Nieve negra, de Martín Hodara

2/2/2017

 

Salvador (Ricardo Darín) es todo un ermitaño. Desde hace muchísimo tiempo vive casi completamente aislado en su cabaña en el medio de la Patagonia. Es un hombre lacónico, cerrado en sí mismo. Es que un trágico accidente que ocurrió cuando él era un adolescente lo separó del resto de su familia, aparentemente para siempre. Hasta que un buen día, después de 30 años, llega su hermano Marcos (Leonardo Sbaraglia) con su esposa española Laura (Laia Costa), luego de la reciente muerte de su padre, quien había pedido ser enterrado junto a la tumba de Juan, el hijo menor que falleció en ese doloroso accidente del que realmente no se sabe mucho.

 

Pero hay otra cosa que importa incluso más que enterrar al padre: convencer a Salvador de vender las tierras donde está la cabaña. Después, los dos hermanos se repartirán los nueve millones de dólares (que después resultan ser once) que le corresponden por herencia. Cualquiera pensaría que ni hay que dudar en vender esos terrenos por semejante cantidad de dinero. Pero Salvador no es cualquiera y está empecinado en quedarse a vivir en su cabaña. Nada le importa menos que el dinero. A todo esto, también hay una hermana mujer, Sabrina (Dolores Fonzi), que está internada en una clínica psiquiátrica desde hace quién sabe cuánto tiempo. Y por motivos no muy claros.

 

Escrita y dirigida por Martín Hodara, Nive negra es un thriller y un drama. Ya en su única película previa, La señal (2007), co-dirigida con Ricardo Darín, Hodara se animó a abordar un género poco transitado en el cine nacional: el policial, más precisamente film noir de época. No resultó ser una gran película, pero tampoco mala. Desde lo técnico y lo estético, La señal es casi perfecta. Pero el tono es distante, el drama es frío, y por eso es difícil involucrarse con los personajes y sus circunstancias. Aún así, como ópera prima era promisoria. 

 

Algo parecido pasa con Nieve negra. Por un lado, está muy bien fotografiada sin ser preciosista, todo lo contrario. Se busca y se logra crear una atmósfera general ominosa y oscura. Los grandes espacios de la Patagonia, sus bosques y caminos,  jamás son bucólicos o pacíficos, sino más bien salvajes y amenazantes. Hay un diseño de sonido muy bien elaborado que hace que el espectador se sienta inmerso en ese lugar hostil junto a los personajes, en cambio de ser un simple testigo. El clima de tensión y violencia contenida entre los dos hermanos es bien tangible y hasta el secreto alrededor del accidente es un buen gancho durante buena parte del relato. Hay también una sensación de lugar muy presente, de cómo ese lugar con su trágica historia hoy en día sigue siendo tierra de sombras. 

 

Por otro lado, toda la historia de fondo acerca de eso que pasó y de lo que no se habla tarda demasiado en construirse, y si bien el final es verosímil eso no quiere decir que sea convincente. En parte porque hay dos grandes revelaciones que aparecen de un modo forzado, es decir posible pero muy poco probable. Algo así como que un  personaje justo encuentra un cuadernito rojo que justo fue olvidado o dejado a propósito por otro personaje muchos años atrás, y que justo es recuperado para que el espectador se entere de qué pasó de una vez por todas y así poder terminar la película habiéndolo explicado todo. Puede pasar, sí. Pero como recurso narrativo es pobre y trillado. Como thriller, a Nieve negra le falta creatividad y una lógica más jugada. 

 

A la vez, todo lo que llevó a que ocurriese el turbio accidente podría haber sido  desarrollado con más detalles y matices. Porque el drama de fondo es interesante, si bien de original no tiene nada, pero eso poco importa. También la relación presente entre los dos hermanos tiene un potencial dramático bastante rico, que en unas cuantas escenas sí es hábilmente explorado. Pero como en La señal, y a pesar de los logros estéticos, no es fácil sentirse parte de un drama que confunde lo gélido de la historia en sí misma con un modo gélido de narrarla.

 

Es cierto que Darín y Sbaraglia actúan bien y están a tono el uno con el otro. Por momentos parece que fueran hermanos de verdad. Pero más allá de eso, ninguno de los dos sobresale. A su vez, la española Laia Costa parece estar un poco perdida con su personaje, que casi a último momento se revela considerablemente más complejo porque la historia necesita que así sea, sin importar cómo era ella hasta ese momento. Otro truco de guión bastante poco feliz.     

 

Aún con sus errores Nieve negra funciona un poco mejor como drama que como thriller, pero no queda muy bien parada cuando es comparada con tantas otras películas que ejecutan un tanto mejor fórmulas ya conocidas. 

 

Nieve negra (Argentina, España, 2017). Puntaje: 6

 

Dirigida por Martín Hodara. Escrita por Martín Hodara, Leonel D’Agostino. Con Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, Laia Costa, Federico Luppi, Dolores Fonzi. Fotografía: Arnau Valls Colomer. Música: Zacarías M. de la Riva. Montaje: Alejandro Carrillo Penovi. Diseño de producción: Marcela Bazzano, Josep Rosell. Duración: 87 minutos. 

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