide abandonar el proyecto porque, desde el punto de vista cinematográfico, no encuentra en la historia de Velázquez una película que le resulte interesante. Entonces, en cambio, decide filmar un documental sobre el intento de filmar la historia de Velázquez, sobre la historia de la violencia y represión institucional durante los años 1960’s y 1970’s en la Argentina, sobre la gran deuda del país con los pueblos originarios, y sobre su propia historia como hija y madre.


¿Qué te interesó de Isidro Velázquez? 


Isidro Velázquez es un personaje muy pintoresco. Se lo considera el último gauchillo alzado de la Argentina, ya que después ese tipo de ladrón pasa a los suburbios de las ciudades. Es decir, son corridos de las zonas rurales cuando comienzan las construcciones de las villas. Se lo llamaba gauchillo porque tenía apoyo popular. Por eso, según la teoría de mi padre, a la cual yo adscribo, lo que Velázquez hace representa el deseo del pueblo, más allá de la idea del Robin Hood que comparte el botín. También hay algo de la venganza encarnada. Es como un superhéroe que encarna lo que todos queremos que suceda. Que es que caguen a los poderosos.


Viendo Cuatreros, uno enseguida piensa en Los rubios. ¿Cuáles serían algunas  conexiones posibles?


Hay una conexión directa porque Los rubios es la única de mis películas que habla de mi propia historia, y Cuatreros también. Y las dos comparten cierta idea de cine ensayo.  Pero yo tengo la sensación de que Cuatreros es como un cuello de botella: tiene ideas, obsesiones, que yo vengo trabajando en todas mis películas y por eso también es ese monstruo que es. Encuentro cosas de La rabia, Géminis, y No quiero volver a casa: la cuestión de la familia burguesa, la cuestión de la intemperie, la naturalización de la violencia. Sobre todo, Cuatreros es una declaración de amor al cine, es un gran homenaje.

 

 


La frase “Más importante que la crónica de los sucesos es la significación de los mismos”, que tomás del libro Formas pre revolucionarias de la violencia (1968) de tu padre Roberto Carri, es central en la narrativa.  


Te diría que es lo más literal porque la película todo el tiempo hace ese recorrido con respecto a la historia de Velázquez, a mi propia historia, a la de mis padres, a la de Argentina. Más allá de la crónica de los sucesos, ¿qué quiere decir todo eso hoy en el presente? No narrar el pasado por narrarlo en sí mismo, sino pensar en ese pasado en términos de cómo nos invade nuestro presente. 


El tema de la desidia para con los pueblos originarios tiene un gran protagonismo, ¿por qué elegiste hablar de eso?


Porque para mí no es un tema menor. Porque es muy representativo de las violencias institucionales que se cometieron en Argentina. Yo hablo de la dictadura militar y del genocidio que perpetró, uno de los más cruentos que nuestro país haya vivido. La verdad es que el verdadero genocidio acá fue la matanza de los indios. Por otro lado,  me impresionó mucho todo el tema del Bicentenario. Todos esos festejos… ¿qué festejamos? Hay una falta total de reconocimiento de toda esa violencia institucional y ésa es una historia que se tiene que revertir. 


De ahí la importancia de la significación en el presente de la crónica de estos sucesos. 


Sí, claro, no se llega a la persecución y asesinato de Isidro Velázquez de la nada. No se llega a Onganía de la nada. Ni tampoco a la última dictadura. Por eso me interesa buscar huellas de esa identidad de violencia. Y hablar de los pueblos originarios es hablar de la gran deuda que tiene este país. Lo que se ha hecho con ellos es un desastre. Vivimos sobre cadáveres. Es un país construido sobre muertos. 


Podría ser una película de terror ¿no? Como esas de casas embrujadas construidas sobre tumbas


Sí, podría ser una película de terror. Muy Cementerio de animales, que de hecho es un cementerio indio. 


Dijiste en una entrevista que Cuatreros se puede pensar como una película de carretera.


Sí, para mí es una película de viaje con una gran protagonista que se va frustrando a lo largo de ese viaje y va cambiando su objetivo hasta que llega al final, y entonces la única opción que le queda es contar ese viaje. 


El dispositivo audiovisual es único: multiplicidad de pantallas que proyectan imágenes que se relacionan de forma directa o indirecta con lo que dice tu voz en off, casi incesante. ¿Cómo hace el espectador asimilar tanta información?


Cuatreros no pretende que se entienda todo, ni que sigas el hilo exacto de esa trama porque es demasiado todo lo que dice y lo que muestra la película, aunque todo tiene un sentido. Es una película muy matemática, no pusimos cualquier imagen porque sí, está todo muy calculado. Pero no pretende que el espectador entienda todos sus sentidos. En cambio, que se deje llevar y haga su propio camino.


Cuatreros es parte de la sección Forum del Festival de Berlín. ¿Cómo te sentís? 


La última vez que estrené una película fue en Berlín cuando presenté La rabia, en el 2008, así que me da curiosidad saber qué va a pasar. Por otra parte, es la primera vez que voy al Forum, que es una sección que me interesa porque exhibe un cine más radical, pero no tengo la menor idea de qué va a pasar con el público alemán. Así que veremos. 

 

 

 

Foto: santoslozafotos@gmail.com / www.flickr.com/santosloza

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